JACKIE

LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE LA PRIMERA DAMA

Jackie

En un momento de la película que nos ocupa, Jackie Kennedy, alias Natalie Portman, rota de dolor por el asesinato de su marido, deambula como ánima en pena por diferentes estancias de la Casa Blanca. Aquellos aposentos que un día acogieron a altos mandatarios y fueron testigos de las más refinadas fiestas de etiqueta presencian la decadencia de la que fuera mujer del mandatario más poderoso de norteamérica. Muerto el rey, solo queda llorar a su amada reina. Aturdida por los efectos del alcohol y alguna pastilla de más y vestida con un impecable vestido de corte recto, la ex primera dama se sienta en la silla del Despacho Oval, trono del emperador caído. Posiblemente, por última vez. Desde la misma posición que tomara su difunto esposo para dirigir el país y con la voz de Richard Burton entonando el acto final del musical Camelot, tributo a los años dorados de la leyenda artúrica, asume, temblorosa y ausente, que el cuento de hadas ha llegado irremediablemente a su fin.

JackiePablo Larraín ejemplifica, en esta magistral secuencia, el espíritu trágico y melancólico de su mejor, más complejo y personal trabajo hasta la fecha. Efectivamente, JACKIE es la historia de un tiempo que pudo ser y no fue. De esperanzas y sueños desvanecidos, de hazañas esplendorosas y retos por cumplir. Y, sobre todo, de una mujer que ha perdido su sitio en el mundo.

Con la misma precisión y respeto que mostrara Stephen Frears en La Reina, y apoyándose en una prodigiosa interpretación de Natalie Portman, el cineasta compone un extraordinario, creíble y delicado retrato de una las figuras más icónicas del siglo XX, desde sus inicios en la Casa Blanca, a través de unas grabaciones en blanco y negro en las que representaba a la impecable anfitriona y los éxitos del american way of life, hasta convertirse, ya a todo color, en la también impecable viuda de América, inmortalizada con su vestido rosa Chanel salpicado de sangre y entregada contra viento y marea a preservar el legado Kennedy. “Jack -diminutivo de John- no era perfecto, pero era perfecto para el país” – Así lo recordaba Jackie, y así quería que lo recordara su pueblo. “Que nadie olvide que una vez hubo un lugar, por un luminoso y breve momento, conocido con el nombre de Camelot”.

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