EDDIE EL ÁGUILA

PASIÓN POR EL TRIUNFO

Eddie el Águila

El cine familiar americano de los ochenta, fomentado en la fórmula bienintencionada de Steven Spielberg, incuestionable precursor del mismo, era un celuloide puramente evasivo y libre de complejos, de un conservadurismo declarado (como bien marcaba la época Reagan), tan benévolo y efectista que sólo en contadas ocasiones contó con el beneplácito de la crítica más exigente. No obstante, lo que los más estrechos de mente (quizá con razones más objetivas de las que nos gustaría reconocer, dicho sea de paso) percibieron como un estilo burdo y condescendiente, el público de entonces le demostró una fidelidad que ha traspasado la propia línea del tiempo. De hecho, la nostalgia más cinéfila y arraigada de las nuevas generaciones de críticos se traslada, paradójicamente, a esos años tan repudiados por el gremio.

Eddie el Águila 2Basada en la historia real del británico Michael Edwards, saltador de esquí e icono deportivo de la época, más por razones empáticas que triunfales, EDDIE EL ÁGUILA recupera la característica básica que imperó en este tipo de cine durante la década prodigiosa: con esfuerzo, tesón y confianza se puede llegar a conseguir cualquier meta que uno se proponga. El director Dexter Fletcher, acostumbrado a platos cinematográficos poco espesos (Amanece en Edimburgo), presiona inteligentemente todas las teclas pertinentes enfatizando, como antaño, la épica de la historia a través de unos personajes altamente carismáticos (a los que dan vida Taron Egerton y Hugh Jackman, tan pasados de rosca como enternecedores) y de una excepcional música con claras reminiscencias a otro mito de aquellos años, la melancólica e inolvidable St. Elmo, punto de encuentro, con la evidente intención de recibir el ansiado y efusivo aplauso final. Y he aquí la proeza: lejos de saturar e invocar el temido déjà vu, consigue infundir una naturaleza contagiosa y vitalista, probando que ligereza no siempre es sinónimo de simpleza. Carne de cañón en tiempos de videoclubs, Eddie el águila supone un retorno a ese cine desenfadado, cómplice y (en el buen sentido) endulzado que marcó a toda una generación. Es, dicho de otro modo, auténtico entretenimiento familiar, el más emocionante y sí, el más ochentero.

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