OVERLORD

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on noviembre 9, 2018 by Gonzalo Contreras

LOS HORRORES DE LA GUERRA

Qué difícil resulta encontrar un producto cinematográfico con la suficiente audacia de aunar calidad y entretenimiento, diversión y apuntes renovadores dentro del género, nostalgia bien entendida sin descuidar los gustos y ambiciones de las nuevas generaciones. Con enorme modestia y mejores intenciones, sobre todo en su condición de agradar a las masas de espectadores, la estimulante y atípica OVERLORD, último proyecto facturado por el siempre spielbergiano J.J. Abrams, consigue exprimir al límite la fórmula mágica del blockbuster más comercial cumpliendo los requisitos anteriormente señalados con resultados notables, sobre todo en su capacidad de atender a los fans declarados del terror de serie b, principalmente de producciones rebosantes de vísceras y hemoglobina, con el público menos asiduo a estos menesteres.

La premisa es sencilla: durante la II Guerra Mundial, un grupo de paracaidistas norteamericanos tiene la misión de destruir una importante fortaleza dominada por el ejército nazi. A medida que se adentran en el pueblo que yace en sus alrededores, frecuentado por aldeanos aterrados por la tiranía de los alemanes, irán descubriendo que algo mucho más tenebroso que la contienda en sí se esconde en las mazmorras de la muralla.

Lo realmente elogiable del caso reside, principalmente, en la unión de los tres pilares que sostienen dicho planteamiento: el primero, la enorme honestidad del proyecto, brillante en a la hora de extrapolar los cánones propios de la temática en su vertiente más descabellada y bizarra; el segundo, la amalgama de referencias audiovisuales que posee el film, conectando con el germen de clásicos como (agárrense) Los cañones de Navarone o los desaires característicos de los videojuegos de survival horror; y por último, y no menos excitante, el derroche pirotécnico que presenta su fantástico diseño de producción, sobre todo en unos primeros minutos en los que la batalla, por obra y gracia de los excelentes decorados, se convierte en un escenario poco menos que de ultratumba. Es cierto, no obstante, que en determinados pasajes la historia demandaba mayores dosis de humor negro o, en su defecto, una mayor presencia del factor sorpresa (el cual no desvelaremos) que encierra la película. Pero no se alarmen: su absoluta falta de complejos y el aquelarre del tercio final, todo un carnaval de sangre, amputaciones y carnicería, compensan los pequeños defectos de fábrica.

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TU HIJO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , on noviembre 6, 2018 by Gonzalo Contreras

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Es un hecho actual palpable, imposible de discutir: padres que, creyendo que sus hijos disfrutan de sus jornadas de ocio de una forma cívica y responsable, desconocen una realidad mucho más preocupante lastrada por los excesos y malos hábitos de sus propios retoños. Los docentes conocemos con detalle este problema. De hecho, lo corroboramos cada día con algunas de sus ya célebres afirmaciones, muchas convertidas en todo un cliché educativo: “mi niño es incapaz de hacer algo semejante”, “debe tratarse de un error” o, el más manido y no por ello menos eficaz, “algún amigo le habrá incitado a ello”; viven en una burbuja, inconscientes de los riesgos que les atañen. Y eso que, en la mayoría de los casos, las respuestas a esas preguntas no planteadas se encuentran con gran facilidad en las propias redes sociales. Ya sea en Instagram, Twitter o Facebook, y en cuentas cerradas pertinentemente bajo candado, los adolescentes exponen sus vivencias intempestivas sin ningún tipo de pudor ni vergüenza. Sus progenitores lo saben. Pero, hipócritamente, casi siempre prefieren elegir la comodidad que les proporciona ignorar las más que cuestionables acciones de sus consentidos vástagos antes de enfrentarse al problema de raíz.

TU HIJO expone, con suma elegancia y frialdad, algunas de estas situaciones en la gran pantalla. José Coronado, en un personaje propio de la escritura decadente del mismísimo Paul Schrader, interpreta de forma admirable a un prestigioso doctor que, de la noche a la mañana, ve cómo su primogénito (Pol Monet, uno de los mejores y más carismáticos actores del panorama juvenil cinematográfico), un muchacho de apenas 17 años, risueño y lleno de ilusiones, queda en estado vegetativo después de una brutal paliza callejera. Desesperado, se sumerge en los ambientes nocturnos de la ciudad con el fin de esclarecer el caso, introduciéndose en un territorio de lobos capaz de despertar en sus entrañas un instinto de venganza desconocido hasta entonces.

Miguel Ángel Vivas, autor de la asfixiante Secuestrados, es el encargado de retratar, sin remordimientos y con una amargura difícilmente soportable, este viaje a los infiernos sin billete de vuelta. Lo cuenta con sentimiento, con maestría, con una veracidad que hierve la sangre. Su último acto, de gran valentía escénica, puede dejar exhausto al espectador menos experimentado. Nada es gratuito ni tramposo en este espléndido trabajo. De hecho, es fácil que nos resulte familiar el marco en el que se mueve la película, una Sevilla contrastada por la luz de sus amaneceres y el ritmo ecléctico de la madrugada. Y mucho más reconocer, estupefactos y con el corazón en un puño, algunas de sus interesantísimas y desoladoras reflexiones finales.

BOHEMIAN RHAPSODY

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on octubre 28, 2018 by Gonzalo Contreras

ENGRANDECIENDO LA LEYENDA

El fenómeno Queen solo puede entenderse desde la pasión que genera la fuerza arrolladora que desprenden sus letras. Pilar fundamental de la historia del rock contemporáneo, los que llevamos sus melodías en vena y conocemos gran parte de las memorias del grupo, tremendamente jugosas desde el punto de vista cinematográfico, demandábamos desde hace ya varios años un largometraje a la altura del mito, capaz de indagar sobre las diferentes personalidades de sus respectivos componentes, muy distintas de la leyenda desinhibida y bohemia que pesa sobre ellos, su creación y coronación en las listas de mayor éxito y, por encima de todo, las vivencias íntimas de Freddie Mercury, voz y alma del cuarteto y mente revolucionaria y experimental dentro del terreno sinfónico.

Las expectativas respecto a BOHEMIAN RHAPSODY, retrato de las idas y venidas del malogrado cantante con sus compañeros de banda, eran muy elevadas, a la altura de la ambición del proyecto. Y la primera gran noticia es que, lejos de convertirse en un mero desglose de su trayectoria, pobre de contenido y con el único objetivo de consagrar a su protagonista principal en premios venideros, la cinta supera con creces sus propias limitaciones imponiéndose con un espectáculo vibrante y de gran corazón, altamente adictivo, palpitante en sus pretensiones sin caer con ello, jamás, en la sensiblería y la lágrima fácil. Y lo mejor: Como Yo, Tonya, el otro gran biopic del año, consigue un reto impensable: huir de los relamidos convencionalismos de este subgénero, ampliando las barreras impuestas por su historia biográfica y, con ello, el universo temático de tan celebrada formación. Un manjar musical, un auténtico deleite en su narración puramente clásica.

Pero aquí no acaban los triunfos de esta magnética película, una de las mayores sorpresas de la temporada. A la excelente composición interpretativa de todo el reparto y al cuidadísimo diseño de producción se le añade la esmerada y muy creíble descripción que plantea sobre el divo británico (arrollador Rami Malek, todo un derroche de energía, porte y talento), un hombre descolgado por sus inseguridades y orientación sexual de sus dos familias, la de sangre y la profesional, y abocado por las malas influencias al infierno de las drogas y los excesos. La solidez del guion, trufado de diálogos punteros y de gran inteligencia, la convierten en un plato imprescindible, incluso, para los menos entusiastas de la cuadrilla. Ahora bien, quienes realmente gozarán la cinta son sus admiradores más acérrimos, sobre todo por su apoteósico fin de fiesta, carta de amor a la magia que infunde su inimitable repertorio y brillante a la hora de contagiar la rebeldía, el desenfreno y los latidos de emoción presentes en los conciertos. Dicen por ahí que el film viene acompañado de críticas nefastas provenientes del otro lado del charco. Ni caso a ellas.

QUIÉN TE CANTARÁ

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on octubre 23, 2018 by Gonzalo Contreras

LA MUJER DEL CUADRO

QUIÉN TE CANTARÁ está protagonizada por fantasmas en vida con voz y nombre de mujer. Por un lado tenemos a Lila, antigua y celebrada diva del panorama musical. Como en El crepúsculo de los dioses, vive recluida en lo alto de una solitaria mansión ajena a la civilización, con la única compañía de su fiel escudera, mánager en los tiempos de vino y rosas, y de unos recuerdos, disfrazados en esta ocasión en forma de discos de platino y trajes de lentejuela, que pueblan cada rincón del caserón. A diferencia de Norma Desmond, repudiada por los mismos focos que un día la adoraron, es ella quien ha olvidado la estrella mediática que un día llegó a ser. Sus éxitos, el vestigio de sus mejores años. Por otro, tenemos a Violeta, cantante frustrada, madre de una joven problemática, maltratada por una vida que jamás le otorgó los sueños que tanto anheló. Ambas son caras opuestas de una misma moneda. El triunfo y el fracaso. La suerte y la desdicha. El todo y la nada.

Si ya de por sí la premisa resulta excitante, el producto final adquiere cotas de una calidad difícilmente mejorable. Y buena parte de culpa radica, precisamente, en los espectros que pueblan este extraordinario film, uno de los grandes de lo que va de año, relato con alas vampíricas plagado de metáforas y apuntes oníricos sobre la soledad, la culpa y la búsqueda de una identidad que no entiende de castas sociales. Najwa Nimri, Eva Llorach, la gran revelación de la cinta, y Natalia de Molina, camaleónica intérprete capaz de transmitir un torrente de sensaciones con un solo gesto, con una sola mirada, se abren en canal ofreciendo unas actuaciones antológicas, supurando verdad, dolor y desesperación a partes iguales. Pero el mérito de semejante logro no pertenece solo a su colosal reparto.

El director madrileño Carlos Vermut, reverenciado en los sectores críticos tras su aclamadísima Magical Girl, lleva su manera de entender el celuloide a nuevas dimensiones plásticas, a parcelas nunca transitadas, estableciendo una hipnótica conexión entre la profunda desolación que arrastra a sus personajes y las emociones de un espectador abrumado ante el enigmático y, durante gran parte del metraje, indescifrable puzzle que presenta el germen del relato. Desde sus influencias formales, con ecos de la psicología impresa por Bergman en su turbadora Persona, la simbología de los cuadros con vida propia vistos en la inmortal Laura y el juego de espejos femenino de De Palma, pasando por la pasión exacerbada que muestran sus escenas musicales (alcanzando el cenit en el intensísimo tour de force de Procuro olvidarte, catártico encadenamiento que evoca inevitablemente a los mejores números melódicos de la filmografía de Almodóvar), todo funciona a la perfección en una película engendrada en estado de gracia, tanto que, en su excelente plasmación visual, en la brillante solidez que posee el vórtice que une sus complejas historias, se permiten vislumbrar muchas de las ambiciones e inquietudes fílmicas proyectadas por el cineasta en sus dos trabajos anteriores. Y con ello, valorar aún más si cabe la capacidad de fascinación que se esconde en una de las mentes más incisivas e interesantes del cine español coetáneo.

VENOM

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on octubre 5, 2018 by Gonzalo Contreras

ENTRETENIMIENTO SIN PRETENSIONES

Existen dos posturas claramente enfrentadas respecto a la oleada contemporánea de cine de superhéroes. Algunos, la mayoría (o al menos, los que más ruido hacen), hablan de la época dorada del género, sobre todo si estas aventuras provienen de la todopoderosa compañía Marvel. Cada nueva película, cada nueva entrega, es recibida con multitud de elogios, con una fogosidad inusitada, con críticas perfectamente equiparables a las que reciben algunos de los mejores largometrajes de la historia del cine, llámense El padrino o cualquier pieza dirigida por un tal John Ford.

Otros, entre los que me incluyo sin ningún tipo de miramientos, calificados de haters por los entusiastas del primer párrafo, piensan que estamos ante una desproporcionadísima y sobrevalorada tanda de cintas efectivas en sus propósitos de entretener al gran público, sí, pero lejos de la majestuosidad señalada por las opiniones más fervorosas. Con excepciones muy honorables (Nolan y su caballero oscuro, joya monumental donde las haya, seguirán siendo un ejemplo de revolución artística y planificación escénica), esta nueva corriente, inviable en pasadas décadas cinematográficas, apenas aporta un mínimo de interés al imaginario colectivo de los cómic, convirtiéndose en piezas de idéntica estructura narrativa y escasos valores cinematográficos.

En este contexto llega a las carteleras VENOM, protagonizada por el villano más popular de las célebres viñetas de Spider-Man. Un film precedido por las nefastas opiniones de los críticos americanos, a pesar de ofrecer exactamente lo que promete este tipo de producciones y que, en otros casos disneyianos, no se cortan en alabar con ansia y brillo: acción a raudales, una estructura acorde con la plantilla oficial y efectos visuales abrillantados con litros de CGI.

Ahora bien, cuenta con varios ases en la manga que la transforman, para sorpresa de muchos, en una cinta digna, entretenidísima dentro de sus límites y plausible en su afán de romper, como Deadpool, con los estereotipos derrotistas tan habituales en la temática: su falta de pretensiones, lo que le permite desarrollar un estilo gamberro y desinhibido y una estética, agárrense, propia de las comedias románticas estadounidenses de los años noventa; una duración en consonancia con la simplicidad de su historia; y, por encima de todo, un camaleónico Tom Hardy, uno de los grandes actores de su generación, en un papel protagonista a lo Jekyll & Hyde. Él es la estrella de la función. Cuando el alienígena de marras se apodera de su cuerpo, especialmente en los primeros minutos de mutación, aparecen algunas de las mejores secuencias cómicas (el momento de las langostas en el restaurante) que este maltratadísimo género nos ha regalado en los últimos años. Y eso ya es todo un logro.

CHRISTOPHER ROBIN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on octubre 4, 2018 by Gonzalo Contreras

DESCUBRIENDO EL BOSQUE DE LOS CIEN ACRES

A pesar de estar considerado como uno de los largometrajes menos afortunados de la filmografía de Steven Spielberg, Hook reunía muchas de las ambiciones plásticas de un cineasta aquejado, para felicidad de tantos cinéfilos, del síndrome de Peter Pan: ampliando el universo diseñado por J. M. Barrie en la obra original, la película proponía un sugerente juego de espejos en donde observábamos cómo el personaje principal, adulto y abogado de profesión a jornada completa, había olvidado el mundo de sirenas, piratas y hadas que marcó su niñez. Lo que podría haber sido una de sus grandes obras, pletórica a la hora de exaltar los valores tradicionales de la familia, se echaba a perder por varios factores mal manejados por el propio director: el histrionismo de los actores, dueños y señores de una función que no les pertenecía, un guion escaso de química y limitado por secuencias de relleno (el partido de béisbol) y una duración desatada en relación a la historia contada.

A CHRISTOPHER ROBIN (con la que comparte infinidad de puntos en común) le pasa algo parecido. La película, relato sobre el feliz reencuentro del susodicho Christopher con su inseparable osito Winnie the Pooh, goza de potencial conceptual y artístico, pero queda perjudicada por dos frentes claros: la desaprovechada presencia del actor Ewan McGregor, incómodo en un papel excesivo y desangelado, y la poca empatía que despierta el tan querido muñeco protagonista. Por mucho que sea el juguete favorito de tantos de nuestros infantes, por más que su aspecto afable resulte dulce y adorable, el peluche de felpa no posee carisma alguno. De hecho, y esto le ocurre también a sus amigos del Bosque de los Cien Acres, su apariencia física repele en su traslación a imagen real.

No obstante, eso no significa que estemos ante un trabajo desdeñable. Además de captar la bondad y los buenos sentimientos de los relatos originales, Marc Foster, su director y artífice de magníficos largometrajes (Cometas en el cielo, Monster´s Ball), proporciona algunos detalles urdidos con cierto encanto (el globo adherido al vagón del tren) y un bellísimo diseño de producción (ese Londres envuelto en niebla y recorrido por sus evocadores autobuses), siguiendo la estela marcada por el propio realizador en la infinitamente superior Descubriendo nunca jamás. Pero mientras en aquella todo era emoción y ternura, en este trabajo nada brilla más allá del academicismo impreso, echándose en falta un tono menos grisáceo y desolador. Finalmente, el film, de público indefinible, con oscuros pasajes complicados para los niños y trazos demasiado infantiloides para los adultos, carece de un elemento fundamental en todo cuento que se precie: verdadero aliento mágico.

HA NACIDO UNA ESTRELLA (A star is born)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on octubre 2, 2018 by Gonzalo Contreras

LÁGRIMAS DE COCODRILO

Fruto, posiblemente, de explotar hasta la extenuación los parámetros comerciales de la década anterior, la primera etapa de los años noventa fue un auténtico caldo de cultivo de los llamados placeres culpables (o guilty pleasure, si lo prefieren), sobre todo si atendemos al ámbito del cine romántico/ melodramático. A esta época pertenece, metiéndonos ya en contexto, cintas como la recordada Ghost (Más allá del amor) o la no menos popular El guardaespaldas, folletín corta-venas a mayor gloria de la malograda cantante Whitney Houston y de la cuenta corriente de su principal benefactor y aquí también protagonista, el oscarizado Kevin Costner.

La jugada de esta última se basaba en una fórmula tan simple como eficiente: reunir a la diva musical y el galán cinematográfico del momento en una relato de amor con alas aparentemente trágicas y recargarla con las pomposas sinfonías de su vocalista femenina. Daba igual si su director poseía talento en su profesión o si la historia suponía, de por sí, una ida de olla considerable. Lo que importaba era hacer caja. Y a fe que lo logró. A pesar de ser masacrada por la crítica y de su mediocridad como producto de diseño, la cinta arrasó y desencadenó legiones de admiradores, aumentó la leyenda de su intérprete y colocó las melodías de su fantástica banda sonora, todavía hoy recordadas por el gran público, en lo más alto de las listas de ventas.

Aunque en un principio pueda parecer descabellado, HA NACIDO UNA ESTRELLA (A star is born) nace, valga la redundancia, con idénticos intereses de partida. Con la excusa de proponer una nueva revisitación del libreto original de William A. Wellman (existen oficialmente tres versiones, siendo la mejor la protagonizada por Judy Garland), el aquí debutante Bradley Cooper, mejor actor que director, calca, punto por punto, los desmanes del largometraje de Mick Jackson ofreciendo un artefacto lacrimógeno-melódico tan alargado (dos horas y diez de metraje) como fatigante y empalagoso, en donde la búsqueda de la conmoción en el espectador, a ser posible provisto de un buen puñado de klínex, se revela como la prioridad última del mismo.

Y eso que el film empieza estupendamente. Tanto el primer encuentro de Cooper y Lady Gaga, bastante limitada de registros en su primer trabajo de relevancia, como los paseos nocturnos de ambos compartiendo confidencias, recuerdos del pasado y anhelos artísticos están narrados con elegancia y cierta emotividad. Un primer tramo rematado, de forma rimbombante, con el espléndido (y gratuito, todo sea dicho) número musical Shallow, el I will always love you de esta “edición”. Pero todo se va a pique a partir de esta secuencia. Los clichés entran en juego; los secundarios se antojan forzadísimos (fíjense bien en Andrew Dice Clay, el padre Lady Gaga); la artificialidad del invento, cámaras lentas y primeros planos relamidos inclusive, se manifiesta más de la cuenta y el sonrojo se asienta de forma permanente (el bochornoso episodio en los Grammy provoca una involuntaria comicidad). Eso sí, resulta imposible cuestionar la efectividad de una producción diseñada milimétricamente para reventar las taquillas de medio mundo. En ese sentido es terriblemente honesta con el contribuyente. Otra cosa es que, realmente, sea una buena película.