EL CONSEJERO

UNO DE LOS NUESTROS

el consejero

Siempre que me preguntan mi opinión generalizada sobre el reputado Ridley Scott, director de la cinta que aquí nos ocupa, me resulta difícil responder con una opinión clara y certera. Si bien al nombrarlo me vienen a la mente sus más reconocidas joyas, con un poco de reflexión acabo desenterrando, una por una, varias obras olvidables que consiguen, incluso, nublar esas comentadas maravillas. Y no hablamos de cualquier gran película, sino de obras capitales en la Historia del Cine tales como las imborrables Alien y Blade Runner, sin olvidar cintas como la estupenda Thelma & Louise o la incomprendida La sombra del Testigo.

Por desgracia, su nueva cinta, EL CONSEJERO, cae del lado de sus obras más endebles, evidencia además de sus más palpables defectos: pretenciosidad alarmante, preciosistas imágenes al servicio de la nada e irritantes e interminables conversaciones, soporíferas.

el consejero 3Se comenta que el mayor mal de la película, vapuleada en EEUU, viene de la mano del teatral guión Corman McCarthy. El autor de No es país para viejos nos cuenta la historia de un abogado estadounidense que se verá tentado en un oscuro universo de corrupción y peligros, pero también de lujo y dinero fácil. Idea vista, pero siempre suculenta.
No obstante, es tal el nivel de sugerencia que conlleva su particular universo, pseudometafórico para colmo, que uno por momentos no acaba de comprender muy bien ni la trama que rodea a este particular consejero ni muchos de los personajes e imágenes paralelas a la historia principal, confusas y, a veces, un tanto ridículas (la premonición de Rosie Pérez, sin ir más lejos).  Todo adornado, eso sí, con un evidente buen acabado estético, marca de la casa Scott.

el consejero 2Flojas interpretaciones, salvando de la quema a una excelente Cameron Díaz dando muestras, por enésima vez, de no ser sólo una cara bonita (que también) y un Fassbender, si bien correcto, algo sobreactuado y lejos del nivel interpretativo al que nos tiene acostumbrados.

Queda para el recuerdo un impresionante show erótico de la actriz sobre un Ferrari, metido con calzador pero que alegra sin remedio la vista del espectador másculino (y parte del femenino). Un regalo para los ojos.

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