Archive for the Críticas (Estrenos) Category

SAW VIII (Jigsaw)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on noviembre 21, 2017 by Gonzalo Contreras

COMPLETANDO EL PUZLE

Después de infinidad de secuelas, todas ellas cortadas por el mismo patrón, algunas incluso censuradas por su alto contenido en hemoglobina, la ya octología Saw se ha transformado por méritos propios (o defectos, según se mire) en una parodia involuntaria de los cimientos establecidos en sus orígenes, asemejándose a otras series cinematográficas de dudosa calidad como Pesadilla en Elm StreetViernes 13, deficiente desde su primer y bochornoso capítulo. Lejos quedan ya las intenciones de la película inaugural, dirigida por el hoy respetadísimo cineasta James Wan, imperfecta en su estructura y un tanto sobrevalorada en su supuesta originalidad pero con las trampas argumentales suficientes como para constituir un universo tremendamente apetecible para los amantes del slasher norteamericano (y del siempre recurrente público adolescente).

Siete años después del último episodio, cuyo único señuelo radicaba en la explotación de un 3D de andar por casa, los hermanos Spierig, expertos en los menesteres del horror (el próximo año estrenarán Winchester, uno de los largometrajes más esperados del género), resucitan esta rentable franquicia desgastada por la reiteración esquemática de su planteamiento. Y como no podía ser de otra manera, SAW VIII es precisamente eso: un autoplagio desmedido de sangre y amputaciones, de crímenes diseñados desde perspectivas inverosímiles (ríanse de Dario Argento y sus alucinógenos asesinatos), de delirantes tramas resueltas con un sorprendente final imposible de descifrar por parte del espectador. En este sentido, no trata de engañar a nadie.

Quienes gozaran con los anteriores episodios disfrutarán, seguro, de esta nueva carnicería, algo más comedida en lo referente a casquería y miembros desmembrados (posiblemente para evitar los mecanismos inquisidores). Por el contrario, aquellos que dieran carpetazo a mitad de temporada, pocas sorpresas encontrarán en un cinta con cierto hedor a telefilm que calca, punto por punto, los trazos y las salidas de tono propias de esta saga. Dicho esto, y sin ser una entrega por encima de la media, hay que reconocer cierta gracia en la picardía que subyace en la narrativa de sus dos historias paralelas. Nada del otro mundo y ya visto en cines, pero resuelta con una irreprochable efectividad.

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ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , , on noviembre 20, 2017 by Gonzalo Contreras

UN CADÁVER A LOS POSTRES

La primera versión de Asesinato en el Oriente Express, adaptada del absorbente relato de Agatha Christie y dirigida por un Sidney Lumet que abandonaba, durante unas horas, su cine declaradamente comprometido, era, ante todo, una vuelta a las raíces de la cinematografía clásica. El glamour del Hollywood dorado, desplazado en aquellos años por las nuevas tendencias cinematográficas (Scorsese y Coppola ya daban muestras de su talento), se volvía a palpar en cada rincón de sus ostentosos vagones, en los reconfortantes coches-cama color caoba y en las imprescindibles comidas de etiqueta, regadas con los mejores caldos y acompañadas de los majestuosos paisajes por los que circulaba el convoy. Admirablemente interpretada por un impensable Albert Finney en el papel protagonista, la película no solo se convirtió, junto a la maravillosa Testigo de Cargo, en la mejor traslación cinematográfica de una novela de la escritora británica; también, en un gozoso testimonio de lo más granado de la industria de la época, reuniendo a eminencias fílmicas en el ocaso de su carrera (la insustituible Ingrid Bergman) con prometedoras estrellas en pleno auge interpretativo (Sean Connery y Jacqueline Bisset, entre muchos otros).

Más de cuarenta años después, el director Kenneth Branagh, cineasta fascinante en los comienzos (Enrique VIII, la inmensa Mucho ruido y pocas nueces) y más inestable en sus últimos trabajos (Cenicienta, La huella), plantea en su nueva y plausible revisión de ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS una jugada a contracorriente equiparable a la perpetrada en el clásico de 1974: por un lado, la celebración de un estilo “retro” y desfasado, construyendo una película que se siente pletórica de su empaquetado envejecido y declaradamente pasado de moda; por otro, la evocación, por su carácter coral, de las producciones de antaño trufadas de reconocidos artistas, reuniendo en un mismo largometraje a actores de la talla de Michelle Pfeiffer, Johnny Depp (en su actuación más comedida en lustros) o la veterana Judi Dench.

El resultado es una estupenda adaptación delineada a la antigua usanza que, si bien no alcanza en su conjunto la maestría de Lumet, sí construye momentos de enorme interés gracias a la interpretación de Branagh, magnífico en su caracterización de un Hércules Poirot más tenue y profundo, y a la dirección impresa por el propio actor. Brillante en los detalles más distinguidos, acertada en sus licencias narrativas, totalmente amoldables al material de partida, destaca, además, por el virtuosismo del que hacen gala las mejores escenas (los diferentes planos cenitales, la inmejorable carta de presentación de sus personajes, rodada en plano secuencia desde el exterior del tren) y, sobre todo, por la atrevida resolución del caso, planificada como si se tratara de la mismísima Última Cena.

EL AUTOR

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on noviembre 17, 2017 by Gonzalo Contreras

EL QUIMÉRICO INQUILINO

Más allá de sus dilemas y su punzante análisis sobre el poder de la creación intelectual, EL AUTOR, el último y magistral trabajo de Manuel Martín Cuenca, cineasta consagrado gracias a la elaboración de un celuloide que escapa de las vanguardias establecidas, es un retrato demoledor sobre la incapacidad de algunos individuos, mediocres de sangre, para alcanzar el éxito y la plenitud artística. Si naces perdedor, mueres siendo perdedor. Los hay con suerte, como el personaje de María León, mujer de nuestro protagonista y estrella emergente en la prosa contemporánea gracias a continuos golpes de fortuna. Y luego está Álvaro, su infeliz esposo, notario de profesión y escritor por vocación, en perpetuo estado de frustración debido a la fama efímera de su cónyuge y enclaustrado, para su desgracia, en un minúsculo despacho con la única compañía de su insoportable compañero de trabajo (fracasado, como él) y de un ruidoso ventilador. Vive en su particular zona de confort, sintiéndose incapaz de dar el salto literario porque, en el fondo, conoce la aterradora verdad: ni el talento ni la imaginación forman parte de su ser.

El actor Javier Gutiérrez, enorme como siempre, compone un complejísimo personaje que hubiera hecho las delicias del director Roman Polanski. En su odisea por escribir el relato perfecto, y siguiendo los dudosos consejos de su profesor (fracasado, por supuesto, pero con la inteligencia suficiente como para aparentar distinción donde solo hay zafiedad), este quimérico inquilino decide encontrar la inspiración, la esencia de su universo dramático, en su propia comunidad de vecinos. Como buen voyeur, no duda en camelarse a la folclórica portera, espejo del chismorreo reinante en España, y en cotillear los entresijos, amorosos y laborales, de la pareja de inmigrantes con la que comparte patio interior. Todos ellos, ya lo habrán adivinado, marcados por el infortunio y la desdicha y manipulados por el autor siempre y cuando sea necesario realzar los detalles más suculentos. Todo sea por su obra magna.

Tan mordaz como satírica, tan desasosegante como perversa, la película funciona como un reloj suizo en cada una de sus vertientes cinematográficas: la dirección rezuma elegancia y predilección por los pequeños detalles; los actores están colosales (al mencionado Gutiérrez se le unen el excelente Antonio de la Torre y Adelfa Calvo, inconmensurable en su álter ego de Shelley Winters) y el guion aprovecha brillantemente los espacios cerrados en los que se desenvuelve la historia. Y como remate, el magnífico compositor José Luis Perales, experto en los asuntos del alma, engalana el esperpento con una melodía prodigiosa y extrañamente cálida que no hace más que incentivar el carácter malsano de la función. En este año que está a punto de finalizar, solo recuerdo dos propuestas españolas que me hayan convencido tanto como la cinta que nos ocupa. La primera es una impecable muestra de terror con nombre de mujer: Verónica; la segunda, la magnética y envolvente Handia. Con El autor tenemos un inmejorable trío de ases. Cine con mayúsculas, atípico, plagado de múltiples y sugerentes lecturas.

LIGA DE LA JUSTICIA (Justice League)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on noviembre 16, 2017 by Gonzalo Contreras

REUNIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS

Rechazada hasta por los más fieles partidarios de los míticos tebeos, Batman v. Superman: El amanecer de la justicia, la película que dirigiera Zack Snyder con el propósito de reunir, en una mismo capítulo, a los buques insignia del universo DC, no sólo significó un tremendo varapalo crítico a uno de los proyectos más ambiciosos y largamente acariciados del Hollywood coetáneo; también, el primer síntoma del desgaste de una temática que, en los últimos años, ha proporcionado más decepciones que alegrías. Confusa en el argumento, caótica en el festín pirotécnico, desternillante en sus secuencias puramente dramáticas (el momento Marta, conocido así por sus detractores, se ha convertido en una “meme” cinéfila de referencia en las redes sociales), el gran problema de la cinta radicaba en que, si nadie ponía remedio, su desacertadísimo acabado final, influido por la grandilocuencia de Christopher Nolan, estaba llamado a representar la línea audiovisual y narrativa de las próximas secuelas de la franquicia. Había que renovar el envoltorio. Y de forma inminente.

Dicho y hecho. Si los resultados no están a la altura de lo esperado, qué mejor que reparar los conceptos básicos de la saga. Paradójicamente, en su anárquica, redundante y descompensadísima estructura, tónica habitual en Snyder, un cineasta más pendiente de atiborrar la función de datos y frentes abiertos de cara a nuevas entregas que de crear una trama única, potente y sólida, LA LIGA DE LA JUSTICIA reemplaza muchas de las más afamadas pretensiones de la compañía (entre ellas, sus ya molestas influencias nolanianas: dramatismo de ocasión, montajes paralelos y apuntes mesiánicos de sus resentidos protagonistas) en favor del entretenimiento puro y duro, buscando un espectáculo limpio, directo y cómplice con toda clase de espectadores, tanto los experimentados en las intrigas enmarañadas y palaciegas de las viñetas como aquellos que solo quieren disfrutar de los placeres culpables que habitan en un buen y desinhibido blockbuster. Y todo ello condensado en unos ajustidísimos y muy agradecidos ciento veinte minutos.

No se trata, en contra de lo que pueda parecer, de calcar los patrones lumínicos, estridentes y autoparódicos de la cada vez más despistada Marvel. Siguiendo la estela de la muy divertida Wonder Woman, primera piedra angular de la ruptura con el cine de superhéroes propuesto por la mencionada Batman V. Superman, La liga de la justicia consigue, para sorpresa de muchos, tener vida propia, encauzando las aventuras hacia el ansiado equilibrio entre comercialidad y calidad. Sus defectos más llamativos, herederos del anterior episodio (el mejunje plástico y expositivo de ideas, la insípida presencia del nefasto actor -que no director- Ben Affleck, los deslices visuales propios de Snyder), quedan eclipsados gracias a su renovado fundamento: la vuelta a los raíces del género en su vertiente contemporánea, tanto en su falta de complejos, propia de los seriales televisivos de los ochenta, como en los tintes góticos y visuales del sobresaliente díptico que dirigiera Tim Burton en relación al hombre murciélago (al cual se homenajea implícitamente en forma de acordes musicales). Sin ser una película memorable, ni siquiera buena, esta nueva epopeya posee las correcciones suficientes como para trascender su mero empaquetado lúdico, constituyendo una aceptable alternativa a la cantidad de aventuras heroicas, la mayoría de ellas vacuas e insufribles, que gobiernan actualmente la taquilla mundial.

ORO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on noviembre 9, 2017 by Gonzalo Contreras

LA QUIMERA DEL ORO

Perfeccionista en cada plano, en cada línea de guion meticulosamente escrita, Werner Herzog pasó a la historia del celuloide, además de por un buen puñado de joyas cinematográficas, por su fama de llevar hasta límites casi neuróticos los rodajes que llevaban su sello de autor. Quizá el más famoso (junto a Fitzcarraldo, también marcado por la aparatosidad y los contratiempos) y el que mejor resume sus inquietudes más personales sea Aguirre, la cólera de Dios, versión libre de las aventuras del conquistador Lope de Aguirre por tierras amazónicas en busca de la legendaria tierra de El Dorado y su posterior declive, físico y mental, debido a las condiciones de tan peliagudo entorno. Ambición, desesperación y decadencia, conjuntadas en torno al fascinante onirismo del cineasta y a la mirada furiosa de Klaus Kinski, en continuo estado de enajenación mental, daban como resultado una de sus propuestas más fascinantes y alucinógenas, así como uno de los viajes más certeros al corazón de las tinieblas que el cine haya contemplado jamás.

ORO, último trabajo de Agustín Díaz Yanes después de nueve años sin ponerse detrás de las cámaras, recoge el guante mostrando una ampliación de las tesis ya expuestas por Herzog en su obra maestra. Eso sí, exhibiendo una especial predilección por los acordes del mejor western y la suciedad impresa en el cine del Peckinpah más amargo y derrotista. Descripción detallada de una de tantas expediciones españolas planteadas por España en busca de ciudades bañadas en oro en territorios del Nuevo Mundo, la película materializa con brillantez el ansia de los conquistadores por la gloria y la fortuna, sus anhelos y recuerdos abandonados en tierras ibéricas, el papel de una Iglesia incapaz de soltar el nombre de Dios de su boca y los infortunios acaecidos en unos parajes inhóspitos dominados por indígenas y criaturas desconocidas por el hombre.

La ira, el desarraigo y la codicia poco a poco se adueñan de la pantalla, las traiciones entre los exploradores, bajo el mando de un excelente José Coronado y con la presencia de la siempre impecable Bárbara Lennie, surgen sin necesidad de conspiraciones previas y la naturaleza, húmeda, indómita y abrasiva, se acaba convirtiendo en un personaje más, engullendo la poca humanidad que habita en sus malogrados protagonistas. Como ya ocurriera en Los últimos de Filipinas, lo mejor de esta magnífica y, a ratos, claustrofóbica epopeya, dirigida con la pasión característica de Yanes (a partir de un relato inédito del escritor Arturo Pérez-Reverte), reside en las lecturas desmitificadoras y sociales que atañen a este grupo de hombres, sin títulos nobiliarios ni riquezas, destinados allí por las altas esferas y abandonados a su suerte. Unos pobres diablos deseosos de una vida mejor que encontraron, en las antípodas del mundo, su propia autodestrucción. Y todo por una quimera.

THE SQUARE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , on noviembre 6, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS REYES DE LA SELVA

Entre copas alzadas, noches de juerga finalizadas con el resplandor del sol reflectando en el logotipo de Martini y turistas fulminados bajo el Síndrome de Stendhal, el escritor Jeff Gambardella asumía, en La Gran belleza, la batuta de maestro de ceremonias haciéndonos un recorrido por los más selectos rincones de la Italia heredada de Berlusconi. La Cara A presentaba la excentricidad que reina en estos nuevos ambientes cortesanos, dominados por mundanos felices consigo mismos por el simple hecho de existir y embriagados por el dinero, los narcóticos y la necesidad de capturar la juventud eterna. La Cara B, como contraposición, mostraba sus verdaderas caras, demacradas por la desesperación, los anhelos y los excesos de unas vidas marcadas por la hipocresía y el desenfreno. Para Sorrentino, en la Ciudad Eterna no hay cabida para aquellos que no pertenezcan a la Jet Set. Roma es por y para ellos. Para las clases pudientes. Para los reyes de la noche.

Con idénticos acordes musicales, parecida narración en forma de alargadísimos sketches y acentuando el nivel de acidez, el cineasta Ruben Östlund bucea, de un modo más sobrio y menos retórico, en el esnobismo y los falsos eruditos que asolan a la burguesía sueca en la excelente THE SQUARE, flamante ganadora de la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. Una burguesía (capitaneada por el desconocido actor Claes Bang, magnífico como ilustre -e ignorante- publicista) asqueada con aquellos que no pertenecen al gremio, que humilla a los inmigrantes que aguardan debajo de sus ostentosos hogares y ahoga sus penas en el alcohol y en pomposas cenas de etiqueta. Sus insignes componentes se creen, como afirmaba Sorrentino en su obra maestra, los amos y dueños del mundo. Y como genial telón de fondo, Östlund sitúa a los personajes en el epicentro de un museo de esculturas contemporáneas, lugar en el que un simple montón de sillas apiladas o unos montículos de tierra son considerados reflejo de la máxima expresión artística. Un arte vacuo, absurdo y vergonzante. Como sus propias vidas.

Eso sí, lejos de sopesar el dramatismo de su argumento, el director decora semejante vodevil con toneladas de malicia, sarcasmo y comicidad, a veces desternillante y abierta al gran público (el episodio del Síndrome de Tourette, impagable), otras salvaje y negrísima como el carbón (la escenificación del rey de la selva, icónico momento y culminación de las intenciones propuestas por el film). Tan indomable como insolente, esta formidable crítica a la pseudointelectualidad, el postureo y la sociedad del consumo, no apta para todos los paladares, confirma al cineasta de la también admirable Fuerza Mayor como uno de los autores más personales, mordaces e interesantes del panorama cinematográfico europeo. Y por muchos y diversos motivos (y a cada cual más noble).

LA BATALLA DE LOS SEXOS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on noviembre 2, 2017 by Gonzalo Contreras

PUNTO A FAVOR DE LA IGUALDAD

Emma Stone es la nueva novia de Hollywood. A sus 29 años y con una trayectoria formidable a sus espaldas, ha demostrado una enorme inteligencia a la hora de escoger los proyectos cinematográficos en los que participar, la mayoría vehículos de lucimiento en los que plasmar todo su potencial interpretativo en la gran pantalla. Posee carisma, dulzura cuando el argumento lo requiere y bilis cuando las líneas de guion rebosan momentos de dramatismo. El público la adora y los productores, conscientes de ello, no dudan en contar con ella para las producciones de mayor calado, ya sean minimalistas o abiertamente comerciales.

Pasada la resaca de su Oscar por la extraordinaria La La Land, momento clave en el que un intérprete puede consolidar su carrera o echar a perder lo previamente construido (recordemos casos como Kim Basinger, Whoopi Goldberg o Adrian Brody), la exitosa actriz se pasa a la comedia con tintes activistas en LA BATALLA DE LOS SEXOS, película dirigida por los artífices de la estupenda Pequeña Miss Sunshine que, a pesar de tratarse de una obra de pequeña envergadura, recoge suficientes cualidades (sobre todo morales) como para atraer la atención de no pocos académicos. Es carne de Oscar. Y ella lo sabe.

Stone da vida a la célebre tenista Billie Jean King, brillante jugadora en pista (ganó nada menos que doce títulos individuales de Grand Slam) y más aún en su defensa de los valores feministas y en la lucha por la igualdad de salarios en torneos deportivos. Como contraste misógino, en el otro lado del campo se sitúa Bobby Riggs, alias Steve Carrell, también jugador profesional y más conocido por sus extravagantes apuestas que por su innegable dominio de la raqueta. Ya sea por separado o compartiendo terreno de juego, la actuación de ambos actores, cargada de matices, con un control absoluto de la contención y la sutileza en el caso de Stone y de un histrionismo perfectamente calculado en Carrell, es, sin duda, lo mejor de una feel good movie estimable pero demasiado lineal y efectista, diseñada implícitamente para complacer al público mayoritario y para arrasar en las ceremonias de premios venideros.

Se echa en falta mayor ambición en su tratamiento, la naturalidad y el espíritu indie que sí envolvían los dos anteriores trabajos de sus directores, la mencionada Miss Sunshine y la no menos notable Ruby Sparks. Sin embargo, y teniendo en cuenta las imperfecciones de base (dar mayor importancia a la historia personal de King que al partido y su contexto social) y sus aires de telefilm, la película destaca por momentos realmente conmovedores (la bellísima escena en la peluquería, todo un ejemplo de gusto y distinción) y por unos propósitos mayores que sus resultados cinematográficos: la denuncia del machismo y la reivindicación de la libertad sexual en una sociedad en la que, lamentablemente, resultan demasiado reconocibles los hechos narrados en esta valiente y necesaria historia.