BYZANTIUM

CRÓNICAS VAMPÍRICAS

byzantium 3

No es hasta los momentos finales de la vampírica Byzantium cuando uno percibe que detrás de esta irregular película se escondía un argumento potente, colmado de brillantes ideas capaces de dar un balón de oxígeno a un tema lastrado en la actualidad por la efímera saga adolescente Crepúsculo.
Por desgracia, sus buenas intenciones no acaban plasmándose en pantalla, posiblemente por la diversidad de historias que trata de enlazar sin adquirir una unidad sólida, consistente, bebiendo demasiado de exitosas propuestas tales como Entrevista con el vampiro (en los flashbacks del pasado, los mejores momentos de la película), El Ansia (la relación de la guapísima Gema Artenton y Saoirse Ronan) y en la historia de amor vista en la elogiada Déjame entrar.

byzantium 2Tampoco ayuda el tono impreso por su director, el en otros tiempos reconocido cineasta Neil Jordan, autor de la estupenda En Compañía de Lobos. Ni rastro de su personal sello, dejándose llevar por un ritmo excesivamente sosegado y de contenido desconcertante en su primera parte (incluyendo farragosos personajes, como el dueño del hotel con complejo de Edipo) y componiendo un apresurado y comercial segmento en el último tercio, con un final demasiado benevolente, poco arriesgado.

byzantium 4No obstante, está lejos de considerarse una mala película. Individualmente consta de varios aciertos, principalmente en la historia pasada y a nivel estético; los ecos de Anne Rice, ya manoseados por el propio Jordan en su comentada disección de sus Crónicas Vampíricas, destellan en sus mejores pasajes (el hedor a muerte, la peste de otros tiempos, la depravación sexual) e incluso se consiguen algunos momentos fascinantes, como la personificación del Ángel de la Muerte en el personaje de Ronan o las oníricas escenas (algo pomposas, todo hay que decirlo) de la cascada emanando sangre, iluminadas por una absorbente banda sonora, lo mejor de la cinta.

Tan interesante como fallida, una cinta de grandes propósitos, correcta sin resultar nunca trascendente. Constituye un agradecido punto de inflexión en el daño ocasionado por la infesta saga de Stephanie Meyer, responsable de profanar un mito en verdad eterno, icónico, fascinante.

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