PREDATOR

A LA CAZA DEL ALIENÍGENA

Guionista de éxitos del cine de acción de ayer (la mítica Arma letal) y hoy (la reciente Dos tipos duros), el cineasta Shane Black suele exhibir, en casi todos sus trabajos, una predilección evidente por los cánones narrativos estipulados en la década de los ochenta. No es extraño, por tanto, que en la nueva PREDATOR, escrita por el propio Black junto a Fred Dekker, otra eminencia pop de la época (suyo es el imprescindible divertimento adolescente Una pandilla alucinante) y secuela tardía de Depredador, largometraje de culto para muchos amantes de la Ciencia-Ficción, apueste por recuperar los orígenes y el espíritu deliberadamente retro impuesto por John McTiernan en la pieza principal. Y es que este relato, plagado de vísceras, hemoglobina y carnicería, supone un muy entretenido homenaje a esas aventuras que tanto nos asombraron en aquellos años, a las películas que no se ruborizaban en exaltar el camorrismo, los valores pseudopatrióticos y la camadería basada en la testosterona y cuyo único propósito radicaba en ofrecer al espectador dos horas de pura y adrenalítica felicidad.

Curiosamente, este loable planteamiento, deudor de la mejor tradición de la serie B y muy gozoso en los primeros minutos, constituye, a la vez, su gran talón de Aquiles: ya sea por la nula creatividad de un guion carente de sorpresas o por la dudosa aptitud interpretativa de su elenco (salvo el estupendo nuevo “niño prodigio” Jacob Tremblay), el film no acaba de desarrollar todo su potencial inicial. Quiere ser jocoso y delirante, pero a veces se toma demasiado en serio a sí mismo; busca el frenesí continuo, pero los cortes efectuados en la sala de montaje, algunos realmente sangrantes, entorpecen en buena medida su ritmo y calidad final.

No obstante, tanto las intenciones de base como los respetuosos guiños que rinde a la cinta original, referencias directas a secuencias de aquella inclusive, sopesan los pormenores del producto. De hecho, además de poder considerarse con diferencia la mejor secuela de la franquicia (superior, en todos los sentidos, a la infame Predators, aquel engendro protagonizado en 2010 por el hoy modelo de anuncios televisivos Adrien Brody), Predator posee una cualidad única, digna de enmarcar: atreverse a desafiar, por medio de su carácter canalla y malhablado y sus ya comentadas (y agradecidísimas) dosis de casquería, la dictadura audiovisual imperante de unos tiempos magullados por la ñoñería, las sandeces moralistas y la cultura de lo políticamente correcto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: