EL GRAN GATSBY

DÍAS DE VINO Y ROSAS

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Han pasado la friolera de diez años desde que el director Bazz Luhrmann (Romeo + Julieta, Australia) dirigiera su, quizás, película más representativa: la controvertida Moulin Rouge, exaltación de los cánones bohemios de principios del siglo XX, del vicio y el placer. Pero también del amor. Un amor que, como bien asegura la película,  supera todos los obstáculos por mucho que estos traten de destruirlo.

gran gatsbby 1oLo que para muchos supuso un soplo de aire fresco, de abrumador virtuosismo visual, recargadas imágenes y, porque no decirlo, cierto amaneramiento escénico, otros tantos lo consideraron un espectáculo soez, basto y falsamente moderno.

Una obra que dividió al público y crítica de manera contundente. Como sin duda ocurrirá con este Gran Gatsby, su nueva propuesta cinematográfica, un desfile visual que bebe y se nutre del alma de su cinta más celebrada. Una explosión de vanidad, lujo y desenfreno, en donde un simple chasqueo de dedos es capaz de mover el mundo. O dicho de otra manera; la celebración del exceso en todos los sentidos.
Basta condensar todos los adjetivos descritos anteriormente en la, reconozcámoslo claramente, obra maestra que supuso la inconmensurable Moulin Rouge y tendrán como resultado esta nueva y espléndida película, adaptación de la novela homónima de Scott Fiztgerald.

THE GREAT GATSBYY es que, detrás de ese castillo de cuento poco menos que Disneyliano, de almas corrompidas y selecta hipocresía se encuentra el verdadero Luhrmann. O al menos, el de aquella maravilla parisina, el más cómodo detrás de la cámara, el menos conformista y más arriesgado.

Olvídense de la adaptación que Jack Clayton realizara con Robert Redford como protagonista (bastante soporífera, por cierto). Lo que en aquélla era frialdad y lentitud aquí se traduce en luz y sonido, en movimiento e histeria sin alejarse, ni por un momento, de la obra de Fizgerald.

gran gatsby 4Y a pesar de las críticas que aseguran que se ha corrompido la novela original, escritor y director tienen más puntos en común de lo que los más puristas intentan hacer creer; la esperanza y sueños rotos que el autor expresa mediante palabras Luhrmann lo convierte en fastuosas imágenes en donde el dinero y la ostentación no oculta esas almas solitarias, condenadas a la destrucción.  Porque si hay algo que el director maneja como pocos, más allá de su deslumbrante virtuosismo técnico – visual, es la tragedia como eje de su narración.

Una fatalidad latente en cada minuto de la película, que no deja de palpitar incluso en los momentos de mayor esperanza;  una lluvia de camisas (preciosa escena, apoyada por una no menos preciosa balada de Lana del Rey) gran gatsby 9en donde se esconden miedos y secretos; una simbólica luz en el embarcadero tras la cual yace un amor roto, cuya intensidad va apagándose lentamente hasta que la niebla lo  hace desaparecer. Y un Gatsby que,  por mucho que se esfuerce, jamás llegará a alcanzar a la joven del otro lado de la bahía.

Como ya hiciera en la comentada Moulin Rouge (con la que comparte estructura narrativa, sin perder fidelidad al relato contado) o Romeo + Julieta, el director retrata de manera brillante a esos seres inocentes abocados a la adversidad, representados aquí por un DiCaprio en estado gracia, más allá del elogio. Desde su maravillosa presentación, copa en mano y alzándola lentamente mientras esboza una media sonrisa con el bullicio de sus festejos resonando (antológica) hasta su posterior declive, el actor compone un retrato demoledor, triste y melancólico del anfitrión por excelencia de la literatura norteamericana.

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Le acompañan como trío protagonista Tobey Maguire, bastante más comedido en el personaje de Nick Carraway, amigo íntimo de Gatsby (en el límite de la admiración y, por momentos, de la ambigüedad sexual), y una antipática Carey Mulligan en el papel de Daisy Buchanan, ambos más que correctos aunque tal vez algo eclipsados por el maestro de ceremonias.

gran gatsby 2Tras la aparatosa y decepcionante “Australia”, se podría decir que Bazz Luhrmann ha vuelto. Con su inconfundible sello, capaz de generar dos sentimientos tan encontrados como la fascinación y el rechazo más absoluto. Ha vuelto el Luhrmann más excesivo, dinámico.  El más irreverente y a la vez más clásico y emocionante.

Bienvenido sea.

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