UN PEQUEÑO FAVOR (A simple favor)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on septiembre 26, 2018 by Gonzalo Contreras

PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA

Mujeres desesperadas no hubiera sido la gran serie que fue sin Wisteria Lane, el lujoso y, aparentemente, apacible barrio en el que transcurrían los hechos de la misma. Un paraíso urbanístico de una belleza innigualable, de amplias avenidas y ampulosas mansiones edificadas sobre jardines trufados de rosales y amurralladas con extensas e ilimitadas vallas blancas. No obstante, como si del Terciopelo azul de David Lynch se tratara, debajo de esas moradas de ensueño y de sus respectivos y adinerados dueños, de esas familias idílicas, odiosas por su envidiable relación parental, se podía percibir una realidad paralela mucho más abyecta, invisible ante los ojos de los demás residentes pero irresistiblemente atrayente para el espectador del serial.

Efectivamente, algo olía a podrido en aquel vecindario. Adulterio, desapariciones, secretos del pasado y pequeñas mentiras sin importancia solían ser los temas estrella que formaban parte de la escaleta de cada temporada. Tan maravillosa fórmula, no siempre aprovechada con todas sus posibilidades a escala cinematográfica, sirve como fuente de inspiración de la maquiavélica y corrosiva UN PEQUEÑO FAVOR, último trabajo del irregular cineasta Peter Feig. Pero no es la única: además de las ácidas líneas de diálogo características de la ficción creada por Marc Cherry, la cinta añade con gran astucia unas gotas de Pequeñas mentirosas (por eso de ampliar la cobertura de público), algunas dosis del cinismo del personaje de Rosemund Pike de Perdida y la osadía de las demenciales salidas de tono presentes en la infravalorada Juegos salvajes de John McNaughton, adjudicándose la doctrina máxima de esta producción: no tomarse jamás en serio así misma.

Pero lo mejor de esta estupenda y adictiva película, más allá de sus excitantes referencias de base, las cantidades ingentes de humor negro y el espléndido duelo interpretativo entre Anna Kendrick (haciendo, brillantemente, de Anna Kendrick) y una magnética Blake Lively, engalanada con fulgurantes trajes de etiqueta, se encuentra en su habilidad de sobrepasar los límites permitidos por la comedia comercial made in USA. Cuando crees que no será posible añadir más giros de guion, mcguffins ni trampas narrativas (esos flashback del personaje interpretado por Kendrick) al relato expuesto, su director y también guionista se atreve a rizar aún más el rizo llevando al paroxismo los estereotipos telenovelescos y de la novela clásica de detectives (la escena del cementerio, impagable), regalándonos con ello una (auto)parodia ágil, rebuscadísima, tan rocambolesca como desternillante, tan caótica como finalmente adorable. Y sin perder el glamour ni la elegancia, faltaría más.

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SEARCHING

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , on septiembre 25, 2018 by Gonzalo Contreras

LOS PELIGROS DE INTERNET

Por razones obvias, SEARCHING recuerda a dos trabajos recientes relacionados con la misma temática: Open windows, del cineasta Nacho Vigalondo, y Eliminado, producida por uno de los promotores de la cinta que nos ocupa, Timur Bekmambetov. Dos películas de interesantísimas posibilidades, renovadoras de los estandartes del lenguaje audiovisual y coincidentes en propósitos finales: aprovechar las nuevas tecnologías y su presencia perpetua en la sociedad del siglo XXI para ofrecer nuevos campos inexplorados en el dominio cinematográfico. Por desgracia, ninguna de las dos supo aprovechar por entero la magnitud de tan osada iniciativa. La primera, por transformar su efectiva trama en un desvarío de ideas inverosímiles en el tercer acto; la segunda, por la repetición de sus esquemas (no dejaba de ser una variante del célebre Diez negritos) y el dolor de cabeza que, finalmente, provocaba su juego virtual.

De forma sorprendente, la cinta de Aneesh Chaganty, una producción pequeña, honesta en sus pretensiones y brillante en la explotación de los recursos informáticos adaptados al celuloide, consigue hacer realidad muchas de las ambiciones perpetradas por las dos producciones mencionadas. La trama es bien sencilla: una joven desaparece misteriosamente de la noche a la mañana. Su padre, desesperado por encontrarla, decide acceder a su ordenador portátil para hallar cualquier pista que arroje luz al enigma. Lo realmente excitante de tan inocuo planteamiento, mil veces exprimido en pantalla, proviene de la narrativa emprendida por su director: toda pista, toda revelación descifrada por el progenitor (convertido, por obra y gracia de internet, en un investigador profesional), será expuesta al espectador desde los diferentes dispositivos tecnológicos que posee la familia, ampliando con ello los límites formalizados por el desgastadísimo subgénero del found-footage.

Ahora bien, sería injusto reducir sus virtudes únicamente al ámbito del thriller contemporáneo. De hecho, si por algo destaca este inteligentísimo y admirable film es por la consonancia establecida entre sus tres pilares de origen: a la resolución del caso, aderezada con vistosos giros de guion, se suman su habilidosa capacidad de empatizar con los dos personajes claves del Cluedo (gracias a la tierna y sentida descripción de su periplo personal, trenzada con reminiscencias en imagen real al prólogo de Up) y la aguda denuncia que plantea sobre la hipocresía y demagogia presente en las redes sociales, último refugio para muchos jóvenes, sobreexpuestos de forma desmedida a los engranajes virtuales, en el que vomitar unas inquietudes y miedos desconocidos en su entorno más cercano.

EL REINO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 25, 2018 by Gonzalo Contreras

LA SOMBRA DE LA CORRUPCIÓN

Con tan solo dos películas en su haber, la inmensa Stockholm y la aún más valorada Que Dios nos perdone, Rodrigo Sorogoyen se ha convertido, por derecho propio, en uno directores españoles más admirados del panorama actual. Y razones no le faltan. Eso sí, lejos de encandilar a crítica y público con películas triviales, condescendientes con los intereses del espectador, el cineasta ha conseguido semejante hazaña a través de relatos marcados por el derrotismo, la decepción y el desencanto. Relatos ásperos plagados de capas internas, de una amargura (en el buen sentido) difícilmente digerible y, sobre todo, envueltos en un apartado artístico sobresaliente.

Como era de prever, técnicamente no se le puede reprochar nada a su última producción. EL REINO, retrato de la España actual construida a golpe de sobornos, dinero negro y codicia, es una cinta realizada con clase, elegante en los matices y en su exaltada banda sonora, escurridiza en los clichés y poseedora de algunos planos-secuencia, como suele ser habitual en su artífice, resueltos con astucia y brío.

También es digno de alabar su atrevimiento a la hora de cuestionar la proximidad de los medios de comunicación a los altos rangos del país y la brillante ejecución de algunos de los episodios de la trama, la mayoría claramente identificables para todo espectador que haya estado al corriente de los trapicheos efectuados por la casta política en los últimos años. El comienzo, salpicado por delicias culinarias del mar en donde vemos a los corruptos devorar carabineros como si no hubiera un mañana, ahogados en alcohol y riéndose a carcajada limpia (entre ellos y de los contribuyentes) ante la mirada atónita de los comensales, y todas las intervenciones de una espléndida Ana Wagener, reconvertida en la presidenta andaluza Susana Díaz, tics y oratoria incluida (“Lo importante es el partido”), son momentos perpetrados con una brillantez pasmosa, a la altura del mejor cine del realizador. Pero no es oro todo lo que reluce.

Precisamente, en ese hedor a ya visto y oído es donde el largometraje encuentra un sorprendente e inesperado enemigo: es tal la fidelidad de la historia a innumerables casos de corrupción acaecidos en el territorio que, terroríficamente, impacta menos de lo que su demoledor y ambicioso punto de partida sugería sobre papel. La historia, de enorme calado y trasfondo social, resulta (demasiado) instructiva y creíble, pero pocas veces apasionante a nivel cinematográfico. Se echa en falta más riesgo, mayor capacidad de conmoción. Y cuando opta por la sátira, visible en sus últimos minutos con la aparición de la extraordinaria Bárbara Lennie (álter ego, en este caso, de la periodista Ana Pastor), emerge una inesperada sesión de moralina cortante con las formas expuestas hasta entonces. Lícita, por supuesto, pero consumada con desigual fortuna.

PREDATOR

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 12, 2018 by Gonzalo Contreras

A LA CAZA DEL ALIENÍGENA

Guionista de éxitos del cine de acción de ayer (la mítica Arma letal) y hoy (la reciente Dos tipos duros), el cineasta Shane Black suele exhibir, en casi todos sus trabajos, una predilección evidente por los cánones narrativos estipulados en la década de los ochenta. No es extraño, por tanto, que en la nueva PREDATOR, escrita por el propio Black junto a Fred Dekker, otra eminencia pop de la época (suyo es el imprescindible divertimento adolescente Una pandilla alucinante) y secuela tardía de Depredador, largometraje de culto para muchos amantes de la Ciencia-Ficción, apueste por recuperar los orígenes y el espíritu deliberadamente retro impuesto por John McTiernan en la pieza principal. Y es que este relato, plagado de vísceras, hemoglobina y carnicería, supone un muy entretenido homenaje a esas aventuras que tanto nos asombraron en aquellos años, a las películas que no se ruborizaban en exaltar el camorrismo, los valores pseudopatrióticos y la camadería basada en la testosterona y cuyo único propósito radicaba en ofrecer al espectador dos horas de pura y adrenalítica felicidad.

Curiosamente, este loable planteamiento, deudor de la mejor tradición de la serie B y muy gozoso en los primeros minutos, constituye, a la vez, su gran talón de Aquiles: ya sea por la nula creatividad de un guion carente de sorpresas o por la dudosa aptitud interpretativa de su elenco (salvo el estupendo nuevo “niño prodigio” Jacob Tremblay), el film no acaba de desarrollar todo su potencial inicial. Quiere ser jocoso y delirante, pero a veces se toma demasiado en serio a sí mismo; busca el frenesí continuo, pero los cortes efectuados en la sala de montaje, algunos realmente sangrantes, entorpecen en buena medida su ritmo y calidad final.

No obstante, tanto las intenciones de base como los respetuosos guiños que rinde a la cinta original, referencias directas a secuencias de aquella inclusive, sopesan los pormenores del producto. De hecho, además de poder considerarse con diferencia la mejor secuela de la franquicia (superior, en todos los sentidos, a la infame Predators, aquel engendro protagonizado en 2010 por el hoy modelo de anuncios televisivos Adrien Brody), Predator posee una cualidad única, digna de enmarcar: atreverse a desafiar, por medio de su carácter canalla y malhablado y sus ya comentadas (y agradecidísimas) dosis de casquería, la dictadura audiovisual imperante de unos tiempos magullados por la ñoñería, las sandeces moralistas y la cultura de lo políticamente correcto.

TODOS LO SABEN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 11, 2018 by Gonzalo Contreras

DICEN POR AHÍ…


Si por algo destaca el cineasta Asghar Farhadi, realizador de las brillantes El viajante y Nader y Simin, Una separación, ambas galardonadas con el Oscar al mejor film de habla no inglesa, es por la habilidad que posee para delinear el carácter y la naturaleza de todos los personajes que componen la acción de sus historias, extrayendo como un vampiro sus emociones y desnudando, paulatinamente, sus secretos más ocultos e impronunciables.

En TODOS LOS SABEN, además, vuelve a demostrar su obsesión de aunar luz y oscuridad en un mismo trabajo. De primeras, y más en un director de procedencia extranjera, asombra su capacidad de reflejar, de forma pulcra y minuciosa, la esencia y las costumbres de los parajes rurales presentes en nuestro país. Reconoces en todo momento a sus gentes (fantásticos Bardem, Mínguez y Lennie), esas entradas en la villa saludando, todavía en el auto, a los vecinos que se congregan alrededor de las terrazas de verano, los gritos de bienvenida y la cercanía inmediata que se establece entre familiares distanciados por el espacio y tiempo. Un Volver menos manchego, pero inconfundiblemente ibérico.

Farhadi se toma su tiempo en sacar a la luz la cara más pesimista y sombría de su relato. Primero, reúne a sus protagonistas en una velada trufada de risas y jolgorio, describiendo, al detalle, una boda pueblerina en donde sólo se respira vida, tradición y felicidad. Como buen anfitrión, y con su habitual maestría para crear estados in crescendo de tensión y desasosiego, va tejiendo la telaraña que hará tambalear los cimientos emocionales de tan idílico escenario. Lo notas en el ambiente, en los silencios repentinos de los comensales, en esa calma seca que aparece tras la celebración nupcial.

Cuando la bomba estalla, no sólo aparece en pantalla la desesperación de una madre por recuperar lo que más quiere; también, la verdadera personalidad, lastrada por el rencor y la codicia, que habita en sus parientes más allegados. De eso habla esta estupenda y muy compleja película, de las heridas no cicatrizadas, del oscurantismo que, lamentablemente, sigue existiendo en muchos pueblos de España (un tema manoseado en múltiples ocasiones, y con óptimos resultados, por el gran Carlos Saura), de los misterios de alcoba que resucitan un pasado marcado por la infamia y el dolor. “Dicen por ahí…”.

LA MONJA (The nun)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on septiembre 6, 2018 by Gonzalo Contreras

TERROR EN LA ABADÍA

El primer tercio de LA MONJA, spin off de la franquicia Warren sobre los orígenes de Valak, el ya icónico demonio protagonista de la magistral El caso Enfield, supone en en sí mismo toda una declaración de intenciones de lo que veremos en los próximos minutos de metraje: como si se tratara del mismísimo comienzo de la sensacional Drácula de Bram Stoker, los tres protagonistas (una novicia a punto de tomar sus votos, un sacerdote experto en temas sobrenaturales y un campesino residente en la región) se adentran en la profundidad de los bosques de Rumanía en busca de una abadía que, según cuentan las leyendas locales, está habitada por entes malignos. A través de planos cenitales, encuadres desgastados y tomas que harían las delicias de Terence Fisher, contemplamos la inmensidad del terreno desde una óptica claramente gótica, prestando especial atención a la estructura enrevesada y laberíntica del viejo caserón (más próximo al castillo clásico de cuento de fantasmas que a un monasterio de clausura) y su correspondiente camposanto y a la atmósfera decrépita, sombría e irreal que rodea a la morada. Más que preocuparse por una trama, aceptémoslo sin aspavientos, facturada desde la simpleza más absoluta, el director Corin Hardy antepone la escenografía plástica a cualquier otro apartado del film rindiendo un continuo y respetuoso tributo a la estética y ornamentación característica de la productora Hammer Films, reina indiscutible del género durante la mitad del siglo XX.

Y lo solventa con energía y, sobre todo, efectividad. Obviando las, por otra parte, desternillantes idas de olla de la historia (la sangre de Cristo como repelente antidemoníaco, el personaje francés convertido en el Brendan Fraser de La momia), los maniqueísmos propios de la temática y los consabidos golpes de efecto impuestos para contar con la aprobación de las nuevas legiones de seguidores del horror cinematográfico, Hardy apuesta por explorar terrenos desconocidos en la simbología del universo Warren, aportando, además de las connotaciones de la Vieja Escuela, referencias cinéfilas de carácter mefistofélico (las imágenes cristianas con la cabeza cercenada, propias de la fascinante e incomprendida El exorcista III) y virtual (las figuras estáticas de las religiosas al más puro estilo Silent Hill) y alguna que otra estampa de gran potencial (el prólogo o las apariciones del personaje de la abadesa, más aterradoras, por sutileza y misterio, que el reclamo principal de la cinta).

La película, bastante superior a su hermanastra Annabelle, resulta digna y se deja ver sin dificultad, seguramente porque el cineasta James Wan, buque insignia de esta corriente, ha supervisado la realización dirigiendo, incluso, algunas de sus secuencias más aterradoras. ¿Que no deja de ser una vil explotación de la millonaria saga? Desde luego, pero al menos proporciona, de manera efervescente y muy alocada, una hora y cuarenta minutos de escalofríos, entretenimiento y diversión.

LAS DISTANCIAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , on septiembre 5, 2018 by Gonzalo Contreras

PERFECTOS DESCONOCIDOS

La amistad, divino tesoro. Siempre, eso sí, que se mime y se impida que los estragos del tiempo hagan mella en lo que una vez fueron días regados de alcohol, juergas intempestivas y secretos revelados entre risas y lágrimas. Lawrence Kasdan, en su magistral y reinvindicable Reencuentro, ya nos mostró cómo el paso de los años podían desgastar la camaradería más inquebrantable. Con inteligencia, humor y nostalgia, pero con una brillante acidez que agudizaba los desencantos que presenta la línea que da paso a la treintena, esa etapa desconocida y ausente del término crisis pero que, en realidad, nos despierta de golpe y porrazo de la rebeldía y de los ideales propios de nuestra añorada juventud.

LAS DISTANCIAS, notable y devastadora radiografía de la disgregación de un grupo de antiguos compañeros de universidad cómplices de múltiples batallas y anécdotas, relata en carne viva y sin tiritas las heridas que se han abierto en su relación con el devenir de los años. Las personalidades de todos ellos, modeladas bajo la fiera batuta de la depresión económica de principios de siglo (podemos encontrar tanto al triunfador en temas laborales y perdedor en asuntos del amor como al parado que ha vuelto, para su frustración, a casa de sus padres), son fácil y amargamente reconocibles para el espectador. Poco queda ya de los sueños que anhelaron alcanzar, de las metas que con gran ambición se habían propuesto conseguir. Y entre tantas miradas de desengaño y situaciones incómodas, salpicadas por la decepción, el inconformismo, la falta de diálogo y los silencios sepulcrales, surge la revelación más insospechada: sin darse cuenta (o tal vez sí, aunque en el fondo se nieguen a admitirlo), los ya no tan jóvenes confidentes se han convertido en unos perfectos desconocidos.

Interpretada de forma magistral por todo el reparto, capitaneado por los siempre excelentes Alexandra Jiménez y Miki Esparbé, gran enigma del relato y acertadamente menos expuesto en pantalla de lo que en un principio podría sugerir su personaje, la debutante y ya prometedora Elena Trapé ha compuesto una película reflejo de toda una generación, terrible y admirablemente personal, hasta tal punto que es muy posible que aquellos que no hayan vivido una experiencia semejante a la descrita apenas se acerquen a la crudeza de su más que honesto planteamiento. Y es que todo en ella, desde su descripción de lo que un día fuimos y dejamos de ser a las frustraciones provocadas por el descubrimiento de haber despedido una época que ya no volverá, rezuma veracidad. Tanto que duele.