EL VIAJE DE ARLO (The good dinosaur)

REINVENTADO LA (PRE)HISTORIA

el viaje arlo

La mayor enemiga de la productora Pixar es, chocantemente, la propia Pixar. Con tan sólo veinte años enfrascada en el largo cinematográfico, nos ha dado algunas de las piezas más inspiradas, lúcidas y conmovedoras del cine contemporáneo, regalando a la mítica factoría Disney, mano inseparable desde sus inicios, una segunda y muy rentable juventud. Con semejante panorama, dominado por juguetes vivientes, ancianos con espíritus intrépidos y monstruos ocultos en los armarios de los más pequeños, es normal que ante una película menor (que no desdeñable) de la multimillonaria compañía el espectador sienta una sensación agridulce, de tibia decepción.

El viaje de ArloLa influencia de grandes éxitos como Buscando a Nemo, en cuanto a estructura se refiere, y sobretodo la excepcional El rey León, con escenas casi calcadas de la misma, sustituyendo estrellas en la noche por luciérnagas y leones en el firmamento por apariciones espectrales, se masca en EL VIAJE DE ARLO, una producción que trata de anudar, como ya ocurriera con Brave o la taquillera Frozen, el hechizante universo de ambas casas. El problema es que, cuando quiere recuperar la esencia Disney, peca de cierto exceso de glucosa, y cuando hace lo propio con Pixar, nunca llega a atrapar la maestría de anteriores proyectos.

Esto no quiere decir que durante la travesía del simpático brontosaurio protagonista y el pequeño homínido, lo mejor de la película, no encontremos momentos de buen cine (la explicación mutua de lo que significa la familia) ni alucinemos con su abrumadora factura técnica, de una perfección visual que hace que te plantees si realmente está elaborada por ordenador. Pero hay cosas que fallan demasiado, como la falta de garra de los personajes secundarios, aquí salidos de tono, poco definidos y un tanto perturbadores (el triceratops con problemas psicológicos), o la exagerada humanización de los dinosaurios, ganaderos y expertos agrícolas. La irregularidad narrativa y el deja vù entran en juego, y una pregunta sobrevuela en el ambiente: qué habría sido de esta animación si se hubiera dejado invadir por el cine silente.

Eso sí, los infantes de la casa, los críticos que más derecho tienen a opinar en este tipo de historias, estarán encantados. Al fin y al cabo esta película está hecha por y para ellos, y cumple de sobra con el entretenimiento que buscan en las salas: es tierna, emotiva y posee un bonito mensaje de superación. La ausencia de la verdadera magia Pixar es otra historia.

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