MUSARAÑAS

ROEDORES DE CIUDAD

Musarañas 1

Todavía hoy, Carrie sigue siendo una de las más geniales novelas del prolífico Stephen King. Cargada de múltiples lecturas sociales, la mayoría demoledoras con los llamados hijos del baby boom y la cultura retrógrada que les sirvió de amaestramiento, constituyó un soplo de aire fresco allá por mediados de los setenta, presentándonos como protagonistas principales a lo que podríamos llamar daños colaterales de aquellos años. Unos personajes aislados, repugnantes para el resto de la comunidad, a los que sólo les bastaba una leve provocación para convertirse en amenazas siniestramente potenciales.

EMusarañas 2n sus primeros minutos, MUSARAÑAS consigue crear una tensión próxima a la que habitaba en las páginas de King y, por ende, en la magistral adaptación cinematográfica de Brian De Palma. Una incertidumbre escondida en las imágenes cristianas que pueblan el piso franco, en cada uno de sus rincones desgastados por la voracidad del tiempo y en el ambiente irrespirable que ahoga, como en la obra del maestro, a sus dos únicas inquilinas. Minutos claustrofóbicos de angustia, de inquietud, preámbulo del verdadero horror, porque durante esos instantes uno cree que está ante algo importante, tal vez, ante la gran película ibérica de terror del año. Con la aparición del personaje de Hugo Silva un nuevo King entra en escena: Margaret White, álter ego del personaje encarnado por Macarena Gómez, pasa a convertirse en Annie Wilkes, la sádica enfermera de Misery. La historia adquiere un nuevo enfoque, más previsible pero igualmente eficiente gracias, en gran medida, al recital esquizofrénico de la estupenda actriz. Por todo ello resulta cuanto menos decepcionante cómo el último acto prefiere optar por una resolución explícita y esperpéntica de lo expuesto hasta entonces. El fanatismo religioso y la sutileza quedan arrinconados en pro del gore más radical, circense y truculento, expuesto con ese toque característico de Álex de la Iglesia que sólo sabe manejar de la Iglesia. Se pierde, por desgracia, todo atisbo de la coherencia y credibilidad anterior ganadas a fuerza de ingenio y comedimiento. Una lástima. Eso sí, queda para el recuerdo la magistral caracterización de Gómez, desde ya musa (que no araña) del horror patrio.

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