1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

LOS HÉROES OLVIDADOS

1898

Símbolo del espíritu propagandístico de postguerra, Los últimos de Filipinas, dirigida en 1945 por Antonio Román, todo un experto en el cine bélico de la época, pasó a engrosar la lista de producciones fabricadas por el Régimen como forma de exaltar los valores puramente españolistas (declarándola, incluso, de interés nacional) a pesar de que, en el fondo, su trama, entre lo insólito y patético, demandaba un tratamiento mucho más crítico con los sentimientos patrióticos finalmente reflejados: la historia verídica de un grupo de soldados, la mayoría campesinos y agricultores sin experiencia en batalla, que lucharon en pésimas condiciones protegiendo el último resquicio de nuestro Imperio (una especie de Álamo perdido en tierras filipinas) ignorando que los mandamases, los considerados por la historia como ejemplo de dignidad y principios, negociaban, en tierra firme y provistos de honores, la venta del territorio por un irrisorio precio a Estados Unidos.

1899Más cercana a los documentos oficiales que la muy respetable primera versión, 1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS describe con gran acierto el estallido, en pleno lugar de origen, de las inquietudes y sentimientos de decepción y desarraigo derivados del desastre colonial, posteriormente traslados a unas metrópolis hastiadas de sus gobernantes y recogidos en lúcidos libretos por la Generación del 98. Magníficamente escenificada (atención a los planos aéreos y cenitales) y realizada por un director cultivado en la pequeña pantalla pero capaz de sortear, en su primera película, el temido hedor a telefilm de ocasión, su hábil manipulación de los elementos nostálgicos (la presencia de la canción Yo te diré, en la original protagonista de uno de los momentos más bellos del film; aquí, utilizada como forma de desgaste psicológico de las tropas) y el inmejorable duelo interpretativo entre las generaciones consolidadas y el nuevo plantel de actores, encabezado por un impresionante Álvaro Cervantes (el gran descubrimiento de la cinta), sobresalen en esta notable aventura a la antigua usanza, espejo de una realidad cuyos elementos más desmitificadores sobrevuelan, todavía hoy, en nuestra cada vez más dividida sociedad.

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