JUMANJI: BIENVENIDOS A LA JUNGLA

ACTUALIZANDO LAS REGLAS DEL JUEGO

Masacrada en su día por la crítica especializada (para comprobarlo, basta con acudir a las hemerotecas) y dirigida por el siempre eficaz Joe Johnston, artífice de éxitos como Capitán América y del intento de resurrección del cine de monstruos de la Hammer con la loable El hombre lobo, Jumanji se convirtió, gracias a su distribución en ámbito doméstico, en una de las películas más queridas por toda una generación. Razones no le faltaban: a pesar de no ser una cinta que destacara por su innovación visual, la magia y originalidad de su planteamiento (un juego de mesa que cobraba vida y era capaz de engullir literalmente a sus participantes), el carisma de su protagonista, el malogrado Robin Williams, la acertadísima oscuridad de algunos de los pasajes y su sabia recuperación del cine de serie B pasado de rosca (en tiempos en los que el género de acción estaba entregado a las altas esferas) fueron determinantes a la hora de modelar este grandioso entretenimiento, más allá de los cánones del placer culpable, deudor, como no podía ser de otra manera, de las estructuras narrativas cultivadas en los añorados años ochenta.

Había, por tanto, muchísima expectación por saber si esta nueva versión, concebida veinte años después, conseguiría recuperar parte del evidente encanto de la obra original. También recelo, mucho recelo, debido a unos avances y carteles promocionales, de nula similitud con la estética del modelo de base, que hacían presagiar un desastre de proporciones bíblicas.

Contra todo pronóstico, JUMANJI: BIENVENIDOS A LA JUNGLA se configura como un frenético y simpatiquísimo blockbuster familiar cuyos logros principales surgen de tres frentes que se alían satisfactoriamente entre sí: su condición de secuela, lo que le permite huir de los estereotipos gratuitos de los indecentes reboots y remakes coetáneos y preservar la nostalgia y el respeto por las aventuras de antaño; la ausencia de cualquier tipo de pretensión, empapándose nuevamente del carácter liviano y desinhibido de la serie B; y, sobre todo, el novedoso y acertadísimo cambio de perspectiva respecto al relato de Johnston (mientras en aquel la jungla se expandía sobre nuestro mundo, aquí son los protagonistas los que se introducen en los parajes selváticos dados a conocer por el personaje de Williams en la anterior entrega).

Interpretada con mucha gracia por Dwayne Johnson y Jack Black, actor de enorme capacidad escénica injustamente relegado a productos de desigual calidad, esta divertida gamberrada triunfa, además, en la actualización de la premisa original al transformar el tablero de mesa, obsoleto en los hogares actuales, en un videojuego acorde con las demandas de la nueva hornada de jóvenes, reproduciendo brillantemente las sensaciones, el sinsentido y el espíritu desbocado y caótico del universo virtual.

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