BEN-HUR (2016)

NO MANCILLARÁS LOS CLÁSICOS UNIVERSALES

ben hur

Salvajemente juzgada desde el momento de su concepción, aún más si cabe que el deleznable remake de Cazafantasmas, la nueva aproximación del clásico BEN-HUR, novela escrita por Lewis Wallace y origen, en 1959, del péplum por antonomasia de la historia del cine, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la cantidad (ya insoportable) de revisiones manoseadas por una industria cinematográfica que busca abiertamente un buen pellizco económico más que una creación artística respetable. Como era de prever, la película que nos ocupa, dirigida por el director de la dudosa Abraham Lincoln, cazador de vampiros (lo cual ya dice mucho de sus aspiraciones), no deja de ser un producto de connotaciones más televisivas que cinematográficas, pletórico de carencias en su comparación con la obra maestra de William Wyler. Sus decorados cartón piedra, unos efectos visuales más informáticos que humanos y, sobre todo, la sensación de que en todo momento está pulsado el piloto automático, sin acceso posible al frenesí, hacen muy fácil la elaboración de una crítica destructiva tan apetecible como, honestamente, innecesaria.

ben hur 2Algunos, posiblemente, encontrarán injusto valorar el film relacionándolo con su hermana mayor; otros, defensores de esta moda actual de resucitar historias ya narradas, considerarán que los dictámenes más negativos provienen del conservadurismo más rancio y clasicista. Las opiniones son libres, qué duda cabe, pero personalmente me resulta imposible desligar de mi retina una epopeya que forma parte de mi vida y de mi manera de entender el cine en su amplitud más megalómana. Desgraciadamente, lo que en aquella era épica, aquí es tedio, desidia. Basta contemplar la escena de las cuádrigas en ambas películas, una marcada por la fastuosidad y el realismo (tardó en ser rodada la friolera de tres meses) y la otra por los dudosos milagros de la digitalización. Y es que, guste o no, hay piezas tan sublimes que deberían ser intocables, y más si no ofrecen una variante argumental a lo ya expuesto. De Ben-Hur, Wyler dijo absolutamente todo lo que había que decir, y con una grandeza que, todavía hoy, arrasa con las emociones más sinceras del espectador.

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