LA DESAPARICIÓN DE ELEANOR RIGBY (THEM)

LUCIÉRNAGAS EN LA NOCHE
DESAPARICION 2

No es casual que esta película retome el nombre de la protagonista de una preciosa y no tan conocida canción de Los Beatles. Como en aquélla, LA DESAPARICIÓN DE ELEANOR RIGBY habla sobre la soledad humana. Un aislamiento en este caso autoimpuesto, buscado por una mujer cuyo mundo se desvanece, de la noche a la mañana, tras un sufrir un cruel golpe del destino. Ni sus padres, ni mucho menos su marido, por el cual siente un amor sincero, son capaces de acceder a ella y liberarla de su particular encierro.

DESAPARICIONEste proyecto fue concebido originalmente como un díptico de cuatro horas, dos reservadas a la perspectiva de la protagonista, Jessica Chastain (ELLA), y las otras restantes a la visión del personaje que interpreta McAvoy (ÉL). Dos formas de mirar el deterioro de un matrimonio caído en desgracia finalmente agrupado, por obra y gracia de los temidos hermanos Weinstein, en un único largometraje con el sobrenombre de THEM (Ellos). Y aunque posiblemente carezca de la ambición inicial y haya perdido parte del encanto de tan insólita iniciativa, el resultado final no puede ser más notable: Benson, en su primera película como director, ha sabido transmitir esta historia de aflicción y superación con una calidez especial, apostando por sólidos diálogos rebosantes de romanticismo y grandes verdades. No busca hacer mella en el dolor,  importándole más la evolución interior de sus personajes principales que el devastador motivo por el cual se separaron.

DESAPARICION 3Chastain y MacVoy, ambos espléndidos, otorgan fulgor y oscuridad a la pareja protagonista, caras opuestas de un mismo sufrimiento destinadas a estar juntas pero incapaces de mirarse a los ojos sin sentir dolor por ello. En sus pieles se masca la desesperación, y también unos miedos reales al creer que jamás volverán a recuperar ese “lugar maravilloso” que ambos crearon. Un mundo de ensoñación, por cierto, recuperado hábilmente por el director a modo de prólogo, en una emotiva escena culminada con una frase premonitoria de lo que está por venir: “Sólo hay un corazón en este cuerpo. Ten piedad de mí”. A su lado, un elenco de auténtico lujo formado, entre otros, por William Hurt, la musa de Haneke Isabelle Huppert (copa de vino en mano en cada aparición) y la siempre estimulante presencia de Viola Davis.

La honradez de la propuesta desemboca en uno de los desenlaces más bellos del cine romántico reciente, de una sutileza a todas luces admirable, a merced de las impresiones extraídas por cada uno. Al igual que en la reciente Boyhood, sólo el tiempo tiene el poder de asentar nuestros sentimientos más profundos. Y sea cual sea el final que se escoja, todos ellos están cargados de verdadera esperanza.

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