EL SECRETO DE MARROWBONE

SECRETOS EN EL ÁTICO

Hace tres años, en plena inauguración del Festival de San Sebastián, una película concentró la mayor parte de las críticas negativas de aquel día. Se titulaba Regresión y la dirigía Alejandro Amenábar, un director, hasta ese momento, encumbrado como uno de los mayores talentos de su generación. Malacostumbrados a producciones de mayor calado y pretensiones, a veces mastodónticas (Ágora), otras íntimas y evocadoras (la magistral Los otros), el público asistente quedó perplejo ante un largometraje (producido por la todopoderosa Mediaset) insólito en la filmografía del cineasta de origen chileno. Buscaban innovación y riesgo, y se encontraron con un viaje a las profundidades del folclore norteamericano y sus particulares monstruos tan incomprendido en sus planteamientos como innegablemente efectivo en sus conclusiones.

El fenómeno ha vuelto a pasar. Misma productora y escenario de presentación, mismas opiniones encontradas, idéntica calidad del producto. La sorprendentemente notable EL SECRETO DE MARROWBONE, primer trabajo del exitoso (y excelente) guionista Sergio G. Sánchez, no pretende renovar los estandartes ni los lugares comunes del género fantástico. De hecho, más que apostar por una vuelta de tuerca a la temática de casas de encantadas y seres de ultratumba, reivindica, con gran acierto, la recuperación plástica y narrativa de los antiguos y más laureados terrores nocturnos, de Henry James y sus lúgubres y epidérmicas estancias, de los juegos de luz que permiten visualizar aquello que intuimos en la penumbra, de la soledad y frialdad que respiraban las historias de fantasmas de finales de siglo XIX. Y para ello no duda en empaparse descriptivamente de la historia que le diera fama (la inteligente y celebrada El orfanato) y de algunos clásicos emblemáticos del horror fantasmagórico (Suspense y su variante ibérica, la mencionada Los otros), homenajeando, bajo las cuerdas del suspense más actual y ambiguo, la injustamente olvidada A las nueve, cada noche, una de las radiografías más lúcidas, incómodas y desoladoras proyectadas sobre el mundo inexplorado (y, si se quiere, tenebroso) de la infancia.

Dejando claro la presencia de ciertos aspectos poco pulidos, entre ellos el abuso de su preciosa partitura y un epílogo innecesariamente cándido en relación a la sordidez de la propuesta, las intenciones de esta película son realmente buenas. Y los resultados, más que dignos. Magníficamente dirigida por G. Sánchez a modo de cuento sobrenatural, a caballo entre el terror psicológico y el clasicismo melodramático, El secreto de Marrowbone es una película oscura, opresiva y triste. Pero dotada de talento. Y como en los más absorbentes relatos de misterio construidos en base a un desenlace insólito, sobrevuelan en el aire algunos conceptos morales más estremecedores que lo expuesto físicamente en la gran pantalla.

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