EL NOVATO

LOS AÑOS DORADOS DE LA GENERACIÓN LLAVERO

el novato

La mayor parte de las producciones que tienen como centro narrativo las relaciones que se establecen entre los jóvenes dentro del ambiente escolar suelen caer en unas estructuras lineales de pobre calado, calcadas unas de otras, siendo apreciadas casi exclusivamente por los más pequeños la casa. La reiteración, el buenismo y la pedantería de los críos protagonistas se apoderan de estos relatos conocidos por su estilo acaramelado y un happy end impuesto en cada una de las vertientes problemáticas que afligen al personaje principal. Por fortuna, la agradable EL NOVATO atina en el enfoque que adopta hacia los chavales de nuestro tiempo, la conocida ocurrentemente como generación llavero, y en la desmitificación que muestra de aquellos maravillosos años. Las primeras amistades, esas niñas de larga melena que hacían palpitar aceleradamente nuestros corazones y que quedaron relegadas al olvido, las contradicciones entre el pensamiento paterno y del infante y las diabluras propias de la edad (con sus sombras más que con sus luces) están contadas con gracia y con una vena nostálgica que, seguro, apreciarán los espectadores adultos. Acierta, además, en presentar el recinto estudiantil como una jungla disgregada y competitiva no tan diferente de la que encontrarán tras sus puertas, en donde lo importante es destacar y ascender puestos en la escala social implantada por los propios alumnos.

el novato 2No obstante, hay varios aspectos que necesitarían pulirse bastante. De la misma manera que escapa de muchos de los estereotipos de este subgénero, la película sigue presentando un aspecto exageradamente cómico de los compañeros secundarios, visible en el mejor amigo del protagonista, de un comportamiento tan irritante que llegas a entender su aislamiento forzado. Por otro lado, resulta lícito, incluso muy interesante, eliminar a los adultos de escena para incentivar el protagonismo de los adolescentes y su mundo más allá de las paredes del hogar, pero si se opta por mostrar a los docentes, aunque sea durante un limitado periodo de tiempo, que menos que cuidar un poco sus caracteres. Los contados que aparecen son mostrados con desidia: unos, totalmente ausentes de la clase escolar; otros, permitiendo actitudes descaradas (y hasta insultantes) por parte de los estudiantes. Tal vez sea una opinión más propia de mi alma pedagógica que crítica, pero no hubiera estado de más haberles otorgado una personalidad más meticulosa… y digna.

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