INTO THE WOODS

MENOS LOBOS, CAPERUCITA…

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Rob Marshall podría ser, de lejos, el director más sobrevalorado del panorama actual. Si esto les suena un tanto exagerado, lo dejaremos en uno de los realizadores menos creativos e incompetentes de esa nueva estirpe de cineastas buscadores del esplendor melódico de maestros de la talla de Bob Fosse. No sé si será igual sobre los escenarios, atendiendo al enorme prestigio que le acompaña y a los numerosos reconocimientos recibidos por el gremio, pero en la gran pantalla es incapaz de dotar a sus películas de alma, rascando sólo la superficialidad de cuantas obras teatrales y literarias ha adaptado. Ya dinamitó la excelsa Chicago (eso sí, con sorprendente aceptación crítica), convirtió la bellísima novela Memorias de una Geisha en un cóctel sin alcohol de bailes abrumadores y horrorizó al personal, aquí sin justificación alguna, con la estrafalaria y artificial Nine.

Sinto the woodsu nueva película no es una excepción. Basada en el libreto musical de James Lapine y Stephen Sondheim, éxito indiscutible en los escenarios de Broadway a pesar de ser bastante desconocido en nuestro país, en INTO THE WOODS imperan los defectos más sonados de Marshall: impersonalidad fílmica, abrumadoras imágenes carentes de sentido y forma y una narración lastrada por la incoherencia y el desconocimiento conceptual. Para más inri, se atreve a recortar partes esenciales del texto, impidiendo no sólo que la obra fluya con soltura sino que resulte comprensible la transformación, a mitad de película, de la mayor parte de sus personajes, momento cumbre (y vital) de la obra original. Así mismo, insiste en un tono demasiado liviano para la historia que se nos cuenta, más oscura y siniestra de lo que en un principio puede aparentar, aunque seguramente mucho tenga que ver la mano de quien produce el film, en mi opinión inapropiada por mucho que los cuentos de antaño sean los protagonistas.

A pesar de las altas expectativas marcadas, no pasa de ser un film tremendamente desaprovechado, un batiburrillo de jugosísimas ideas mal explotadas al servicio de un eficaz reparto entregado con esmero a su cometido (aunque, y espero que no suene a herejía, la nominación de Streep resulte un tanto forzada). Y para todos aquellos decepcionados que hayan visto cierta luz en lo profundo del bosque, les aconsejo acercarse a la versión teatral de los años noventa editada en DVD y realizada por sus autores originales. Posiblemente descubran toda la magia que debería haber desprendido la traslación cinematográfica.

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