KONG, LA ISLA CALAVERA

EL REGRESO DEL REY MONO

Ningún cinéfilo podrá olvidar jamás la primera vez que se encontró con King Kong en la gran pantalla. Reinvención de la fábula de La bella y la bestia, la película, protagonizada por un enorme simio de aspecto escalofriante pero corazón débil, condenado a un trágico final y enamorado locamente de una joven aspirante a actriz, poseía las características irrefutables del cine que no muere, imperecedero, capaz de sobrevivir al desgaste de los años. Como Casablanca, como ¡Qué bello es vivir!, como El gran dictador. Pasto durante décadas de infinidad de secuelas e imitaciones, carentes del encanto de la reina madre, y de un aparatoso remake a finales de los años setenta (producto del cine de catástrofes tan proclive en la época), el mito volvió a recobrar la luz de antaño a comienzos de milenio gracias a la artesanía de Peter Jackson, fan incondicional de la producción original. Su nueva versión, facturada a la antigua usanza, era fresca, grandilocuente a la par que imaginativa y atesoraba los ingredientes necesarios para transformarse, con el tiempo, en piedra angular de nuevas y paralelas entregas cinematográficas.

Más que una secuela de esta, la cinta que nos ocupa se presenta como una actualización, acorde con las demandas actuales, de la obra maestra de 1933. De hecho, la principal diferencia es que, mientras la epopeya de Jackson jugaba en el terreno de la elegancia, con una lujosa puesta en escena y y detalles cuidados hasta el extremo, KONG, LA ISLA CALAVERA apuesta por recuperar el aroma del cine de serie B que tantas alegrías dio en los años ochenta (algo que ya intentó, sin éxito, el Godzilla de Roland Emmerich), convirtiéndose, para sorpresa de todos, en la mejor traslación cinematográfica desde los tiempos de Fay Wray.

Las razones son fácilmente identificables: la primera, su falta de pretensiones, agudizada por un espíritu desenfadado, mugriento, evocador y declaradamente hortera, haciendo del entretenimiento su principal objetivo; la segunda, la hábil mezcla de géneros, combinando el cine de aventuras con pinceladas propias del género bélico (impagables las referencias visuales a Apocalypse Now de Coppola, con esos cielos anaranjados rotos por las hélices de los helicópteros y la silueta del rey mono); y, por último, su ritmo frenético, que impide que durante las dos horas de proyección el espectador se desentienda de la propuesta (con ayuda, eso sí, de cantidades ingentes de CGI). El guion no es nada del otro mundo, incluso presenta inconsistencias narrativas, pero su director sabe llevarlo al terreno del blockbuster más placentero y evasivo, consiguiendo elaborar una divertidísima montaña rusa altamente recomendable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: