LA HISTORIA DE MARIE HEURTIN

EL LENGUAJE DE LA VIDA

marie heurtin

En 1962, Arthur Penn dirigió, según las directrices de la obra teatral de William Gibson, una de las cintas más conmovedoras sobre el poder de la educación vistas en la gran pantalla: El milagro de Anna Sullivan. Basada en la historia real de Helen Keller, la obra, de una inconmensurable fuerza escénica e interpretativa (de hecho, catapultó a una todavía desconocida Anne Bancroft), reflejaba con una sensibilidad pasmosa el proceso de aprendizaje de una adolescente ciega y sordomuda hasta hallar el significado de las palabras, así como la lucha de su inexperta (pero tenaz) docente para conseguir semejante objetivo. El resultado, soberbio a todos los niveles, fue recompensado con dos premios de la Academia (uno para la propia Bancroft) y con un reconocimiento crítico que aún perdura en nuestros días.

marie heurtin 2La película que nos ocupa, inspirada también en hechos verídicos, recuerda irremediablemente a la obra maestra de Penn sobre todo en su primer tercio, en donde también observamos el duro esfuerzo de una religiosa por sacar de las tinieblas del silencio a una muchacha hija de una pareja de pastores. Y aunque su sombra es alargada, al menos su director, Jean Pierre Améris, muestra oficio y gran corrección en la descripción de la historia, verdaderamente emotiva. Lo sorprendente del caso viene a partir del segundo acto; la cinta adquiere otro nivel, más intenso, mucho más novedoso, precisamente donde acababa la comentada Anna Sullivan: en el aprendizaje que va más allá de las palabras y que tiene que ver más con los sentimientos, aquellos que nacen del descubrimiento de la vida misma.

En estas nuevas enseñanzas Améris retrata, sin artificios, temas universales como el amor y la muerte (resumida en la excelente secuencia entre maestra y discípula en el cementerio) así como cuestiones más peliagudas, como el sentimiento materno que entra en contradicción con los hábitos religiosos escogidos, ya expuesto en la sublime e infravalorada Canción de cuna de José Luis Garci. Todo contado con delicadeza y ternura, sirviéndose de la belleza de los gestos y de la intensidad del lenguaje de signos para colisionar de lleno con el espectador, y culminando la faena con una portentosa escena final, bellísimo epílogo de la relación existente entre estas dos extraordinarias mujeres unidas por algo más que una simple amistad.

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