WONDER

HÉROES SIN ESPADA

Más allá de sus incuestionables logros cinematográficos, de la ternura que respira el relato y su insólita narrativa, más coral de lo que su premisa podría hacer pensar en un primer momento, el mayor éxito de la conmovedora WONDER, enésima actualización del inmortal Patito Feo de Hans Christian Andersen con ciertas reminiscencias a la reivindicable Máscara de Peter Bogdanovich, radica en su brillante traslación del problema del acoso escolar a los jóvenes espectadores. Sin vaselina ni tiritas, pero con la suficiente ternura como para rasgar conciencias sin dejar un poso de amargura en la audiencia. Y lo hace de la forma más inteligente posible: en lugar de localizar exclusivamente la atención en su protagonista, un niño con malformaciones en su rostro y víctima de la incomprensión de sus recién estrenados compañeros de instituto (fantástico Jacob Tremblay, descubierto en la oscarizada La habitación), el film indaga en la compleja situación de los personajes que rodean al pequeño y cómo este, al final, se acaba convirtiendo en el epicentro sobre el que giran sus decisiones y sentimientos más sinceros, aquellos que no se revelan y se guardan bajo llave.

Son personajes limpios, auténticos, pincelados sin ningún tipo de maniqueísmo ni trampas argumentales. Y en este logradísimo tratamiento destaca la descripción, sorprendente por su valentía y credibilidad, de los tres pilares fundamentales sobre los que combatir esta lacra: el núcleo familiar, representado en una maravillosa y recuperada Julia Roberts, madre entregada y firme en sus convicciones y valores; el papel de los padres de los compañeros de clase, capaces tanto de contribuir a la integración como de entorpecer el proceso educativo; y el equipo directivo de la escuela, visualizado desde una óptica más distante, pero conocedor de la situación e implacable cuando se trata de poner remedio al asunto.

Lejos de remarcar su mensaje con cantidades ingentes de azúcar, la película, dirigida con suma elegancia por Stephen Chbosky, cineasta que ya diera muestras de un inmenso talento y conocimiento de la temática adolescente en la estupenda Las ventajas de ser un marginado, huye de la sensiblería y de los discursos de carácter panfletario en favor de la naturalidad, constituyendo un certero retrato sobre el rechazo, los miedos infantiles y los silencios que ocultan el dolor más indescifrable. Pero también sobre los héroes sin espada, la pervivencia de los verdaderos amigos y la capacidad de superación ante cualquier tipo de barreras. Un cuento infantil trufado de múltiples capas que invita a la dialéctica y reflexión, siendo imprescindible su visionado y posterior debate en las aulas de colegios e institutos. En su sencilla puesta en escena, en la empatía que procesan sus coloristas y vivaces imágenes, en su sutil comicidad, se esconde una pequeña joya de enorme calado y corazón. No se la pierdan.

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