INFERNO

HOLOCAUSTO BACTERIOLÓGICO

Inferno

La mediocridad del escritor Dan Brown resulta directamente proporcional a su admirable capacidad de seguir tejiendo relatos que enganchan a los lectores menos exigentes en materia literaria. Sobre todo cuando todas sus tramas, al menos las relacionadas con su pupilo Robert Langdon, calcan estructuralmente una plantilla base (a veces, hasta diálogos) con una picardía que, a tenor de las ventas, parece no evaporarse: presentación con asesinato a investigar y protagonista involucrado; joven intrépida (relacionada siempre con el caso) se le une en la aventura; el argumento adquiere tintes apocalípticos, cortesía de un maléfico personaje omnipresente con carnet del Club Bilderberg; el desenlace, finalmente, nada tiene que ver con lo sugerido, reduciéndose a un brote esquizofrénico de un villano menor. Sí, en resumidas cuentas, las obras de Brown son auténticas tomaduras de pelo. Pero engaños con unos envoltorios tan bien manufacturados (en el sentido comercial de la palabra) y oportunistas que su eficacia, pese a quien le pese, sigue atrayendo a legiones de seguidores.

InfernoNo desvelaremos hasta qué punto INFERNO asume los apuntes sugeridos en el primer párrafo. Sí diremos que su falta de pudor permanece inalterable, así como su afán de ofrecer un producto ausente de pretensiones y bajo en calorías. La cantidad ingente de trampas, MacGuffins y giros de guion que presenta la historia, sirviéndose de supuestos códigos ocultos en obras religiosas y pictóricas y cortadas por el mismo patrón, alcanza un nivel de inverosimilitud mayor incluso del que presentaban las dos adaptaciones cinematográficas anteriores del novelista (El código Da Vinci y la estimable Ángeles y Demonios), sobrepasando, en varios momentos, el límite de lo razonable (la resolución expuesta por el personaje interpretado por Irrfan Khan roza lo execrable). Pero también, y en esto tiene mucho más que ver la mano del director Ron Howard que la de Brown, ofrece un entretenimiento tan divertidamente absurdo como frenético y lícito en su conjunto. Insignificante y olvidable, sí, pero como blockbuster de temporada otoñal cumple sobradamente.

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