BLACKWOOD

LA RESIDENCIA

Una mansión de estructura gótica perdida en los páramos de un nebuloso bosque, institutrices de porte noble, rígido carácter y enigmáticas intenciones y un grupo de damiselas en apuros, inconscientes de los peligros que se esconden entre las paredes del viejo caserón. Un soporte argumental, a priori, de extremada sencillez y poca efectividad, carente de especial complejidad en la gran pantalla y, sin embargo, pletórico de sugestivas ideas cuando aquellos elementos expositivos que le rodean (ambigüedad, represión, despertar abrupto de la cándida adolescencia y fatalismo) cobran vida gracias a la extensión conceptual de su punto de partida. La residencia y Suspiria serían, posiblemente, los dos mayores logros de esta temática: primero, por la capacidad innata de perversión y morbosidad latente en el caso de la obra maestra de Serrador y de los juegos cromáticos impuestos por Argento; segundo, y esto es un mérito compartido por ambas, su sobrecogedora puesta en escena y la poética que habita en sus entrañas, impuesta por unos cineastas que, además de comprender los entresijos del misterio y la anticipación, poseen la semilla del horror en sus venas.

El director Rodrigo Cortés, basándose en una novela americana de los años sesenta escrita por Lois Duncan, artífice de éxitos juveniles, posteriormente adaptados al cine, como Sé lo que hicisteis el último verano o la reivindicable Secuestrando a la Srta. Tingle, propone en BLACKWOOD una muy interesante y sugestiva vuelta de tuerca a esta manoseada premisa (en este caso, las muchachas son el conejillo de indias de un inquietante programa educativo) eliminando la naftalina de sus páginas para regocijo de las nuevas generaciones sin que ello interfiera en el espíritu del relato. De hecho, la base sobrenatural, en donde la supremacía del Arte es capaz de rasgar las vestiduras del tiempo, supone un auténtico bombón cinematográfico lleno de posibilidades audiovisuales y narrativas (no empero, haría las delicias de la mítica Hammer), bien aprovechadas por un director que, cuando quiere, y coincidiendo con los momentos más potentes y tenebrosos del film (con referencias, intencionadamente o no, a las dos joyas citadas en el primer párrafo), huye de los clichés y los estereotipos propios del público al que va dirigido guiñando el ojo a un espectador más adulto, instruido principalmente en los dominios propios del género.

El producto final es un trabajo muy superior al repertorio teen actual de sorprendente aliento onírico, arriesgadísimas pretensiones (como muestra, su controvertido aquelarre conclusivo) y plausibles propósitos: aproximar a los jóvenes un terror menos físico y más abstracto, elegante y añejo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: