120 MINUTOS PULSACIONES POR MINUTO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on enero 18, 2018 by Gonzalo Contreras

LA PESTE DE LOS OCHENTA

Cinco años después de que Rock Hudson, uno de los símbolos más queridos e idolatrados del Hollywood dorado, visibilizara al mundo el drama del SIDA con unas declaraciones en la que admitía ser portador del virus, la enfermedad, considerada la “peste de los años ochenta” (o el cáncer gay, como muchos medios de comunicación lo definían ignorantemente por aquel entonces), seguía causando estragos en una sociedad convencida de que su transmisión estaba ligada de forma exclusiva al club de las llamadas cuatro haches: homosexuales, hemofílicos, heroinómanos y haitianos.

Sin cura ni tratamiento conocido, estigmatizados por la infamia retrógrada (la cual sentenciaba que era un castigo divino y justo de Dios) y los falsos mitos que aseguraban que su contagio se debía a un simple roce, un beso o a la compartición de aseos públicos, cientos de activistas, la mayoría compuestos por personas seropositivas y familiares de las mismas, se echaron a la calle iniciando una serie de campañas con el fin de concienciar a la población sobre la verdad de la afección y denunciar el pasotismo de los gobernantes y las grandes compañías farmacéuticas en una carrera contrarreloj que auguraba la certeza de un desenlace fatal.

Descarnada, remarcada por un contradictorio estado de júbilo y visualizada con pasmosa sencillez, la mayor efectividad de 120 PULSACIONES POR MINUTO, fotografía de dichas reivindicaciones expuesta en carne viva y sin protecciones que aminoren el golpe, reside en una estructura narrativa hábilmente diseñada por su director y también guionista, Robin Campillo: con el fin de plasmar, en toda su esencia, la lucha sin cuartel de aquellos años, el cineasta divide la película en dos partes bien diferenciadas, exponiendo en su primera hora y cuarto las interminables auditorías que precedían a las manifestaciones y las actividades de sensibilización del problema (dotándolas de credibilidad y potenciando el debate extracinematográfico) y reservando, para la segunda mitad, la explosión de todo su engranaje melodramático.

De golpe, el espectador experimenta la fiereza letal del virus en primera persona, sus daños colaterales y la sensación de incertidumbre, dolor, soledad y rabia que deja a su paso. Nada es gratuito en este estupendo, descorazonador y valiente largometraje, ni las escenas de sexo, subrayadas con notable sordidez, ni las secuencias de efímera celebración en las discotecas de ambiente en donde el polvo (nótese el doble sentido) que se percibe a través de los focos se transforma, lenta y silenciosamente, en el germen del mal.

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CALL ME BY YOUR NAME

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on enero 15, 2018 by Gonzalo Contreras

AMOR DE VERANO

En una secuencia de la película que nos ocupa, el protagonista de la historia, de nombre Elio, un adolescente extrovertido, de acusada inocencia pero de una madurez asombrosa para su edad y en vísperas del despertar sexual, se encuentra en una fiesta típica de los veranos que recordamos en nuestra memoria. A unos metros está Oliver, un apuesto y veinteañero graduado, asistente estadounidense de su padre, que ha decidido pasar unas semanas de descanso en la preciosa villa estival que la familia del chico posee en Italia. Baila de una forma desinhibida, exuberante, casi descontrolada. Cigarrillo en mano, ausente de las conversaciones que mantienen sus amigos más próximos y con una mueca de admiración y deseo, Elio no puede evitar fijar su atención en él. Con solo una mirada que expresa más que cualquier diálogo intrincado, que cualquier escena ardiente, se abre en canal a un espectador que intuye, desde ese mismo momento, los sentimientos más íntimos, puros e inconfesables que el muchacho siente hacia aquel perfecto desconocido. Y es que, en CALL ME BY YOUR NAME, no hay margen para lo explícito, para las imágenes recargadas de emociones falsamente impostadas. Como en Los puentes de Madison, como en Brokeback Mountain. Como en los relatos románticos más lúcidos y creíbles jamás contados en pantalla.

Implantando un minimalismo y desgarro insólitos en el género coetáneo, el director Luca Guadagnino, en una nueva demostración de talento y contención, hace un uso magistral de los encuadres, los cambios de foco y la profundidad de campo (ya manoseados en su reivindicable Cegados por el sol) disfrazando la pasión en unos fotogramas contaminados por el erotismo, el sudor y la pegajosidad de la estación veraniega y en una selección de canciones, éxitos imborrables de los evocadores años ochenta, cuyas letras capturan el anhelo de la juventud perdida y esconden, nuevamente, aquello que sus personajes quieren gritar al unísono y ninguno de ellos se atreve a revelar (“La palabras no vienen fácilmente a mí. ¿Cómo puedo hacerte ver que te quiero?”). La elocuencia de la puesta en escena y la sutileza de sus secuencias, impagables por la complejidad de su contenido, son acompañadas, además, por la ya icónica sensualidad desprendida por la pareja protagonista, interpretada de forma abrasiva por Armie Hammer, objeto declarado de la lujuria, y por un brillantísimo Timothée Chalamet, representante de la mirada cándida, ignorante y ensoñadora de la inexperiencia.

Y como telón de fondo, la creación de un contexto idílico, casi mágico, en donde la luminosidad de los parajes italianos se mezcla con las ejemplares enseñanzas morales del entorno familiar que rodea al joven (atención a la última conversación entre padre e hijo, de una intensidad difícilmente superable), remata esta bellísima y tierna película sobre el fin de la inocencia y los amores que permanecen por siempre en el alma. Una obra maestra que duele, que respira verdad, que no puedes evitar recordar sin que aparezcan, días después de su visionado, lágrimas de sincera emoción en el rostro.

LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on enero 14, 2018 by Gonzalo Contreras

LAS DEFICIENCIAS DEL SISTEMA

A sus setenta y un años, Steven Spielberg sigue siendo uno de los amuletos imprescindibles de la industria hollywodiense. De hecho, pocos directores pueden presumir de tener una carrera fermentada a lo largo de cinco décadas poseyendo, en todas ellas, al menos dos obras (siendo modestos) capaces de arañar la majestuosidad del séptimo arte. Artífice de algunas piezas imprescindibles en la adolescencia del gran público, llámense, según la generación, E.T, Jurassic Park o la atemporal Tiburón, el tratamiento formal y argumentativo de sus primeros trabajos, revolucionarios en sus formas, pioneros en las reformulaciones de la cinematografía comercial de los años ochenta y capaces de atrapar la magia del Peter Pan que todos llevamos dentro, contrasta con una trayectoria posterior, más posicionada en la madurez, brillante en su recuperación del lenguaje audiovisual imaginado por los soñadores de la vieja escuela, convirtiéndose, para regocijo de los más cinéfilos y desagrado de los modernistas, en el último refugio (junto con autores como Eastwood, ahora de capa caída) del cine clásico estadounidense.

Más que visualizar un relato de espionaje con los susodichos papeles como protagonistas (al más puro estilo Todos los hombres del presidente o la reciente Spotlight), Spielberg, en LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO, retrata el auge, años antes de la sonora investigación conducida por Bob Woodward y Carl Bernstein sobre el caso Watergate, del periódico The Washington Post (comúnmente conocido como The Post, título original del largometraje), un diario local de segunda que encontró, para disgusto de la Administración Nixon, una bomba de oxígeno gracias a la publicación de información clasificada (y lamentable) sobre la guerra de Vietnam. Como no podía ser de otra manera, el cineasta detalla esta historia real, apasionante desde el punto de vista periodístico y cinematográfico, con su habitual distinción y sabiduría épica, retomando su consabida narrativa de corte tradicional, ausente de grandilocuencias y pulcra en la descripción, e imprimiendo un sentido del espectáculo rebosante de una emoción que ya quisieran reflejar muchas promesas actuales del celuloide. Y para remarcar ese halo de cine de otra época, se reserva una inteligentísima jugada maestra: juntar por primera vez en pantalla a Meryl Streep y Tom Hanks, dos de los exponentes más respetados y carismáticos de la cultura contemporánea, para dar vida a estos sagaces héroes de la información. La empatía, lógicamente, se hace abrasiva desde el primer encuentro.

Maravillosamente filmada con una estética puramente setentera, plagada de zooms y acorde con el oscurantismo de los tiempos que corren, y culminada con un revelador epílogo que bien podría funcionar como precuela de la obra maestra de Alan J. Pakula, Los archivos del Pentágono no solo es una entretenidísima plasmación de los tejemanejes políticos y las deficiencias del sistema democrático estadounidense (significativos, una vez más, los montajes paralelos de las promesas de los presidentes, de diferente índole política, y sus aprobaciones posteriores); también, un magnífico y sentido homenaje a la prensa escrita, al aroma a tinta que respiran las páginas en papel, a un tiempo que se muere y en el que la búsqueda de la verdad acababa prevaleciendo sobre la frivolidad y el amiguismo presente en los despachos de los rotativos.

EL INSTANTE MÁS OSCURO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on enero 11, 2018 by Gonzalo Contreras

LA HORA DE LOS VALIENTES

Apreciado por gran parte de crítica y público, señalado en numerosas listas como uno de los bienes más preciados del cine inglés, el sobrevalorado cineasta Joe Wright ha mostrado, en casi todos sus largometrajes (exceptuando su preciosa ópera prima, Orgullo y prejuicio), una inestabilidad narrativa que ha destruido, en gran medida, unos planteamientos de base cargados de jugosas y originales ideas. Le ocurrió en Expiación, su premiada adaptación de la novela homónima de Ian McEwan, un relato con una primera hora de una brillantez aplastante y una segunda que echaba por tierra todos los logros obtenidos por una incomprensible ruptura del tono y las formas mostradas hasta entonces; posteriormente, en las también fallidas Hanna y Anna Karenina, esta última lastrada por unas ambiciones escénicas incompatibles con el lenguaje cinematográfico, hasta llegar a Pan (Viaje a Nunca Jamás), insufrible revisión del clásico de J. M. Barrie, tal vez la peor traslación del mítico personaje que el cine ha presenciado a lo largo de su historia.

Como era de prever, EL INSTANTE MÁS OSCURO, retrato de los meses cruciales en los que Winston Churchill, recién nombrado primer ministro británico, tuvo que decidir entre pactar un acuerdo de paz con el régimen nazi o llevar la contienda hasta sus últimas consecuencias, presenta la mayoría de las constantes habituales del director: un remarcado academicismo, visiblemente empañado por el carácter británico de la producción, que le impide explorar ámbitos más arriesgados y complejos; un desaprovechamiento táctico de los secundarios, principalmente de una perdidísima Kristen Scott Thomas como mujer del mandatario (divertidamente, nominada al Bafta como mejor actriz secundaria) y la pretenciosa ejecución de algunas secuencias (todos y cada uno de los planos cenitales aéreos, el chirriante momento en el metro de Londres), incompatibles con la elegante ambientación global del film. Pero también tiene la presencia de un actor, oculto bajo litros y litros de maquillaje, capaz de transformar la función en un espectáculo, si bien no sublime, al menos respetable. Me refiero, ya habrán adivinado, al gran Gary Oldman.

Acusado, a veces con razón, de ofrecer unas actuaciones afectadas por el histrionismo y la sobreactuación, también nos ha regalado extraordinarios trabajos interpretativos, dignos del mayor de los aplausos, tanto en sus inicios en el cine de Stephen Frears (con la maravillosa Ábrete de orejas) como en su trayectoria en el Hollywood de principios de los noventa (la imponente Drácula de Bram Stoker, tal vez su papel más celebrado). Aquí, nuevamente, Oldman ofrece una excelsa, palpitante y en ocasiones caricaturesca (para bien) composición del Primer Lord del Almirantazgo, deleitándonos con un absorbente dominio escénico y una mimetización del personaje que lo confirman, una vez más, como uno de los artistas más versátiles y brillantes de su generación.

TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on enero 9, 2018 by Gonzalo Contreras

SIN PERDÓN

Con tan solo dos películas en su haber, las muy aceptables Escondidos en Brujas y Siete psicópatas, el director Martin McDonagh ha dejado patente que la previsibilidad y los estereotipos son unas características inviables en las historias que plasma en pantalla. Dotado de un talento innato para atraer la atención del espectador a través de relatos que van in crescendo a medida que los minutos avanzan en el reloj, su habilidad de mezclar géneros y aunar en un mismo largometraje humor negro, ramilletes del suspense más visceral (y, si se quiere, crepuscular) y la violencia más explícita y juguetona, propia de la herencia otorgada por Tarantino, quedaba expuesta en unos libretos cargados de una originalidad que, si bien no alcanzaban cotas de grandeza, sí atestiguaban que, en no mucho tiempo, engendraría una obra capaz de reflejar, en todo su esplendor, su probado dominio del lenguaje audiovisual.

Y aquí la tenemos. Efectivamente, podríamos pasar a desglosar la cantidad de aciertos, intrínsecos y externos, que posee su nuevo trabajo, la sensacional TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS, pero hay uno que sobrepasa todos los esquemas estipulados: un guion que roza la perfección narrativa. Empapándose de los grandes clásicos del western, del estilo bravío de Ford, de la majestuosidad de las líneas expositivas de Hawks, McDonagh nos sitúa en uno de esos pueblos estadounidenses aislados del mundo moderno en donde nunca pasa nada y, cuando pasa, nadie sabe cómo resolver el problema. En semejante lugar, dominado por el racismo encubierto de los conciudadanos y la propia ley, una mujer cuya hija ha sido salvajemente asesinada clamará justicia y venganza ante el sheriff del condado, un hombre de buen corazón pero de estrategias metodológicas bastante cuestionables, sacando a relucir la putrefacción y las viejas rencillas que habitan en el sistema local.

Tanto Frances McDormand, espléndida como madre devastada por la tragedia, sola ante el peligro en un territorio controlado por la rudeza de los hombres, como Sam Rockwell, despreciable compañero de fatigas del jefe de policía con opciones de redención, aprovechan al máximo este fascinante viaje por los recovecos y el analfabetismo latente de la América profunda, deudor de la vena cínica, macabra y desternillante del mejor cine de los hermanos Coen y marcado por unas secuencias y diálogos (el monólogo de McDormand ante el párroco del pueblo, la escena en la comisaría en la que destapa su coraza y estalla la humanidad que todavía habita en ella) que serán estudiados, en pocos años, en las mejores escuelas cinematográficas.

EL GRAN SHOWMAN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on diciembre 27, 2017 by Gonzalo Contreras

Y ASÍ EMPEZÓ EL ESPECTÁCULO

Amanerada, histérica y endiabladamente ampulosa, la hoy alabadísima Moulin Rouge! puso el primer peldaño en la resurrección actual del musical más allá de los escenarios de Broadway. De hecho, sin su existencia, posiblemente muchos largometrajes del género posteriores, algunos oscarizados, casi todos ellos visiblemente inspirados en los acordes propuestos por Baz Luhrmann, ni siquiera hubieran sido ejecutados por los grandes estudios cinematográficos. El éxtasis que procesaba el colorido de sus secuencias, la calidad de sus sinfonías, tanto de las clásicas como de aquellas creadas expresamente para el film, y la apoteósica renovación de sus estereotipos, presentando una brillante simbiosis entre las pautas clásicas y el videoclip salvaje y televisivo propio de los nuevos tiempos, marcaron un estilo audiovisual que ha traspasado, una década después, las fronteras de su propia temática melódica.

Sin Moulin Rouge!, por tanto, el acabado estético y exacerbado de EL GRAN SHOWMAN, ópera prima del realizador Michael Gracey, diferiría notablemente del resultado actual. Y es que la película, protagonizada por un enérgico y apasionado Hugh Jackman y basada libremente en la historia de P.T. Barnum, uno de esos personajes lastrados por una vida plagada de claroscuros y convertido, por la magia cándida y familiar de la industria hollywoodiense, en un personaje vibrante, jovial y de tintes dickensianos, rinde un continuo tributo a la obra maestra de Luhrmann, recogiendo con especial descaro sus aspavientos bohemios y las bucólicas y ensoñadoras instantáneas, la locura de un montaje capaz de ocultar los agujeros de guion más sangrantes y su personalidad impertinente, canalla y exageradamente romántica.

Sin embargo, más que un defecto, Gracey lo transforma en una extraña y loable virtud. Tan pegadiza y agradable como inofensiva, remarcada por una estética deliciosamente kitsch y algunos apuntes que reviven el espíritu circense, utópico y burtoniano de la inolvidable Big Fish, sería injusto obviar algunos aciertos considerables, principalmente la sensación de contagioso optimismo que irradia la cinta a lo largo del visionado y algunos números escénicos dibujados brillantemente en pantalla y acompañados de una extraordinaria banda sonora, de una fuerza impensable en una cinta de pretensiones artísticas tan livianas. Y eso, no lo duden, es el primer (gran) paso para que un musical perdure en la memoria años después de su estreno.

MIS PELÍCULAS FAVORITAS ESTRENADAS EN 2017

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on diciembre 24, 2017 by Gonzalo Contreras

FINALISTAS

Wonder Woman: por recuperar el cine de superhéroes cocinado a la antigua usanza y reivindicar, con gran fortuna, la esencia y las emociones ideadas por Richard Donner.

Perfectos desconocidos: porque esta vida no se puede entender sin altas dosis de comedia.

Silencio: Por ser una nueva muestra del talento infinito de Scorsese.

Wonder: Por trasladar, de manera admirable, el problema del acoso escolar a los jóvenes espectadores.

El sacrificio del ciervo sagrado: por ser la película más terrorífica y desasosegante del año. Por el amor que procesa al cine de Kubrick.

 

10) Z, LA CIUDAD PERDIDA

Cuidada hasta el más mínimo detalle, Z rescata el fantasma de un celuloide que ya no se hace, rebosante de romanticismo y evocación, rememorando brillantemente el espíritu desmitificador de John Huston, el exotismo de Kipling y, en definitiva, la belleza implícita del mejor cine de aventuras.

 

 

 

9) HANDIA

Los creadores de Loreak, expertos en ambientes enigmáticos e historias cargadas de simbolismos, componen un inolvidable, bellísimo y poético viaje por la magia que esconden los parajes vascos, por sus duendes, fábulas y secretos. Puro cine.

 

 

 

8) THE SQUARE

Tan indomable como insolente, dotada de una impagable comicidad, esta magnífica crítica a la pseudointelectualidad, el postureo y la sociedad del consumo, no apta para todos los paladares, confirma a Ruben Ostlünd, realizador de la también admirable Fuerza Mayor, como uno de los autores más personales, mordaces e interesantes del panorama cinematográfico europeo.

 

 

7) EL AMANTE DOBLE

El mejor Brian de Palma vive en François Ozon. Para arañar las extraordinarias virtudes de esta película, eso sí, es imprescindible dejarse llevar por los giros narrativos ideados por el director. En su irregularidad, en sus recovecos jamás descifrados, se encuentra el poder de su hipnótica atracción.

 

 

6) MÚLTIPLE

Absuelto de sus pecados del pasado (Airbender, After Earth) y con el regusto dulce en el paladar de su última propuesta (la divertidísima La visita), M. Night Shyamalan retoma en este trabajo sus consabidas inquietudes mezclando, con la misma energía que mostraba en sus mejores relatos, la ternura y las extravagancias declaradamente sensibleras de su cine con atmósferas de contradictoria y subrayada sordidez, llegando en este caso hasta límites nunca antes explorados. Una gozada.

 

5) JACKIE

Apoyándose en una prodigiosa interpretación de Natalie Portman, el cineasta Pablo Larraín compone un extraordinario, creíble y delicado retrato de una las figuras más icónicas del siglo XX, desde sus inicios en la Casa Blanca, a través de unas grabaciones en blanco y negro en las que representaba a la impecable anfitriona y los éxitos del american way of life, hasta convertirse, ya a todo color, en la también impecable viuda de América, inmortalizada con su vestido rosa Chanel salpicado de sangre y entregada contra viento y marea a preservar el legado Kennedy.

 

4) VERÓNICA

Paco Plaza no duda en empaparse de la imaginería de los grandes artesanos de la vieja escuela setentera, homenajeando brillantemente los últimos coletazos de la corriente satánica de la época (impagables las referencias a la maravillosa e infravalorada La Centinela) y, de forma más implícita, nuestro propio universo de pesadillas, representados por el ingenio del insustituible Chicho Ibáñez Serrador. ¿El resultado? La mejor película española de género desde Los otros y el trabajo más sólido del director hasta la fecha.

 

3) IT

Bellísima (sí, han leído correctamente) radiografía de la adolescencia y los años de boy scout, de la aventura del crecer y su correspondiente pérdida de la inocencia. Rodada en estado de gracia, si la primera y televisiva versión, dirigida por Tommy Wallace en 1990, fue un regalo para los niños que una vez fuimos, esta lo es para los adultos que ahora somos y que hemos hecho del género nuestra bandera cinéfila.

 

 

2) DUNKERQUE

Con escenas destinadas a clavarse de por vida en la retina, el visionario director Christopher Nolan ha engendrado un mastodonte de tan solo 104 minutos de duración en el que la milimétrica composición de los encuadres y planos, vibrantes de un inspirador patriotismo administrado en sus justas dosis y acompañados por una claustrofóbica partitura de Hans Zimmer, altera los nervios del público hasta el punto de mantener la sangre en un perpetuo estado de ebullición. Una odisea bélica difícil de describir, pero inmensamente placentera de experimentar.

 

Este año, y sin que sirva de precedente, dos películas comparten el primer puesto:

1) MOTHER!

Arriesgadísima en cada trazo, en cada símbolo bíblico propuesto, Darren Aronofsky ha firmado, probablemente, la película más personal e impactante de su trayectoria. Su falta de complejos, libre de convencionalismos, y su celebración del exceso y el frenesí la convierten en una obra maestra de múltiples interpretaciones, pero poseedora de una única Verdad. Y, sobre todo, en una rara avis en su búsqueda de nuevos enfoques narrativos.

 

1) LA LA LAND

Máxima expresión de lo que significa la magia del cine, La la land es una historia diseñada por y para soñadores. Solo aquellos que hayan gozado con Fred Astaire y Ginger Rogers, que hayan sentido en sus corazones los compases de las producciones de Arthur Freed o los colores del cine de Jacques Demy y se hayan perdido por los rincones que rodean al río Sena en Un americano en París entenderán la dimensión de tan extraordinaria propuesta.