HANNIBAL

DELICATESSEN

hannibal 4Recuerdo perfectamente la primera vez que vi Hannibal, segunda parte de la trilogía protagonizada por el no siempre valorado Anthony Hopkins en el papel del doctor Lecter. Y lo recuerdo tan bien porque, haciendo memoria, era de uno de los estrenos más esperados y ansiados por quien suscribe estas líneas. ¿La razón? Se trataba nada más y nada menos que de la secuela de la que todavía hoy considero una de las mejores películas de la Historia del Cine, la mítica “El Silencio de los Corderos”. Vamos, la misma razón que provocó gigantescas colas en cines de todo el mundo.

hannibal 7Cabe destacar que, a pesar de contar con la friolera de trece años, no era ajeno a la dudosa calidad de las secuelas cinematográficas, más pendientes de explotar económicamente la gallina de los huevos de oro que de ofrecer cine de calidad. Pero en ésta tenía ciertas esperanzas. Pensaba que, si bien no iba a alcanzar las cotas de genialidad de la primera parte, al menos quedaría como una buena película, respetuosa con la original y que incluso potenciaría aspectos sugeridos de aquélla.

Una vez finalizó la proyección, mi sensación fue de desconcierto. Y sí, también de decepción. Mientras avanzaban los títulos de crédito, intentaba recomponer en mi mente lo visto las dos horas anteriores. Dos horas de lujoso y soporífero visionado, con una primera hora aburrida y hueca y una segunda lastrada por un gore tan desmesurado como innecesario. Una cinta pretenciosa y en ocasiones grotesca hasta límites paródicos.

hannibal 2No obstante, todavía sentado en aquella butaca del malogrado Palacio de la Música, y puede que fruto de la sugestión (o tal vez del autoconvencimiento), sentí que algo me había atrapado. Una luz de buen cine que, ni mucho menos, ocultó mi malestar ante la que prometía ser uno de las películas más elogiables del año, sensación manifiesta en un público en general desencantado ante el giro tomado en esta segunda parte.

Con el paso de los años no son pocas las veces que he vuelto a visionar “Hannibal” con el fin de tener una valoración más definida de la película. Y a día de hoy, si bien sigo sin considerarla una gran película, al menos me parece un film cuanto menos estimable. Porque detrás de los enormes fallos evidentes del film (flojo guión, pobres diálogos, y más comparándolos con la brillantez de la primera parte) también podemos apreciar varios aciertos. Y entre ellos destaca, por encima de todo, la hannibal10deslumbrante y barroca puesta en escena en donde su director, el a veces fascinante Ridley Scott (Alien, Blade Runner), supo captar de manera asombrosa el mundo de ensueño que Hopkins demandaba en el interior de la celda del psiquiátrico de Baltimore. Un mundo de libertad, con Florencia como telón de fondo y reflejo de su paraíso perfecto, en donde Lecter es amo y controlador de cuanto le rodea. Un monstruo en las sombras, agazapado y en cuarentena, esperando despertar de su letargo.

Y es precisamente en la descripción de ese mundo idílico de Hannibal donde la imagen adquiere vida propia. Poco importa la historia que cuenta; las bellísimas (y en ocasiones demasiado forzadas) imágenes acaban controlando la función, disimulando en gran medida la anodina historia así como su insípido guión, en verdad el gran fallo de la película. Scott se deja llevar fielmente por la irrisoria novela homónima de Thomas Harris (también autor de “El Silencio de los Corderos”) reproduciendo en pantalla grande los desvaríos y altibajos de una obra de por sí mediocre. Sin embargo, su habilidad como director, con detalles como el impresionante entorno creado, la fotografía, la escalofriante partitura de Hans Zimmer y el buen hacer de Anthony Hopkins (en su salsa, aunque lejos de su hipnótica interpretación en la primera parte) y de la siempre acertada Julianne Moore consiguen reflotar un proyecto que en otras manos hubiera hecho aguas.

hannibal 6

Con todo esto, no reivindico la calidad de Hannibal. Adjetivos como pretenciosa y excesiva sigo manteniéndolos pero no es, ni mucho menos, el desastre que se aseguró en el momento de su estreno. Una obra en donde conviven grandes aciertos con los más terribles errores; un espectáculo visual inquietante, irregular, a años luz de la obra original. Pero digno.

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