HIGH-RISE

HighRise

Aclamada en los pasados festivales de Toronto y San Sebastián (no así en la Muestra Syfy de Cine Fantástico, en donde no pocos espectadores huyeron despavoridos ante semejante espectáculo), HIGH-RISE pertenece a ese grupo de películas admiradas y reverenciadas por pequeños grupos de cinéfilos que no sólo me dejan indiferente, sino perplejo ante unos elogios que mi cerebro no llega a procesar. Los más entusiastas aseguran que, para descifrar las entrañas de su profundidad y riqueza conceptual, primero deberíamos acercamos a las páginas que dan forma a la cinta, basada en la novela Rascacielos del escritor J. C. Ballard. Una afirmación que no deja de ser la prueba fehaciente de que, en su traslación cinematográfica, algo se ha hecho rematadamente mal si para entender la dimensión del relato narrado es necesario acudir al material de fábrica. Porque lo que, supuestamente, en papel resulta brillante y embriagador, en pantalla se convierte en uno de los mayores despropósitos de los últimos años.

high rise 2Convencido hasta el extremo de estar confeccionando el último gran clásico de culto del cine contemporáneo, el director Ben Wheatley, defensor de la imagen frente a la palabra, juega a ser Cronenberg (la exaltación de la escabrosidad) y Kubrick (la simetría de los planos y el juego de luces) sin capturar ni pizca del talento de ambos cineastas. Incluso, se atreve a emular a Sorrentino en su búsqueda del encuadre más exquisito roto por una música que desentone con la instantánea presentada (en este caso, haciendo uso de una pegajosa nueva versión del S.O.S de Abba). Paradójicamente, olvida lo más importante: cuidar una narrativa que se torna caótica y pretenciosa, presentando unos personajes involutivos, carentes del menor interés (su enajenación parece venir más de nacimiento que de la lucha de clases), y un enfoque falsamente críptico que le permite presumir de una filosofía reservada a paladares intelectuales. Bien por ellos. Eso sí, hay que admitir su eficacia como anuncio de colonia a mayor gloria de su protagonista, el británico Tom Hiddleston. Seguro que más una empresa toma nota para la próxima campaña navideña.

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