BATMAN V. SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA

EL OCASO DE LOS HÉROES

batman

Posiblemente, y pesar de los altibajos que ha experimentado en los últimos años (Man of Steel, el marveliano reboot de Los cuatro fantásticos), BATMAN V. SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA sea la primera gran víctima de la nueva oleada de adaptaciones cinematográficas que actualmente padece el mundo de las viñetas. Y eso que la primera hora es más que aceptable. Bien estructurada y con una buena presentación de personajes, el director Zack Snyder incide en la definición psicológica presentada por ambos personajes en el nuevo milenio (la dimensión mesiánica del heredero de Kripton y el trauma infantil del hombre murciélago como germen del héroe) y en la percepción de una sociedad que se divide entre la fe hacia los nuevos dioses y la histeria conspirativa. Nada nuevo bajo el sol, pero al menos el empaquetado, técnica y narrativamente, rezuma eficacia y cierta consistencia. Por desgracia, es aparecer el festín pirotécnico y comenzar el caos. Snyder no escarmienta y comete, punto por punto, los mismos fallos que presenciamos en su Man of Steel pero a un nivel mucho más preocupante. La solemnidad nolaniana, una vez más, se adueña de un relato que quiere abarcar demasiadas cosas, jugando en su contra un metraje de dos horas y media incapaz de sintetizar la amalgama de tramas expuestas, quedando descolgadas en beneficio de unos efectos especiales que se apoderan por completo de la función, y no en términos favorables. La excusa de dejar frentes abiertos con vistas a nuevas entregas (la premonición de Wayne, sin ir más lejos) o de tener que estar obligatoriamente familiarizado con el universo DC no cuela; aquí hablamos de garrafales agujeros de guión, de secuencias inconexas unidas por un montaje confuso y, en demasiadas ocasiones, carente de lógica y sentido. Algo serio tiene que ocurrir cuando el último tramo, por sus características dirigido de forma directa al corazón del mitómano más fervoroso, resulta apático, superficial e impersonal.

batman 2Ni Ben Affleck ni Jesse Eisenberg, las grandes apuestas del film, cumplen con las expectativas marcadas (si es que éstas, perdónenme la crueldad, alguna vez existieron): el primero, por las carencias interpretativas que definen al director de Argo, en una caracterización a años luz de la ofrecida por Michael Keaton y Christian Bale; el segundo, por convertir a Lex Luthor en un desesperante neurótico con ínfulas del Joker de Ledger. La inteligencia y maldad del antagonista, uno de los grandes villanos de la historia de los tebeos, quedan reducidas al esperpento gesticular, a la caricatura más artificial e histriónica.

Como entretenimiento ocasional, que para muchos es de lo que se trata, Batman v. Superman será un blockbuster de lo más funcional: distrae moderadamente y el empacho de luces y sonido está asegurado, a pesar de abrazar más al admirador que al público de a pie; como pieza trascendental, iniciadora con honores de una saga perdurable, objetivo marcado desde tiempos de Nolan se quiera reconocer o no, podríamos hablar de un severo fracaso. Incluso de desastre.

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