SIETE DESEOS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on julio 21, 2017 by Gonzalo Contreras

DESEOS SIN (IN)GENIO

Durante la década de los noventa, y en paralelo a su exitosa saga de Scream, el cineasta Wes Craven produjo una hornada de filmes de serie B (algunos incluso con reminiscencias a la productora Troma) que rescataba, con mayor y menor fortuna, el espíritu camp de afamadas series como la inquietante Historias de la cripta. La mayoría de ellas desterradas de la mente del espectador medio, sazonadas con una comicidad próxima al Freddy Krueger más desfasado y precursoras, a su vez, de una calamitosa colección de secuelas estrenadas directamente en formato doméstico, la humildad, económica y de ideas, de dichas propuestas encontró el apoyo moral de no pocos devotos del horror sobrenatural, quienes no tardaron en encumbrarlas como imprescindibles piezas kitsch de las infalibles madrugadas televisivas.

Como si hubiera sido recuperada del baúl de los recuerdos, utilizando a la descacharrante Wishmaster de columna vertebral (de hecho, posee unas conclusiones idénticas en su afán de desmentir lo visto en los minutos anteriores), SIETE DESEOS repite la jugada seriéfila de aquellos años cumpliendo, en gran medida, con las características que comparten este tipo de producciones: director de género con futuro incierto (John R. Leonetti, autor de la anodina Annabelle), actuaciones mediocres de actores semidesconocidos para el público (eso sí, con la correspondiente resurrección de viejas promesas, a ser posible del gremio del horror) y una historia con ínfulas de leyenda urbana (en este caso, la existencia de una caja de deseos con oscuros secretos) plagada de todos los clichés propios de la temática. Actualizada con los últimos aportes del cine de terror contemporáneo (la muy notable Destino final) y remarcada con ese aire a lo Gossip Girl que tanto encandila a los jóvenes norteamericanos (por algo está enfocada taquilleramente a ellos), la película no deja de ser un efectista batiburrillo carente del menor estilo. No obstante, si se mira con los ojos empapados en la dichosa nostalgia, tal vez sea gozada por aquellos que, tiempo atrás, se pasaban las horas buceando en las polvorientas estanterías de los ya inexistentes videoclubes con el propósito de encontrar el VHS con la carátula más bizarra, espeluznante y deliberadamente hortera del establecimiento.

DUNKERQUE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on julio 19, 2017 by Gonzalo Contreras

EL ÚLTIMO MAGO DE HOLLYWOOD

Una imagen puede expresar mucho más que la palabra más reveladora. Stanley Kubrick lo sabía muy bien. Siempre a la vanguardia de los últimos avances tecnológicos, desde sus primeros ensayos en blanco y negro hasta sus celebrados títulos a pleno color, demostró cómo el poder visual podía dibujar, por sí solo, el relato más embriagador y atrayente. Así, los planos simétricos, los travellings imposibles, con el uso de la Steadycam como colofón final, y el brillante uso de la paleta de colores como representación externa de los fantasmas que habitaban en sus personajes, unidos casi siempre a una portentosa sinfonía de fondo, se convirtieron en los verdaderos artífices narrativos de sus películas. Su modernismo gráfico, ahora clasicismo para algunos, rompió tantos muros en la mentalidad conservadora de la época que, lógicamente, sus detractores no tardaron en salir de sus cavernas. Megalómano, egocéntrico y sensacionalista fueron algunos de los adjetivos que, todavía hoy, resuenan alrededor de su leyenda. Calificativos, no por casualidad, atribuidos al promotor del largometraje que nos ocupa y, para algunos, digno heredero del cineasta británico: el ya imprescindible Christopher Nolan.

El realizador de Memento es, posiblemente, el último gran mago de la industria hollywodiense. Amado y odiado hasta extremos impensables, creador de un universo propio poblado por hombres murciélago, parábolas interestelares y submundos más allá del campo de los sueños, su capacidad de fabulación le ha permitido aunar, en un mismo envase, cine de autor y espectáculo con una maestría difícil de encontrar en el panorama actual. Y, como Kubrick (con el que comparte no pocos aspectos citados en el primer párrafo), es capaz de imprimir los tres pilares fundamentales que transforman las historias banales en épicas extraordinarias: innovación, riesgo y emoción. Términos presentes en la fascinante DUNKERQUE, crónica del rescate a contrarreloj de miles de soldados ingleses durante la Segunda Guerra Mundial y espejo, una vez más, de sus consabidas y (casi siempre) geniales inquietudes. Brillante incluso en sus pequeñas imperfecciones, pulida en sus chascarrillos más enjuiciados (queda claro lo que muchos sosteníamos: cuanto menos explica, más sobrecogimiento transmite), su nuevo proyecto significa un punto y aparte en la carrera del cineasta, así como su trabajo más maduro hasta la fecha y, con toda probabilidad, el que marcará los nuevos parámetros creativos de su filmografía. Y todo ello sin renegar de los grandes artesanos clásicos.

En Dunkerque no importa el qué, sino el cómo. De esta manera, las kilométricas playas francesas de la contienda son visualizadas como una especie de limbo detenido en los límites del espacio y tiempo en donde el enemigo nazi (y he aquí la gran proeza del film) se refleja como un destructor invisible, oculto entre las tiras de celuloide, alegoría final de esa presencia maligna que va devorando las páginas de Casa Tomada de Cortázar. Con escenas destinadas a clavarse de por vida en la retina, el visionario director ha engendrado un mastodonte de tan solo 104 minutos de duración en el que la milimétrica composición de los encuadres y planos, vibrantes de un inspirador patriotismo administrado en sus justas dosis y acompañados por una claustrofóbica partitura de Hans Zimmer, altera los nervios del público hasta el punto de mantener la sangre en un perpetuo estado de ebullición. Una odisea bélica difícil de describir, pero inmensamente placentera de experimentar.

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on julio 9, 2017 by Gonzalo Contreras

LA JOYA DE LA CORONA

A día de hoy todo son elogios y aplausos pero pocos, muy pocos, se atrevieron a visualizar el merecidísimo éxito, crítico y comercial, de la nueva trilogía simiesca iniciada por el director Rupert Wyatt a comienzos de esta década. Y más teniendo en cuanto el germen de la misma, la intocable cinta protagonizada por el siempre excelente Charlton Heston, brillante utopía fabricada como producto de Serie B, llevada a los altares gracias a la artesanía del infravalorado Franklin J. Schaffner y poseedora de uno de los finales más sorprendentes, reveladores y, al paso que vamos, proféticos de la historia del cine. El origen del planeta de los simios, primera parte de este renacimiento, supuso un auténtico hallazgo en la ciencia-ficción previa a las sendas marcadas por las posteriores Gravity e Interstellar. Era fresca, osada y, además, perturbadora en sus conclusiones morales. Su secuela dio un paso más allá. Considerada acertadamente El imperio contraataca del universo primate, El amanecer del planeta de los simios constató la fuerza de la propuesta, ofreciéndonos una espléndida simbiosis entre los paradigmas tradicionales del género y el espectáculo más frenético y abrumador.

Quedaba por ver si el vértice triangular de la colección, LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, cumplía con las expectativas generadas por la destreza formal de sus hermanas mayores. Y la respuesta es un rotundo sí. Más intimista de lo que su épico título podría hacer presagiar, la nueva epopeya de Matt Reeves lleva al paroxismo, con una aplastante brillantez, la resurrección del clasicismo de la anterior entrega, ofreciéndonos una gozosa sucesión de referencias cinéfilas y literarias que van desde el western crepuscular (con ecos, agárrense, del clímax nevado y de soledad que respiraba el Jeremiah Johnson de Sidney Pollack) pasando por el Sturges más inspirado (con la sombra de su “gran evasión” como núcleo expositivo) y, de forma más explícita, el mismísimo Corazón de las tinieblas de J. Conrad, apostando por una denuncia de los totalitarismos que ya quisieran muchas producciones bélicas.

De una perfección narrativa difícil de encontrar en este tipo de producciones, visible principalmente en un último tramo de claras connotaciones bíblicas, y con un Andy Serkis absolutamente arrebatador, La guerra del planeta de los simios no solo es una cautivadora película de aventuras (y, con diferencia, la mejor pieza del puzzle); también, una obra que transgrede (en el buen sentido) los límites de la propia temática, arriesgadísima en su planteamiento, capaz de renovar los arquetipos y estandartes fijos y acartonados del concepto de blockbuster. 

BABY DRIVER

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on julio 4, 2017 by Gonzalo Contreras

DRIVE PARA ADOLESCENTES

No nos engañemos: BABY DRIVER, la nueva película del realizador Edgar Wright, tiene, a priori, todos los ingredientes para triunfar en las taquillas de medio mundo: un relato de ladrones planteado bajo los cánones de la vieja escuela, sazonado con llamativos éxitos musicales y algún que otro golpe de violencia (reflejo de muchos de los aspavientos de Tarantino) y capitaneado por el típico engreído de aspecto gélido e indomable pero de corazón humilde. Si a esto le añadimos la siempre solvente dirección del cineasta y un nostálgico envoltorio retro (incluyendo en el paquete la indispensable love story a quemarropa) es más que probable que la crítica especializada se rinda ante un trabajo de irreprochable factura técnica, hábil en su ejecución plástica, que sabe acomodarse con astucia en la línea límite de la comercialidad y la autoría. Sin embargo, también juega en un terreno demasiado seguro y libre de riesgos, tanto que su prometedor inicio, oda a la insolencia propia de la revolución emprendida por Steve McQueen en los irreverentes años setenta, no acaba de explotar por el uso indebido de los clichés más relamidos del subgénero.

El largometraje basa su fortaleza en un frenético montaje donde música e imagen se mezclan como compañeros inseparables de viaje. Todas, absolutamente todas las secuencias están remarcadas por las electrizantes sinfonías de su banda sonora. Y, aquí, servidor reconoce acabar saturado ante el desfile redundante, ensordecedor y peligrosamente pretencioso de la propuesta. La música devora el film, la sombra del videoclip entra en escena y, para colmo, el convencionalismo termina dominando la función. Wright se queda estancado en parajes ya explorados y en la falta de definición de la mayor parte de sus personajes (un desubicadísimo y estereotipado Kevin Spacey, por ejemplo), perdiendo gran parte de la frescura y del estilo canalla de sus mejores trabajos, llámense Zombies Party o Arma fatal.

Adornada con un fin de fiesta tan excesivo como desquiciado (nuevamente, los tics más habituales del director de Malditos bastardos quedan expuestos en pantalla), Baby Driver se podría definir como un Drive facturado para adolescentes, mucho más light de lo que su imagen gamberra quiere presentar y repleta de malabarismos audiovisuales innegablemente efectivos, pero sin el verdadero toque de su, casi siempre, genial director.

 

 

LLEGA DE NOCHE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , on julio 2, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS PELIGROS DEL MARKETING

El terror, qué género tan definido y, herméticamente, desconocido por tantos sectores dedicados a la cinematografía. Como prueba, la tendencia actual de muchas productoras de cualificar, con este sentimiento, a cualquier producción que muestre un gusto mínimo por el desasosiego, por los espacios rodeados de penumbra, por la llama del suspense. Para colmo, las críticas que nos llegan del otro lado del charco, casi siempre escritas por profesionales que reniegan de este tipo de celuloide, no hacen más que incentivar esta confusa publicidad alabando dichos trabajos bajo eslóganes como “aterradora”, “terrorífica” o, de forma más explícita (o cínica, según se extienda), “la película de horror del año”. Y claro, luego llegan las temidas decepciones. Lo hemos visto recientemente con la comedia de tintes macabros Déjame salir y en la repulsiva (y espléndida) Crudo, aunque, posiblemente, no haya un ejemplo más sangrante que El bosque, la obra maestra de M. Night Shyamalan, nefastamente recibida en su momento por un público dispuesto a encontrarse con una historia de pesadillas y altas dosis de escalofríos cuando, en realidad, la cinta reflexionaba sobre algo mucho más perturbador: los límites de nuestros propios miedos.

Queda claro, pues, que el film que nos ocupa es un nuevo prototipo de este dudoso marketing. Y es que, a pesar de venir presentaba por un trailer angustioso y unos pósters promocionales que harían las delicias de William Friedkin, LLEGA DE NOCHE no es una película de terror. De hecho, salvo tres momentos oníricos concretos (y bastante deshonestos, pues refleja el pánico que no se atreve a mostrar en el marco real), ni se aproxima a la temática. Este aséptico drama psicológico con tintes de thriller, enésima exploración del cine de contagios, pretende dar un vuelco al subgénero potenciando el clímax de tensión a través de sus tres elementos definitorios: pocos personajes, un único escenario posible y la sutileza como forma de ocultar imperfecciones. El problema es que es tal el nivel de austeridad y de búsqueda de la incomodidad en lo invisible que, más que espeluznar, acaba aburriendo por redundancia de esquemas, dando paso a una sucesión sistemática de planos elegantemente encuadrados, pero no por ello bien dirigidos.

Influido por cineastas de la talla de John Carpenter (maestro, este sí, de la sugestión bien entendida), el realizador Trey Edward Shults no acaba de dar oxígeno a una premisa, siendo francos, demasiado toqueteada a comienzos de milenio. Pocas son las respuestas e infinitas las preguntas que quedan en el aire. Pero si una destaca, por encima de todas, es qué ente, infectado o ser del averno da título a tan engañoso y desalentador largometraje.

WONDER WOMAN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on junio 21, 2017 by Gonzalo Contreras

UN NUEVO AMANECER

Adiós a los héroes marcados por el derrotismo, la psicología freudiana de ocasión y el patetismo existencialista; bienvenidos los nuevos líderes de sueños inalcanzables, de metas que sobrepasan los límites del raciocinio humano, de esperanzadoras ilusiones por construir un mundo más puro y mejor. Ha costado sudor, lágrimas y algún que otro tropiezo en taquilla pero, por fin, DC Cómic ha decidido romper artísticamente con el universo iniciado en la fallida El hombre de acero para ofrecer un nuevo envoltorio mucho más pulido, sólido y rico en matices, arriesgando en la imposición de una renovada filosofía cinematográfica tan acertada como sugestiva: retomar el clasicismo, estructural y argumental, de este subgénero tan mancillado en los últimos años.

Y es que WONDER WOMAN, su última y celebrada propuesta, es, ante todo, un apabullante viaje a los orígenes del mejor cine de superhéroes. En ella habitan las emociones vertidas por Richard Donner en su ya mítico Superman, el colorido, la esencia y la capacidad de orquestar escenas de enorme calado entre el público consumidor de esta temática (la emocionante media hora final, todas y cada una de las escenas de lucha de las amazonas), homenajeando, de rebote, a ese cine fantástico imperante a finales de los setenta que tantas ilusiones despertaba en las jóvenes generaciones de entonces. Y en los adultos que los acompañaban.

Basta con analizar la fisionomía psicológica de su personaje principal, interpretado por una exuberante y arrolladoramente encantadora Gal Gadot: una heroína feminista (sin que este aspecto quiera ser resaltado en ningún momento, de ahí su mayor trascendencia) moldeada a la antigua usanza, más terrenal que mesiánica y tremendamente respetuosa con las viñetas, que sigue creyendo en el humanismo por encima del mal absoluto. Es decir, en los mismos intereses que capitaneara el inolvidable Christopher Reeve en la epopeya de Donner y, de igual forma, el celuloide utópico de la época.

Rematada por una brillante banda sonora, el film de Patty Jenkins se consolida, con toda justicia, como la mejor película de la compañía desde los tiempos de El Caballero Oscuro. Una aventura épica que invita a recuperar nuestra capa de superhéroe y la magia visceral de nuestras fantasías más añoradas, constituyendo el soplo de aire fresco que con tanta urgencia demandaba el género. Y el gran público.

LA CASA DE LA ESPERANZA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , on junio 20, 2017 by Gonzalo Contreras

LUZ EN LA OSCURIDAD

Hay actores que han nacido para iluminar cualquier proyecto en el que estén involucrados, por muchas deficiencias y aspectos mejorables que estos presenten. Este es el caso de Jessica Chastain. Desde que robara plano a compañeras de la talla de Octavia Spencer y Viola Davis en Criadas y señoras, fascinara con su creación de esa especie de señora Danvers más psicótica si cabe en la fascinante La cumbre escarlata y compusiera la mejor y más inclasificable femme fatale del cine reciente en la infravalorada (e inmensa) El año más violento, la intérprete se ha convertido, con el tiempo, en el último diamante en bruto del Hollywood actual. Y por méritos propios. El poder magnético que desprende su mirada, su versatilidad y la aparente facilidad de desgranar las emociones de los personajes que representa han sido capaces de convertir la mayoría de sus propuestas, algunas insustanciales sobre papel, en productos considerablemente satisfactorios.

LA CASA DE LA ESPERANZA, enésimo vehículo para el lucimiento de la actriz (aquí también productora), prosigue la estela de películas tan memorables como Escarlata y negro y La Lista de Schindler retratando la historia real de un matrimonio polaco que, durante los infames años de la invasión nazi, dio cobijo a cientos de judíos en los sótanos del zoológico que poseía en Varsovia. Si bien no alcanza la complejidad interpretativa de la primera ni la maestría de la cinta de Spielberg, dejándose llevar por ciertos convencionalismos de la temática, sí consigue momentos de notable brillantez (la conversación de Chastain y la joven vilipendiada por los soldados alemanes, de una exquisita belleza subrayada por una arriesgadísima frialdad) gracias a una dirección muy cuidada de Niki Caro, quien sabe esquivar con soltura el sentimentalismo fácil en favor de la emoción sincera.

La espectacular caracterización de la pelirroja de oro, protagonista absoluta del film, hace el resto: sin ella, la película sería un documento más sobre los horrores del Holocausto, destacando más por sus intenciones y aspectos didácticos que por sus resultados artísticos; con Chastain al frente, La casa de la esperanza se transforma en una producción superior, más que apreciable. Y cuando ajusta las teclas pertinentes, realmente conmovedora.