DOCTOR STRANGE (Doctor Extraño)

LUJOSO ENVOLTORIO PARA LA HISTORIA DE SIEMPRE

Doctor Strange

Ya lo hemos comentado muchas veces, tantas como películas de superhéroes han surgido en estos últimos años: por obra y gracia, en gran medida, del cineasta Christopher Nolan, este subgénero se ha convertido en una especie de competición formada por dos bandos bien diferenciados (los todopoderosos Marvel y DC Cómics, respectivamente) cuyo propósito último es ofrecer la producción más ambiciosa y compleja vista hasta entonces. Se busca la supremacía total, la excelencia más absoluta, traicionando paradójicamente la aspiración básica que estas viñetas deberían ofrecer: una distracción ausente de pretensiones y directo al consumo mayoritario. Al final, contra todo pronóstico, las historias que componen este fenómeno parecen calcadas unas de otras, intercambiables entre sí, por mucho que el envoltorio sea decorado con los últimos tapices digitales. La saturación es lo que tiene, que acabas por repeler lo que antes apreciabas. Y algo así me ha ocurrido con DOCTOR  STRANGE.

Doctor Strange“Habrá perdido la objetividad”, creerán algunos. Por el contrario, pienso que en esta cualidad, detalle clave para realizar este pequeño análisis y ausente de cualquier carga nostálgica y mitómana, se halla el terreno idóneo en el que contemplar las deficiencias de un espectáculo simpático como pasatiempo momentáneo, pero que en ningún momento sobrepasa los límites del entretenimiento que proporciona por definición básica el concepto de Blockbuster. Cuando las luces de neón, fuegos de artificio y demás parafernalia desaparezcan de la retina del espectador que acuda a ver Doctor Strange, lo más seguro es que, ya reposada, descubra cómo la nueva propuesta de Marvel, auguro que endiosada por pequeños grupos de fans (ya sea por la intervención de Cumberbatch, por su simulada originalidad o, directamente, porque así lo ha dictaminado la productora de cómics incluso antes de su gestación) es más de lo mismo. Misma estructura narrativa, mismo diseño conceptual, repetición hasta el hastío de las clásicas fórmulas estipuladas. Nada nuevo bajo el sol.

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