SNOWDEN

SECRETOS DE ESTADO

Snowden

Incisivo, manipulador, megalómano, brillante en ocasiones y excesivo otras tantas, el cine de Oliver Stone ha removido, como si de un género en si mismo se tratara, los pilares generacionales de la reciente historia de Estados Unidos con sus desmoralizadores y ásperos retratos aniquiladores del (cinematográficamente) manoseado sueño americano, teniendo sus mayores éxitos de taquilla en el díptico inicial que ejecutara sobre la guerra de Vietnam (Platoon y Nacido el 4 de julio, tan loables como sobrevaloradas) y en la, ésta sí, obra maestra JFK, caso abierto, complejo y adictivo estudio de la supuesta conspiración gubernamental que envolvió el magnicidio del presidente Kennedy. Odiado y admirado a partes iguales, más lo primero que lo segundo, y a pesar de su irregularidad (aunque es innegable su talento, también lo son sus numerosos tropiezos), resulta digno de alabar su capacidad de incomodar y meter el dedo en la llaga en asuntos en los que pocos directores se atreverían a bucear, motivo que justifica por si solo su papel vital en la conservadora cinematografía de la época Reagan.

Snowden 2Después de las desastrosas Alejandro Magno y World Trade Center y la decepcionante secuela de su brillante Wall Street, Stone parece recobrar parte del pulso narrativo de antaño en SNOWDEN, crónica basada en la historia del ex agente de la CIA acusado de traición al Estado por filtrar documentos secretos de la NSA a la opinión pública. Amplificando la idea ya expuesta en el alabado documental Citizenfour, y amoldada cómodamente a la ideología izquierdista del cineasta, mejora el producto de origen ofreciendo una interesante retrospectiva del controvertido personaje, si bien es cierto que, en la mayor parte del metraje, y al igual que le ocurría al reportaje de Laura Proitas, vale más por lo que cuenta que por cómo está contado. A veces demasiado lineal, otras un tanto panfletaria (principalmente visible en los discursos pseudoprogresistas acompañados de música envolvente in crescendo), la forma en la que la descripción de la vida personal de Snowden, interpretado por un acertado Joseph Gordon-Levitt, devora la trama principal de espionaje se revela como el gran defecto de un largometraje con demasiado recovecos y en esencia fallido, pero no por ello desdeñable.

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