LA AUTOPSIA DE JANE DOE

HISTORIAS DEL OTRO LADO

Jane Doe

El cine de terror experimenta una segunda juventud. Desde que James Wan pusiera los cimientos con su memorable Insidious, y sin olvidar el repertorio nipón ofrecido por Hideo Nakata y algunos versos sueltos provenientes de tierras nórdicas, con Déjame entrar como joya mayor, son infinitas las muestras que confirman que el género, después de largo tiempo en letargo, está más vivo que nunca. Tanto el público de las producciones mayoritarias (Sinister, The conjuring) como aquellos devoradores de la vertiente más independiente (las soberbias It Follows o La bruja) han visto colmadas sus expectativas gracias, en gran medida, a la recuperación de la esencia autorial dictaminada por los instructores de la vieja escuela, siempre a la búsqueda de la originalidad a través del minimalismo y el desasosiego en aquello que, más que mostrado, queda astutamente sugerido.

Jane Doe 2A pesar de un desenlace demasiado atropellado y unos efectos especiales que demandaban más artesanía y menos digitalización, LA AUTOPSIA DE JANE DOE, nuevo exponente de este plausible resurgimiento, sabe aprovechar (y cuando quiere resultar traviesa, alterar) los tópicos habituales presentándonos una primera hora escalofriante, tan extraña como claustrofóbica, en donde su premisa, brillante, alcanza un logrado clímax de inquietud gracias al hábil aprovechamiento del escenario único en el que se desarrolla la acción, una morgue construida en los bajos de una residencia apartada del mundanal ruido. Y para incentivar la atmósfera de tan lúgubre estancia, el cineasta André Øvredal, realizador del sorprendente (y simpatiquísimo) falso documental Troll Hunter, se sirve de la construcción del misterio (basado en la sempiterna lucha entre ciencia y creencia) más que de la pirotecnia efectista propia de la temática, evocando acertadamente los viejos seriales de los años ochenta que pusieran de moda Zemeckis y sus secuaces. Escabrosa a la par que terrorífica, con una disección del horror totalmente justificada en relación al relato contado y haciendo un magnífico uso, como en Jeepers Creepers, de una críptica sinfonía venida del averno, la película se revela como un valiente y mortalmente entretenido cuento de fantasmas, enérgico a la hora de enaltecer los terrores favoritos del género.

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