LIGA DE LA JUSTICIA (Justice League)

REUNIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS

Rechazada hasta por los más fieles partidarios de los míticos tebeos, Batman v. Superman: El amanecer de la justicia, la película que dirigiera Zack Snyder con el propósito de reunir, en una mismo capítulo, a los buques insignia del universo DC, no sólo significó un tremendo varapalo crítico a uno de los proyectos más ambiciosos y largamente acariciados del Hollywood coetáneo; también, el primer síntoma del desgaste de una temática que, en los últimos años, ha proporcionado más decepciones que alegrías. Confusa en el argumento, caótica en el festín pirotécnico, desternillante en sus secuencias puramente dramáticas (el momento Marta, conocido así por sus detractores, se ha convertido en una “meme” cinéfila de referencia en las redes sociales), el gran problema de la cinta radicaba en que, si nadie ponía remedio, su desacertadísimo acabado final, influido por la grandilocuencia de Christopher Nolan, estaba llamado a representar la línea audiovisual y narrativa de las próximas secuelas de la franquicia. Había que renovar el envoltorio. Y de forma inminente.

Dicho y hecho. Si los resultados no están a la altura de lo esperado, qué mejor que reparar los conceptos básicos de la saga. Paradójicamente, en su anárquica, redundante y descompensadísima estructura, tónica habitual en Snyder, un cineasta más pendiente de atiborrar la función de datos y frentes abiertos de cara a nuevas entregas que de crear una trama única, potente y sólida, LA LIGA DE LA JUSTICIA reemplaza muchas de las más afamadas pretensiones de la compañía (entre ellas, sus ya molestas influencias nolanianas: dramatismo de ocasión, montajes paralelos y apuntes mesiánicos de sus resentidos protagonistas) en favor del entretenimiento puro y duro, buscando un espectáculo limpio, directo y cómplice con toda clase de espectadores, tanto los experimentados en las intrigas enmarañadas y palaciegas de las viñetas como aquellos que solo quieren disfrutar de los placeres culpables que habitan en un buen y desinhibido blockbuster. Y todo ello condensado en unos ajustidísimos y muy agradecidos ciento veinte minutos.

No se trata, en contra de lo que pueda parecer, de calcar los patrones lumínicos, estridentes y autoparódicos de la cada vez más despistada Marvel. Siguiendo la estela de la muy divertida Wonder Woman, primera piedra angular de la ruptura con el cine de superhéroes propuesto por la mencionada Batman V. Superman, La liga de la justicia consigue, para sorpresa de muchos, tener vida propia, encauzando las aventuras hacia el ansiado equilibrio entre comercialidad y calidad. Sus defectos más llamativos, herederos del anterior episodio (el mejunje plástico y expositivo de ideas, la insípida presencia del nefasto actor -que no director- Ben Affleck, los deslices visuales propios de Snyder), quedan eclipsados gracias a su renovado fundamento: la vuelta a los raíces del género en su vertiente contemporánea, tanto en su falta de complejos, propia de los seriales televisivos de los ochenta, como en los tintes góticos y visuales del sobresaliente díptico que dirigiera Tim Burton en relación al hombre murciélago (al cual se homenajea implícitamente en forma de acordes musicales). Sin ser una película memorable, ni siquiera buena, esta nueva epopeya posee las correcciones suficientes como para trascender su mero empaquetado lúdico, constituyendo una aceptable alternativa a la cantidad de aventuras heroicas, la mayoría de ellas vacuas e insufribles, que gobiernan actualmente la taquilla mundial.

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