PREDATOR

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 12, 2018 by Gonzalo Contreras

A LA CAZA DEL ALIENÍGENA

Guionista de éxitos del cine de acción de ayer (la mítica Arma letal) y hoy (la reciente Dos tipos duros), el cineasta Shane Black suele exhibir, en casi todos sus trabajos, una predilección evidente por los cánones narrativos estipulados en la década de los ochenta. No es extraño, por tanto, que en la nueva PREDATOR, escrita por el propio Black junto a Fred Dekker, otra eminencia pop de la época (suyo es el imprescindible divertimento adolescente Una pandilla alucinante) y secuela tardía de Depredador, largometraje de culto para muchos amantes de la Ciencia-Ficción, apueste por recuperar los orígenes y el espíritu deliberadamente retro impuesto por John McTiernan en la pieza principal. Y es que este relato, plagado de vísceras, hemoglobina y carnicería, supone un muy entretenido homenaje a esas aventuras que tanto nos asombraron en aquellos años, a las películas que no se ruborizaban en exaltar el camorrismo, los valores pseudopatrióticos y la camadería basada en la testosterona y cuyo único propósito radicaba en ofrecer al espectador dos horas de pura y adrenalítica felicidad.

Curiosamente, este loable planteamiento, deudor de la mejor tradición de la serie B y muy gozoso en los primeros minutos, constituye, a la vez, su gran talón de Aquiles: ya sea por la nula creatividad de un guion carente de sorpresas o por la dudosa aptitud interpretativa de su elenco (salvo el estupendo nuevo “niño prodigio” Jacob Tremblay), el film no acaba de desarrollar todo su potencial inicial. Quiere ser jocoso y delirante, pero a veces se toma demasiado en serio a sí mismo; busca el frenesí continuo, pero los cortes efectuados en la sala de montaje, algunos realmente sangrantes, entorpecen en buena medida su ritmo y calidad final.

No obstante, tanto las intenciones de base como los respetuosos guiños que rinde a la cinta original, referencias directas a secuencias de aquella inclusive, sopesan los pormenores del producto. De hecho, además de poder considerarse con diferencia la mejor secuela de la franquicia (superior, en todos los sentidos, a la infame Predators, aquel engendro protagonizado en 2010 por el hoy modelo de anuncios televisivos Adrien Brody), Predator posee una cualidad única, digna de enmarcar: atreverse a desafiar, por medio de su carácter canalla y malhablado y sus ya comentadas (y agradecidísimas) dosis de casquería, la dictadura audiovisual imperante de unos tiempos magullados por la ñoñería, las sandeces moralistas y la cultura de lo políticamente correcto.

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TODOS LO SABEN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 11, 2018 by Gonzalo Contreras

DICEN POR AHÍ…


Si por algo destaca el cineasta Asghar Farhadi, realizador de las brillantes El viajante y Nader y Simin, Una separación, ambas galardonadas con el Oscar al mejor film de habla no inglesa, es por la habilidad que posee para delinear el carácter y la naturaleza de todos los personajes que componen la acción de sus historias, extrayendo como un vampiro sus emociones y desnudando, paulatinamente, sus secretos más ocultos e impronunciables.

En TODOS LOS SABEN, además, vuelve a demostrar su obsesión de aunar luz y oscuridad en un mismo trabajo. De primeras, y más en un director de procedencia extranjera, asombra su capacidad de reflejar, de forma pulcra y minuciosa, la esencia y las costumbres de los parajes rurales presentes en nuestro país. Reconoces en todo momento a sus gentes (fantásticos Bardem, Mínguez y Lennie), esas entradas en la villa saludando, todavía en el auto, a los vecinos que se congregan alrededor de las terrazas de verano, los gritos de bienvenida y la cercanía inmediata que se establece entre familiares distanciados por el espacio y tiempo. Un Volver menos manchego, pero inconfundiblemente ibérico.

Farhadi se toma su tiempo en sacar a la luz la cara más pesimista y sombría de su relato. Primero, reúne a sus protagonistas en una velada trufada de risas y jolgorio, describiendo, al detalle, una boda pueblerina en donde sólo se respira vida, tradición y felicidad. Como buen anfitrión, y con su habitual maestría para crear estados in crescendo de tensión y desasosiego, va tejiendo la telaraña que hará tambalear los cimientos emocionales de tan idílico escenario. Lo notas en el ambiente, en los silencios repentinos de los comensales, en esa calma seca que aparece tras la celebración nupcial.

Cuando la bomba estalla, no sólo aparece en pantalla la desesperación de una madre por recuperar lo que más quiere; también, la verdadera personalidad, lastrada por el rencor y la codicia, que habita en sus parientes más allegados. De eso habla esta estupenda y muy compleja película, de las heridas no cicatrizadas, del oscurantismo que, lamentablemente, sigue existiendo en muchos pueblos de España (un tema manoseado en múltiples ocasiones, y con óptimos resultados, por el gran Carlos Saura), de los misterios de alcoba que resucitan un pasado marcado por la infamia y el dolor. “Dicen por ahí…”.

LA MONJA (The nun)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on septiembre 6, 2018 by Gonzalo Contreras

TERROR EN LA ABADÍA

El primer tercio de LA MONJA, spin off de la franquicia Warren sobre los orígenes de Valak, el ya icónico demonio protagonista de la magistral El caso Enfield, supone en en sí mismo toda una declaración de intenciones de lo que veremos en los próximos minutos de metraje: como si se tratara del mismísimo comienzo de la sensacional Drácula de Bram Stoker, los tres protagonistas (una novicia a punto de tomar sus votos, un sacerdote experto en temas sobrenaturales y un campesino residente en la región) se adentran en la profundidad de los bosques de Rumanía en busca de una abadía que, según cuentan las leyendas locales, está habitada por entes malignos. A través de planos cenitales, encuadres desgastados y tomas que harían las delicias de Terence Fisher, contemplamos la inmensidad del terreno desde una óptica claramente gótica, prestando especial atención a la estructura enrevesada y laberíntica del viejo caserón (más próximo al castillo clásico de cuento de fantasmas que a un monasterio de clausura) y su correspondiente camposanto y a la atmósfera decrépita, sombría e irreal que rodea a la morada. Más que preocuparse por una trama, aceptémoslo sin aspavientos, facturada desde la simpleza más absoluta, el director Corin Hardy antepone la escenografía plástica a cualquier otro apartado del film rindiendo un continuo y respetuoso tributo a la estética y ornamentación característica de la productora Hammer Films, reina indiscutible del género durante la mitad del siglo XX.

Y lo solventa con energía y, sobre todo, efectividad. Obviando las, por otra parte, desternillantes idas de olla de la historia (la sangre de Cristo como repelente antidemoníaco, el personaje francés convertido en el Brendan Fraser de La momia), los maniqueísmos propios de la temática y los consabidos golpes de efecto impuestos para contar con la aprobación de las nuevas legiones de seguidores del horror cinematográfico, Hardy apuesta por explorar terrenos desconocidos en la simbología del universo Warren, aportando, además de las connotaciones de la Vieja Escuela, referencias cinéfilas de carácter mefistofélico (las imágenes cristianas con la cabeza cercenada, propias de la fascinante e incomprendida El exorcista III) y virtual (las figuras estáticas de las religiosas al más puro estilo Silent Hill) y alguna que otra estampa de gran potencial (el prólogo o las apariciones del personaje de la abadesa, más aterradoras, por sutileza y misterio, que el reclamo principal de la cinta).

La película, bastante superior a su hermanastra Annabelle, resulta digna y se deja ver sin dificultad, seguramente porque el cineasta James Wan, buque insignia de esta corriente, ha supervisado la realización dirigiendo, incluso, algunas de sus secuencias más aterradoras. ¿Que no deja de ser una vil explotación de la millonaria saga? Desde luego, pero al menos proporciona, de manera efervescente y muy alocada, una hora y cuarenta minutos de escalofríos, entretenimiento y diversión.

LAS DISTANCIAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , on septiembre 5, 2018 by Gonzalo Contreras

PERFECTOS DESCONOCIDOS

La amistad, divino tesoro. Siempre, eso sí, que se mime y se impida que los estragos del tiempo hagan mella en lo que una vez fueron días regados de alcohol, juergas intempestivas y secretos revelados entre risas y lágrimas. Lawrence Kasdan, en su magistral y reinvindicable Reencuentro, ya nos mostró cómo el paso de los años podían desgastar la camaradería más inquebrantable. Con inteligencia, humor y nostalgia, pero con una brillante acidez que agudizaba los desencantos que presenta la línea que da paso a la treintena, esa etapa desconocida y ausente del término crisis pero que, en realidad, nos despierta de golpe y porrazo de la rebeldía y de los ideales propios de nuestra añorada juventud.

LAS DISTANCIAS, notable y devastadora radiografía de la disgregación de un grupo de antiguos compañeros de universidad cómplices de múltiples batallas y anécdotas, relata en carne viva y sin tiritas las heridas que se han abierto en su relación con el devenir de los años. Las personalidades de todos ellos, modeladas bajo la fiera batuta de la depresión económica de principios de siglo (podemos encontrar tanto al triunfador en temas laborales y perdedor en asuntos del amor como al parado que ha vuelto, para su frustración, a casa de sus padres), son fácil y amargamente reconocibles para el espectador. Poco queda ya de los sueños que anhelaron alcanzar, de las metas que con gran ambición se habían propuesto conseguir. Y entre tantas miradas de desengaño y situaciones incómodas, salpicadas por la decepción, el inconformismo, la falta de diálogo y los silencios sepulcrales, surge la revelación más insospechada: sin darse cuenta (o tal vez sí, aunque en el fondo se nieguen a admitirlo), los ya no tan jóvenes confidentes se han convertido en unos perfectos desconocidos.

Interpretada de forma magistral por todo el reparto, capitaneado por los siempre excelentes Alexandra Jiménez y Miki Esparbé, gran enigma del relato y acertadamente menos expuesto en pantalla de lo que en un principio podría sugerir su personaje, la debutante y ya prometedora Elena Trapé ha compuesto una película reflejo de toda una generación, terrible y admirablemente personal, hasta tal punto que es muy posible que aquellos que no hayan vivido una experiencia semejante a la descrita apenas se acerquen a la crudeza de su más que honesto planteamiento. Y es que todo en ella, desde su descripción de lo que un día fuimos y dejamos de ser a las frustraciones provocadas por el descubrimiento de haber despedido una época que ya no volverá, rezuma veracidad. Tanto que duele.

BLACKWOOD

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on agosto 2, 2018 by Gonzalo Contreras

LA RESIDENCIA

Una mansión de estructura gótica perdida en los páramos de un nebuloso bosque, institutrices de porte noble, rígido carácter y enigmáticas intenciones y un grupo de damiselas en apuros, inconscientes de los peligros que se esconden entre las paredes del viejo caserón. Un soporte argumental, a priori, de extremada sencillez y poca efectividad, carente de especial complejidad en la gran pantalla y, sin embargo, pletórico de sugestivas ideas cuando aquellos elementos expositivos que le rodean (ambigüedad, represión, despertar abrupto de la cándida adolescencia y fatalismo) cobran vida gracias a la extensión conceptual de su punto de partida. La residencia y Suspiria serían, posiblemente, los dos mayores logros de esta temática: primero, por la capacidad innata de perversión y morbosidad latente en el caso de la obra maestra de Serrador y de los juegos cromáticos impuestos por Argento; segundo, y esto es un mérito compartido por ambas, su sobrecogedora puesta en escena y la poética que habita en sus entrañas, impuesta por unos cineastas que, además de comprender los entresijos del misterio y la anticipación, poseen la semilla del horror en sus venas.

El director Rodrigo Cortés, basándose en una novela americana de los años sesenta escrita por Lois Duncan, artífice de éxitos juveniles, posteriormente adaptados al cine, como Sé lo que hicisteis el último verano o la reivindicable Secuestrando a la Srta. Tingle, propone en BLACKWOOD una muy interesante y sugestiva vuelta de tuerca a esta manoseada premisa (en este caso, las muchachas son el conejillo de indias de un inquietante programa educativo) eliminando la naftalina de sus páginas para regocijo de las nuevas generaciones sin que ello interfiera en el espíritu del relato. De hecho, la base sobrenatural, en donde la supremacía del Arte es capaz de rasgar las vestiduras del tiempo, supone un auténtico bombón cinematográfico lleno de posibilidades audiovisuales y narrativas (no empero, haría las delicias de la mítica Hammer), bien aprovechadas por un director que, cuando quiere, y coincidiendo con los momentos más potentes y tenebrosos del film (con referencias, intencionadamente o no, a las dos joyas citadas en el primer párrafo), huye de los clichés y los estereotipos propios del público al que va dirigido guiñando el ojo a un espectador más adulto, instruido principalmente en los dominios propios del género.

El producto final es un trabajo muy superior al repertorio teen actual de sorprendente aliento onírico, arriesgadísimas pretensiones (como muestra, su controvertido aquelarre conclusivo) y plausibles propósitos: aproximar a los jóvenes un terror menos físico y más abstracto, elegante y añejo.

MISIÓN IMPOSIBLE: FALLOUT

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on julio 26, 2018 by Gonzalo Contreras

LA CIMA DE LA SERIE

La saga de Misión: Imposible es una auténtica rara avis dentro del panorama actual: al contrario de lo que suele ocurrir en la mayoría de los casos, sus secuelas, en lugar de quedar enclaustradas en la fórmula explotada en la primera parte, han sabido renovar el material de origen hasta convertirse en blockbusters con sello propio, asombrosamente funcionales en sus propósitos y en las demandas exigidas por los espectadores en cada una de las décadas en las que se han desarrollado (recordemos que la original data de 1996).

Las aventuras comenzaron de la mano de un De Palma menor; brillante en la dirección, la cinta tropezaba con un mediocre guion que hacia aguas en un tramo final calamitoso en su acabado artístico (memorable, para mal, un desenlace en el que un helicóptero y dos trenes de trayectoria opuesta se encontraban a toda velocidad en el interior de un reducido túnel de montaña). John Woo, en la segunda y peor entrega del repertorio, imprimió el estilo de su trepidante Cara a cara con infumables resultados. Por fortuna, J.J. Abrams y Brad Bird, directores de la tercera y cuarta respectivamente, allanaron el terreno con audacia aportando conceptos y diseños mucho más interesantes y menos manoseados de lo visto hasta entonces. No eran grandes cintas, pero sí un comienzo realmente prometedor.

Y llegamos por fin a Christopher McQuarrie. Ganador de un Oscar por su formidable libreto de Sospechosos habituales, ha demostrado, tanto en la anterior como en esta nueva película, grandioso divertimento a mayor gloria de su actor protagonista, ser el cineasta idóneo para actualizar las hazañas del ya mítico agente Hunt. ¿Su secreto? Invertir muchos de los conceptos estipulados en la serie (tanto televisiva como cinematográfica), desprendiéndose de la narrativa clásica en favor de la epopeya más frenética, canalla y (si se quiere) delirante y de los hilos que le unían innecesariamente a los segmentos marcados por la cultura popular impresa por James Bond. Dichas pérdidas, lejos de considerarse un lastre, otorgan a la cinta una nueva dimensión gracias a un aliado inmejorable: un sólido e hiperactivo guion provisto de sorpresas, humor, giros argumentales y enloquecidos golpes de efecto.

Y luego está la planificación de sus secuencias de acción, es decir, el 90% del metraje. Con Cruise en su salsa, Henry Cavill en su actuación más elogiable hasta la fecha y Rebeca Ferguson devorando plano en cada aparición, MISIÓN IMPOSIBLE: FALLOUT constituye un impresionante y adictivo parque de atracciones visual que deja literalmente con la boca abierta, ya sea por sus apuntes cinéfilos (la pelea en el cuarto de baño al más puro estilo Mentiras arriesgadas) como por la ejecución de sus espectaculares escenas (la carrera en moto por París, la impagable secuencia del Halo, un salto en paracaídas real efectuado por el propio intérprete), formando, junto a Nación secreta, uno de los mejores dípticos del género vistos en los últimos años.

CON AMOR, SIMON (Love, Simon)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on junio 17, 2018 by Gonzalo Contreras

SECRETOS DEL CORAZÓN

Hay cintas elaboradas desde el corazón. Tan humildes, tan necesarias en sus propósitos, que es muy difícil desgranar los defectos de fábrica que puedan presentar. Son las llamadas películas “bonitas”, relatos protagonizados por personajes y situaciones corrientes, muchas de ellas fácilmente identificables y casi siempre defensoras, desde una perspectiva abiertamente comercial, de los valores familiares y de amistad, que generan una complicidad con el espectador incompatible con cualquier aspiración crítica.

En muy contadas ocasiones, esas películas “bonitas”, además, brillan por méritos propios. No porque carezcan de las comentadas imperfecciones, sino porque sus atributos cinematográficos (narrativa, interpretaciones y dirección) están tan magníficamente licuados y dosificados que cualquier carencia que puedan presentar no merece ser recogida por el crítico en cuestión. La reciente Wonder sería un ejemplo de esta ecuación perfecta: una historia plagada de ternura y optimismo (con el delicadísimo tema del acoso escolar como telón de fondo) en donde la ausencia de mayor carga dramática (y, por tanto, de realismo y reflexión), más que un defecto, se convertía en una encomiable virtud.

Lo mismo ocurre con LOVE, SIMON. Cuenta las vivencias de un joven de dieciséis de años, popular entre sus compañeros de instituto, feliz a ojos de su entorno más cercano, que oculta su homosexualidad por miedo al rechazo y la incomprensión. Nada nuevo bajo el sol. Lo insólito del caso, más allá de que una productora de renombre haya apostado por la valía del libreto, reside en la candidez y ligereza (y, paradójicamente, osadía) de su planteamiento: en vez de apostar por enfoques narrativos de corte independiente y de hacer mella en la descripción, con pelos y señales, del calvario de nuestro héroe, el film, basado en la novela homónima de Becky Albertalli, se ajusta brillantemente a los parámetros marcados por las high school románticas americanas adaptándolos a la orientación sexual del protagonista y enfatizando, como no podía ser de otra manera, todos los tópicos presentes en dicho subgénero (amores no correspondidos, inoportunos malentendidos, exaltación de la amistad verdadera y uso de fórmulas con reminiscencias a los cuentos de hadas). Es efectista y en cierto modo manipulador (familia bien, contexto social cuanto menos idílico), pero también tierno y sensible; es amable y descafeinado, pero escapa, con éxito, del panfleto y la sensiblería gratuita; es comercial y estereotipado, pero sabe conectar con las emociones de los espectadores, tanto que debería proyectarse en las aulas escolares. Los males, ya ven, son eclipsados por sus cuantiosos atractivos fílmicos.

Pero si por algo destaca esta preciosa historia es por la valentía que poseen sus aspiraciones. Se trata de un largometraje que habla el lenguaje de los jóvenes, que busca la concienciación, el respeto y la aceptación, suponiendo un bálsamo cinematográfico para tantos adolescentes que estén pasando por una situación similar a la descrita por su personaje principal. Y eso ya supone un pequeño (gran) milagro.