EL BAR

LAS CLOACAS DEL PAÍS

Guste más o menos, se disfrute de sus excesos o se repudie su forma de entender el cine, es innegable que Álex de la Iglesia ha sabido imprimir su sello personal en todas y cada una de sus películas. De hecho, si extrajéramos una secuencia, incluso un único plano, de alguno de sus largometrajes y lo mostráramos a la vista de todos, aquellos que hemos disfrutado de sus trabajos sabríamos, al instante, que se trata de un fragmento del director bilbaíno.

Creador, pues, de un estilo inconfundible, y de algunas de las mejores cintas del cine español contemporáneo, llámense El día de la bestia o La habitación del niño (TV), su obsesión por desgranar las miserias, la codicia y putrefacción de este nuestro país se ha convertido en el eje central de sus relatos. Lo era en la magistral La Comunidad, en donde un grupo de canallas combatían como cucarachas por un pastel millonario; también, en la no menos sobresaliente (e incomprendida) Balada triste de trompeta, quizá el cuadro circense más lúcido de las dos Españas que se haya rodado nunca. Y ahora, nuevamente, en la estupenda y divertidísima EL BAR.

Y qué mejor que retratar su tema fetiche encerrando, de forma forzosa (al más puro estilo de Antonio Mercero en La Cabina, o en su defecto al Stephen King de La niebla), a un grupo de personas en una mugrienta tasca del centro de Madrid, de esas en las que el sonido de las máquinas tragaperras reverbera hasta el agotamiento, el hedor a refrito inunda cada rincón del local y cuyos aseos deberían estar precintados por los servicios sanitarios. Ejecutivos agresivos, pijas yé-yé, hipsters, vagabundos con inclinaciones proféticas y demás fauna ibérica se dan cita en un vodevil que hará las delicias no sólo de los seguidores más acérrimos del realizador, sino de aquellos que le fueron infieles por sus comentadas (y a veces, geniales) desmesuras.

Magníficamente interpretada por todo el reparto, desde la imponente Terele Pávez a los siempre geniales Secun de la Rosa y Jaime Ordóñez, y trufada del salvajismo, el esperpento y la mala leche que caracteriza cada una de sus producciones, El bar es un feliz reencuentro con los orígenes del cineasta. Y con su mejor cine.

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2 comentarios to “EL BAR”

  1. A mí también me ha gustado mucho la película. La verdad es que es interesante ver cómo reaccionamos ante el miedo y la desesperación. Los diálogos son muy rápidos y la trama se desarrolla con ligereza y de forma totalmente amena. Te engancha desde el primer momento.
    Yo también escribí mi opinión sobre la película en mi blog, por si te apetece pasarte 😉
    Ya tienes un seguidor más. Saludos!!

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