SPECTRE

TROPEZANDO CON LA NOSTALGIA

spectre

Por muchos elogios que reciba, producto del entusiasmo momentáneo, y las largas colas que genere el estreno de cada una de sus entregas, apoyadas en una publicidad tan certera como excesiva, el cine Bond ha sido sinónimo en el noventa por ciento de los casos de entretenimiento y pirotecnia más que de calidad. El diez restante, el que salvaguarda las piezas ilustres, queda reservado a las primeras aventuras protagonizadas por Connery, algo anticuadas pero rebosantes del indiscutible componente nostálgico y, principalmente, al ciclo que iniciara Daniel Craig con la estupenda Casino Royale y que rematara, años después, un iluminadísimo Sam Mendes con el mejor capítulo hasta la fecha del agente británico: Skyfall. Influenciada por los rasgos sombríos de El caballero oscuro de Nolan, ninguno de los episodios había otorgado hasta la fecha semejante madurez, psicología y porte al legendario personaje creado por Ian Fleming.

Spectre 2Con Mendes de nuevo como director, todo parecía indicar que esta nueva entrega seguiría el sendero marcado por su anterior trabajo, caracterizado por una agradecidísima ruptura de las estructuras estándares del héroe. Pero, por lo que se ve, el peso de los incondicionales, aquellos que recibieron con dudoso entusiasmo su entrada en la saga, ha podido más que cualquier idea de renovación.

En SPECTRE la tradición se impone a las ideas de cambio. Monumento a la grandilocuencia, tan poderoso visualmente como caótico de contenido, se enreda en su cometido de desenterrar innecesariamente fantasmas de aventuras pasadas y las fórmulas arquetípicas de la franquicia, prologando una tediosa trama que se extiende hasta las dos horas y media y descuidando el trazado psicológico de sus personajes, especialmente el de un villano totalmente desdibujado (un Christoph Waltz pasto de sus cada vez más reconocibles espasmos histriónicos). En otras palabras, Mendes se rinde ante el clasicismo y traiciona los méritos conseguidos en Skyfall, tan innovadores como, curiosamente, respetuosos con el universo bondiano. Los seguidores más acérrimos, seguro, estarán encantados con la vuelta a sus orígenes, no así aquéllos que veíamos en el director de American Beauty el balón de oxígeno que, desde tiempos ya lejanos, necesita el inconfundible espía británico.

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