FELIZ DÍA DE LA MADRE

LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN

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La época de plenitud cinematográfica de Garry Marshall empezó y acabó con la taquillera Pretty Woman. Bueno, quizá tuvo otro pequeño momento de lucidez con la olvidada y cálida Frankie & Johnny, la romántica historia del ex presidiario interpretado por Al Pacino que encontraba la salvación en brazos de una bellísima Michelle Pfeiffer. Desde entonces, todo el material que ha pasado por sus manos se ha balanceado entre lo dudoso y funesto, siendo especialmente preocupante su aproximación a algunos de los días más célebres del año desde una óptica políticamente correcta comandada por la superficialidad y los excesos de glucosa. Primero fue con Historias de San Valentín; después, la terrible Noche de fin de año. Y como cenit de la trilogía, cual saga Corleone, nos llega FELIZ DÍA DE LA MADRE.

dia madre“Le va a robar la almeja de las bragas” o “Haberme puesto un sujetador para esto”, frase pronunciada por una madre que acaba de descubrir los noviazgos de sus hijas con un indio y una mujer respectivamente, son algunas de sus perlas dialécticas. Poco más se puede decir. El film se limita a calcar, punto por punto, los mecanismos expuestos en las anteriores entregas: historias entrecruzadas de familias snobs tan manidas como previsibles; humor conservador formado por equívocos familiares e inusuales mentiras “piadosas” (aquí, lo mismo das por muerto a tus padres como haces creer que les has ingresado en un hospital para dementes); un poquito de patriotismo yanqui (la escena de las niñas en el cementerio, himno incluido), y unas gotas de romance, que siempre ligan bien con el calórico refrito. Por supuesto, la celebración de marras vuelve a ser una excusa para presentar un desfile imposible de estrellas recicladas, la mayoría desdeñadas en la actualidad por el gran público, desde Kate Hudson a una insoportable Jennifer Aniston. Algo va mal, tremendamente mal, cuando un tímido guiño a la cinta más famosa del director por parte de Julia Roberts y Héctor Elizondo (flamante protagonista y director del hotel de aquélla) se convierte en el chiste con mayor gracia de la película. Lo demás, resulta muy difícil de digerir, aunque no tanto como su título en tierras argentinas: Enredadas… ¡pero felices! Pero de esto Marshall no tiene culpa alguna.

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