CAROL

TIEMPO DE AMAR

CAROL

Maestro del encuadre y del detalle y director de actores con excelente olfato, sobre todo del bando femenino, el realizador Douglas Sirk es, posiblemente, el gran referente del melodrama cinematográfico de los años 50. Tanto, que su nombre se ha visto relegado en favor de sus títulos más recordados, la mayoría ignorados por la crítica de antaño, más pendiente de reprocharle su encasillamiento en el género que de valorar sus innegables virtudes. Su sentimiento trágico de la vida, así como la exacerbación del romanticismo, capaz de superar todos los obstáculos, han sido objeto de influencia en no pocos cineastas contemporáneos de renombre, desde nuestro Pedro Almodóvar (entusiasta reconocido, visible principalmente en La flor de mi secreto y, de forma más reciente, en Los abrazos rotos) pasando por el que nos ocupa, el no del todo valorado (como Sirk) Todd Haynes. Ya lo demostró en su film más laureado, Lejos del cielo, una especie de Sólo el cielo lo sabe en donde incorporaba aspectos sociales (racismo, homosexualidad) que potenciaban la carga dramática y de denuncia implícito en el film original.

CAROL 2La pleitesía que Haynes siente hacia su cine queda de nuevo patente en CAROL, su último largometraje, un sentido tributo al cine de Sirk y, como máximo exponente del mismo, al melodrama de los años dorados de Hollywood. Eso sí, añadiendo tabúes impensables hace más de medio siglo, suficientemente nobles como para merecer la aprobación del cineasta alemán. Además de calcar la paleta de colores y el buen gusto por la composición de plano, se deja empapar por sus elementos claves: el aroma de sus fiestas burguesas, en donde las copas de champán se mezclaban con la hipocresía de la comunidad norteamericana; la melodía de una pieza musical como antesala del romance; la importancia de la estación del año en el marco de la historia, una Navidad que se amolda perfectamente a la melancolía que respira la cinta; y, sobre todo, la crítica aparentemente frágil pero incisiva al american way of life. Como en Imitación a la vida o en la mencionada Sólo el cielo lo sabe, los personajes femeninos actúan y se rebelan contra lo que la sociedad les obliga a aceptar. La historia de amor entre una felina Cate Blanchett y una Rooney Mara tocada por la gracia de Audrey Hepburn, ambas inmensas, está contada con sensibilidad, desgarro, elegancia y sinceridad.

Y en su repaso por el género, Haynes se reencuentra con otro viejo conocido: el David Lean de Breve encuentro. De él asume la estructura narrativa y su capacidad de crear emoción a través de la sutileza y la insinuación, perviviendo detalles tan imperceptibles que promueven un segundo visionado. En Carol habita un cine de verdades, de miradas, de sonrisas vergonzosas que surgen ante la presencia de un amor real; un celuloide que ya no se hace, que sólo sobrevive en la memoria colectiva de los más cinéfilos.

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Una respuesta to “CAROL”

  1. Pilar Heras Says:

    La película la podría definirse como una mezcla entre la era del CROMAÑON y la época en que NY ostentaba el título de “Ciudad de referencia”.
    Muy recomendable, vais a viajar a la década de los 50. Es una delicia para los sentidos, las dos actrices trasmiten lo que sienten en su interior sin apenas mediar palabras. Nos traslada a un NY cuando era la Ciudad de referencia, para el resto del mundo, por su innovación, modernidad… y en contraposición, el tema del que trata la película estaba por decirlo de alguna forma en la era del “CROMAÑON”.

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