X-MEN: APOCALIPSIS

EVASIÓN SIN PRETENSIONES

Apocalypse

El cine de superhéroes se ha convertido en una caricatura desmesurada, redundante y esquemática de los códigos que un día instauraron directores de la talla de Richard Donner o Tim Burton. Aún a riesgo de resultar impopular, es evidente que la cantidad de películas relacionadas con la temática que se estrenan anualmente (este mes, sin ir más lejos, son dos las entregas que nos llegan), disfrazadas de secuelas, reboots, crossovers y demás términos americanos, amén de un nivel de exigencia por parte de los aficionados tan elevada como disparatada (fruto, ya lo he comentado muchas veces, de El Caballero oscuro de Nolan, para muchos El padrino 2º parte del mundo de las viñetas), está pasando factura a un género conocido, desde sus inicios, con el único afán de divertir y entretener a las masas, lo cual no está reñido con alguna sorpresa maestra. Con estos antecedentes, desde una perspectiva salida de todo, seguramente X-MEN: APOCALIPSIS (enésima adaptación de los cómics creados por Stan Lee y Jack Kirby) supondrá una fuerte decepción para el público más exigente, intoxicado por los delirios de grandeza de un celuloide que poco le falta para ser considerado de autor; enfocándola como lo que es, una evasión palomitera con envoltorio de blockbuster, la mayor parte de los espectadores verán cumplidas, con toda probabilidad, sus humildes expectativas.

Y apocalypse 2eso a pesar de que la nueva aventura de los mutantes arrastra, punto por punto, los problemas que acosan a la reciente tanda marveliana (y, dicho sea de paso, a las producciones DC): una duración totalmente desproporcionada en relación al argumento base; la presencia de cameos (en este caso, del casino Lobezno de Jackman) que parecen cortometrajes aislados dentro de la propia cinta, para deleite de los fans y desconcierto del resto; y una estructura que calca la plantilla básica del género (presentación de personajes/ triunfo del mal, con la correspondiente sumisión de los héroes/ derroche pirotécnico final). No obstante, es honesta con el espectáculo que ofrece aun con la ausencia del factor sorpresa. Ahí están, para defender la función, los personajes de Mercurio, en una secuencia plagio de la anterior entrega pero igual de efectiva, y del siempre inquietante Magneto, alias Michael Fassbender, protagonista de la escena más cruel y conseguida de toda la cinta.

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