EL RENACIDO (The revenant)

DEVORADO POR LA NATURALEZA

el renacido

El exceso de pretensiones, ya lo hemos comentado muchas veces, puede jugar en contra de un largometraje con todos los ingredientes, a priori, para triunfar en cada campo cinematográfico. La brillantez formal, característica básica de este tipo de casos, normalmente palpable en el terreno visual e interpretativo, tropieza con unos intereses no siempre calculados por parte del director en cuestión. Se busca de una forma tan indómita la perfección que, lo que tendría que resultar glorioso y fascinante, se torna brusco y reiterativo. Algo así ocurre con la última película de Alejandro González Iñárritu. Visualmente bellísima, EL RENACIDO no es, empero, la gran película que esperábamos. Tampoco es mala, ni mucho menos (decir esto sería una falacia). Es, simplemente, un buen producto, en el sentido menos halagador y más justo del término, eso sí.

Elel renacido 2 realizador de la excepcional Birdman acierta en convertir a la naturaleza (animal, paisajística y sensorial) en un personaje más. La grandeza y esplendor de los parajes, la desolación que transmiten en su amplitud y el salvajismo siempre latente acentúan este amargo relato de venganza y justicia, esqueléticamente muy parecida a la poco recordada El hombre de tierra salvaje. Los planos secuencia, marca de la casa, se muestran coherentes con la trama, subrayando el ambiente hostil y claustrofóbico que rodea a sus personajes y ofreciéndonos magnífico material como la ya famosa secuencia del ataque del oso. Y cuando surge el western sucio y crepuscular que debía haber sido desde el comienzo hasta el desenlace, la película adquiere cotas de auténtico cine (véase la escena de apertura).

Paradójicamente, y aquí empezamos con los peros, su mayor virtud (el protagonismo del entorno natural como parte existencial del propio ser humano) se transforma en un defecto importante por culpa de las ambiciones desmesuradas de Iñárritu. El cineasta adopta un tono lírico próximo al Malick más trascendental y creacionista que choca con el argumento base, de estructura mucho simple y arquetípica. El misticismo, la evocación continua del paisaje y su, en ocasiones, desesperante actitud contemplativa, merman un ritmo narrativo ya de por sí lastrado por una duración totalmente desproporcionada. Hay momentos de épica, sí, pero también de tedio y aburrimiento. Y al final, a uno le queda la sensación de que la naturaleza misma devora a la historia, las interpretaciones, comandadas por unos entregados Di Caprio (con un nivel de supervivencia que cruza la inverosimilitud) y Hardy, y la majestuosidad que encerraba el proyecto. Porque si Iñárritu hubiera controlado sus ansias perfeccionistas más kubrickianas en favor de la emoción más fordiana, El renacido podría haber sido grande. Muy grande.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: