PICNIC EN HANGING ROCK

LAS FUERZAS DE LA NATURALEZA

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Día de San Valentín, 1900. En una pequeña zona de la Australia Meridional, las estudiantes y profesoras de un colegio victoriano de élite se preparan para ir de excursión a una región montañosa próxima conocida como Hanging Rock. Hechos inexplicables empezarán a ocurrir desde ese momento; el tiempo parece detenerse, se producen pérdidas de conocimiento y de memoria, desmayos… Y lo más incomprensible: desaparecen un grupo de alumnas y una profesora en mitad de tan enigmática zona.

picnic 6Considerado como uno de los films más importantes de la cinematografía australiana y verdadera pieza de culto del cine fantástico, Picnic en Hanging Rock constituye una de las obras más interesantes y magnéticas del ya de por sí sugerente Peter Weir (El club de los poetas muertos, El show de Truman), realizada varios años antes de su periplo por tierras norteamericanas y por ende bastante menos recordada que su obra posterior.

Una película aparentemente sencilla, basada en una conocida historia real (principalmente en medios dedicados a lo paranormal), pero que en pantalla adquiere una complejidad hipnótica y fascinante, dando picnic 4lugar a una obra inclasificable, poderosa, en donde lo real se mezcla con la sombra de lo imaginario y lo místico.  Porque detrás de ese mundo de destellos y extrema delicadeza del comienzo, con sus flores en agua, romanticismo y risas vergonzosas escondidas tras libros de poesía se esconde una fuerza oculta en la propia naturaleza, esperando el momento idóneo para salir a la luz.
Una energía invisible que ya se manifiesta en los paisajes de la propia Hanging Rock de los créditos iniciales, envolviendo al espectador en una especie de dimensión desconocida no sólo con la imagen sino también con los sugestivos y desasogantes sonidos naturales del propio entorno, atmósfera que constituirá el halo mágico y sensorial del resto de la película.
picnic 1 Y es que, incluso cuando las jóvenes muchachas están seguras en la propia residencia, el universo místico en el que Weir nos ha introducido en los primeros minutos se traduce en la incómoda sensación de que esa presencia, ese ente invisible, ya invade la propia película en las miradas y comentarios de las propias alumnas. Algo va mal, y ellas lo saben. Y lo trasladan al espectador en cada una de sus palabras, en cada verso ambiguo y misterioso que recitan. De hecho, la más bella de las jóvenes que desaparecerán, Miranda, de aspecto angelical y armonioso, se lo hace constatar a otra a modo de premonición ( “Sara, en poco tiempo ya no estaré aquí…”).

Pero no es hasta el momento de las desapariciones, antes de finalizar el primer acto, cuando la esencia creada por el director adquiere todo su esplendor. Poco a poco la naturaleza y su ambiente van adueñándose de la historia. O tal vez sea al revés, y sean las propias jóvenes quienes van adquiriendo mayor protagonismo en el marco de la propia Creación.

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Como si de un cuadro de Renoir se tratara,  parecen ir formando parte del mismo paisaje, de la tierra, de cada roca sobre la que se apoyan para disfrutar de la lectura. La llamada de la Naturaleza a unas pocas elegidas supone el momento cumbre; como si de una ascensión de ángeles se tratara van subiendo a la cúspide de Hanging Rock mientras cada elemento, cada componente del paisaje, va apoderándose de ellas. Sobran medias, sostenes. Sus cuerpos van desnudándose ante su conjunción con lo inevitable. Bailan al son del viento (representado por una espléndida melodía de flauta) y sus rostros se fusionan con los parajes. picnic 2Y a medida que caminan hacia la cima, una especie de nueva personalidad las va invadiendo. Acaban por no entender el mundo de los seres humanos (“me sorprende el número de personas que no tienen propósitos”), dejándose poseer por el entorno hasta que su fusión definitiva con él, lo que podríamos llamar la Ascensión total, se produce. Ya no hay vuelta atrás; forman parte del mundo espiritual que rodea a la Naturaleza.

A partir de este momento, Peter Weir consigue de manera admirable que creamos que esos seres angelicales, elegidos por algún criterio divino (no deja de ser llamativo que la más joven, de aspecto torpe, basto y antítesis de la belleza de sus compañeras no ascienda como ellas) han desaparecido por leyes que están más allá del raciocinio humano.

picnic 8E incluso que creamos que han adoptado otras formas, desde un cisne que representa a la bella Miranda hasta las mismísimas rocas que componen Hanging Rock, en donde inquietantes pareidolias parecen ser consciente de todo lo que rodea al lugar. Escenas como los contrapicados de los policías en su búsqueda de las jóvenes, con la presencia al fondo de las piedras, son un ejemplo (planos en los que curiosamente aparecen tres rocas, el mismo número de personas que desaparecen finalmente).

Son muchas las lecturas que esta maravillosa película plantea al espectador en cada una de sus metáforas. La más evidente, probablemente, la conjunción del ser humano con la naturaleza misma. Pero, como digo, no es la única. Desde referencias bíblicas hasta el despertar de la sexualidad, mucho más sugerido que en otras cintas también fantásticas como la estupenda En compañía de lobos (Neil Jordan, 1984), pero no por ello menos apasionante y atrevida.
Tal vez en el momento de reflejar las consecuencias de las desapariciones el film pierda algo de fuelle, pero no perjudica en absoluto la grandeza de la cinta en su conjunto, incuestionable.

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Sin duda, una magnífica película de enorme belleza, todavía hoy bastante incomprendida, que merece más de un visionado para ser entendida o al menos valorada en su justa medida.

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2 comentarios to “PICNIC EN HANGING ROCK”

  1. Magnífica crítica, sobre una no menos magnífica película.

    Siempre he pensado que merece un lugar de honor dentro del género fantástico por ser algo totalmente único, diferente, incluso atrevido.

    Weir muestra un dominio en esta película que muchos jamás conseguirán. Es un director irregular pero también diverso, interesante, atrayente.

    Es bontio poder leer impresiones sobre esta (bastante desconocida, en mi opinón) película. Pues por ejemplo, yo no capté ese simbolismo religioso/angelical que tan acertadamente comentas y tanto me ha sorprendido. A mí me produjo la sensación de la fusión humano/naturaleza y también capté el aspecto del despertar sexual.

    Ejemplo perfecto de película hipnótica, merecería un visionado (o varios) por todo el que se considere cinéfilo o simplemente, aficionado al séptimo arte.

    Un placer leerte, Gonzalo.

    P.D: ¿O quizá debería llamarte Peter? 😉

  2. Mil gracias! jajaja

    Totalmente de acuerdo. Quizás, la mejor película de Weir y un film, como apuntas, de un dominio pocas veces conseguido.
    Cualquier cinéfilo está obligado a presenciar, al menos una vez en la vida, esta joya desconocida. Y estoy seguro que no será la última.
    Cada revisión implica un mayor entendimiento de la obra; no obstante, la magia de ésta seguramente radique en esos enigmas que se quedan en el aire, a la espera de encontrar diferentes lecturas por parte del propio espectador.

    El placer es enteramente mío ;). Y, por supuesto, estás en tu casa jeje.

    Un saludo y gracias nuevamente. Nos leemos.

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