LA TORRE OSCURA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on agosto 17, 2017 by Gonzalo Contreras

EDIFICACIONES INESTABLES

Autor de algunas de las obras más importantes de la literatura moderna norteamericana, y siempre a la sombra de sus magistrales historias de corte sobrenatural, Stephen King y su amalgama de pesadillas, escalofríos y traumas de niñez han engendrado tantas sonrisas como lágrimas en formato de celuloide. Si bien varias de sus narraciones, brillantes en papel, no han encontrado una cobertura fílmica que les haga justicia (la pasadísima Ojos de fuego, El cazador de sueños), muchas se han convertido, por méritos propios, en estandarte de varias generaciones de cinéfilos, ya sea en materia de horror (El resplandor, Carrie, la reciente La niebla) o en su vertiente melodramática y de suspense (la imprescindible Cuenta conmigo o las semidesconocidas Eclipse total y Verano de corrupción). Podríamos decir, incluso, que hay una desmembramiento radical en la calidad de dichas adaptaciones. No se trata del manido “o las amas o las detestas”. Realmente, unas sobrevuelan hacia cotas de absoluta maestría, capturando hasta los dilemas sociales (y poco explícitos) expuestos en el material de origen; otras, en cambio, hacia un infierno más profundo que las lúgubres y decrépitas invenciones del escritor. El término medio en el caso de El rey del terror es, pues, inexistente a nivel cinematográfico.

LA TORRE OSCURA, primera parte de una hipotética saga de largometrajes, no sólo corrobora dicha fragmentación; también, la idea probada de que cuando una película no encuentra un equipo artístico que sepa interpretar la obra literaria el resultado puede convertirse en algo completamente opuesto a las palabras del sabio creador. Una cosa es adaptar libremente (con licencias creativas inclusive) la novela, una de las más personales e inclasificables de King, y otra muy diferente tergiversar su mensaje y espíritu. El director Nikolaj Arcel, incapaz de poner en imágenes sus desvaríos metafísicos, opta por aglutinar varios de los tomos anteponiendo los elementos más comerciales, ruidosos y característicos del blockbuster y desechando, con ello, la magia críptica de la historia, clave para dar sentido a un relato, siendo justos, de difícil traslación a la gran pantalla. Un hecho que recuerda, en términos puramente teóricos, al crimen perpetrado por Wolfgang Petersen en su infantiloide La historia interminable.

El producto resultante es un cóctel de demasiadas y no reconocidas pretensiones, menos enrevesado que el modelo original pero caótico en su estructura, que habría quedado estupendamente bajo las directrices sanas y poco ortodoxas de la serie B y que se estrella al querer jugar en ligas mayores. Como entretenimiento alternativo, eso sí, el espectador disfrutará buscando las múltiples referencias al universo del prolífico narrador camufladas a lo largo del metraje, sin duda lo mejor de la cinta: fotografías espectrales de hoteles en temporada baja, un póster de una antigua diva cinematográfica, apellidos que rememoran a viejos e inolvidables amigos e, incluso, un Plymouth Fury de 1958 con hedor a muerte en su capó.

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LA SEDUCCIÓN (The beguiled)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on agosto 10, 2017 by Gonzalo Contreras

LAS VÍRGENES SUREÑAS 

En el mismo año del estreno de Harry el sucio, el director Don Siegel y su pupilo Clint Eastwood, artífices de la misma, presentaron de forma paralela una película de claras afinidades minoritarias y de un intimismo insólito en un cineasta cultivado, principalmente, en las andanzas bélicas y el polvo mugriento del lejano Oeste. Se titulaba El seductor. Basada en el libreto de Thomas Cullinan, el largometraje, narración de los líos de faldas de un atractivo soldado de la Unión herido en combate y las señoritas de una residencia confederada durante la Guerra de Secesión americana, era una pieza de artesanía tan desasosegante como provocativa, tanto que no tardo en levantar ampollas por la perversión de algunas de sus osadas triquiñuelas (incluyendo la consumación final del despertar sexual adolescente). Divertidamente, mientras el genial pasatiempo capitaneado por Harry Callahan se convirtió en uno de los títulos más celebres de los setenta, germen de una saga de calidad descendente, El seductor quedó relegada al más injusto de los olvidos, a pesar de tratarse, con toda seguridad y compartiendo podio con la inimitable La invasión de los ladrones de cuerpos (impropia también en la filmografía de Siegel), de la obra maestra de su director.

Ya sea por inquietudes personales o por querer arañar parte de la gloria arrebatada por la incomprensión del momento (ya se sabe: si no conoces el modelo cinematográfico de base es más fácil valorar positivamente los logros de la nueva cinta, aunque estos provengan de aquel), Sofia Coppola vuelve a plasmar en imágenes las páginas de Cullinan en LA SEDUCCIÓN. El resultado es una cinta desigual pero aceptable, lastrada por la lentitud característica de su directora pero bendecida por su también identificable (y exquisita) puesta en escena, siempre a la búsqueda de un preciosismo al óleo sellado por una recargada composición de encuadre. Nicole Kidman, ya liberada del estiramiento facial que le impedía articular el gesto más sutil, encabeza una película cuyo mayor acierto radica, para sorpresa de los que esperaban una oda al feminismo de ocasión, en no desligarse expositivamente de las sabias palabras del escritor americano (y, por consiguiente, de la anterior adaptación).

En las comparaciones, eso sí, también encontramos el mayor de sus defectos. Coppola conoce la líneas literarias pero no su esencia, olvidando que, entre las paredes del viejo caserón, habitaba un relato conducido por las cuerdas del terror más gótico y embriagador, tanto en su derivación argumental como en su registro artístico (expuesto por Siegel en sus espléndidas secuencias de penumbra, iluminadas únicamente por la luz desprendida de los candelabros, propias de la mente espectral de Henry James). En su afán de endulzar la historia, liquida elementos vitales de su armadura (los flashback del protagonista, vitales para entender su personalidad canalla y farsante) y reemplaza la atmósfera de opresión y de deseos no correspondidos (incendiada, en gran medida, por la mirada turbia, acomplejada y maquiavélica de Geraldine Page) por planos decorados con flores en agua, vestimentas de emperatriz y parajes de color pastel. Un deleite, sin duda, para los fetichistas de la cineasta; una decepción, y de las grandes, para los defensores del clásico original.

ABRACADABRA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on julio 30, 2017 by Gonzalo Contreras

LA RESURRECCIÓN DEL ESPERPENTO

Sorteando la censura de la época, siempre pendiente de dinamitar cualquier idea creativa capaz de rasgar los estandartes dictatoriales del régimen, el tándem Luis García Berlanga y Rafael Azcona, director y guionista respectivamente, capturaron, en formato celuloide y desde unas raíces puramente satíricas, las costumbres, farsas e ideales morales de la España del franquismo con un talento equiparable al de otra pareja imborrable, la formada por Billy Wilder y su inseparable I. A. Diamond. Eran películas rebosantes de ingenio, inteligentemente inspiradas en la estética del neorrealismo italiano, que utilizaban enredos cómicos de una simpleza casi minimalista para explorar, con infinita mala uva, las vergüenzas de un país anclado, desde tiempos inmemoriales, en vicios infectos como la envidia, la hipocresía y la codicia.

Treinta años después de su última colaboración, y con pocos directores que hayan sabido atrapar la magia de tan honrosa filmografía (quizás, por su apego a unas circunstancias políticas muy concretas de nuestra historia), el cineasta Pablo Berger se empapa de la visionaria inventiva de los artífices de Plácido y El verdugo con una jugada similar a la emprendida por estos dos maestros en sus narraciones: partiendo de un relato nimio, casi anecdótico (la hipnosis efectuada a un macarra de barrio con las manos demasiado largas), se engendra un complejísimo y magnético juego de espejos en el que se ponen al descubierto algunas de nuestras más sangrantes realidades sociales (la lacra del maltrato de género) subrayando, con perversos y deliberados propósitos, el contexto social sobre el que se asienta el corazón de la historia (la España más cañi y retrógrada, con sus princesas de barrio y sus modelos imposibles, machos alfa y restaurantes de carretera con cegadores rótulos de neón).

Revelador en su alegato feminista, protagonizado por una Maribel Verdú titánica en su histrionismo gesticular (atención a su baile en la discoteca, todo un ejemplo de planificación escénica), y con el aroma de extrarradio tan característico del Almodóvar primerizo (especialmente de su exitosa “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, con la que comparte muchos aspectos), Berger inyecta el espíritu grotesco del esperpento consiguiendo que, en una misma escena, el espectador sienta en sus entrañas una explosión de sensaciones de toda índole posible: terror, angustia, romanticismo, humor, desconcierto. Y, sobre todo, fascinación. Como en los mejores y más lúcidos libretos de Azcona y Berlanga.

SPIDER-MAN: HOMECOMING

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on julio 27, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS JÓVENES AÑOS DE UN SUPERHÉROE

Regresa Spider-Man. Sí, otra vez. Y sí, nuevamente, en un largometraje que repasa los primeros e impetuosos años, su idiosincrasia juvenil y la posterior construcción de la personalidad que forjará su leyenda, sin por ello perder su feliz y cándido ideario adolescente. Con tan solo quince años de diferencia con la aventura de Sam Raimi (con toda seguridad, el cineasta que mejor ha comprendido, en su vertiente juvenil y épica, al hombre arácnido) y tres desde su última aparición en la convincente y romántica entrega con aires de novela gráfica The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro, el director Jon Watts retoma el personaje creado por Stan Lee como pieza clave en la colisión final de los emblemas más carismáticos de la compañía Marvel, ya anticipada en la (que me perdonen los fans por la infamia) sobrevalorada Capitán América: Civil War.

La desolación y las variantes traumáticas examinadas por Sam Raimi y Marc Webb quedan relegadas en favor de la comedia y la luminosidad en SPIDER-MAN: HOMECOMING. Siempre desenfadada y liberada de ambiciosas intenciones, funciona estupendamente en sus originalísimos juegos metacinematográficos (incluyendo un tronchante guiño al submundo del “found footage”) y en su celebración de la época estudiantil como la edad de oro del venerado superhéroe. Tom Holland, sensacional en su papel, rescata con su atolondrado comportamiento el atractivo, la rebeldía y el carácter extrovertido y trufado de hormonas desenfrenadas de los míticos quinceañeros perpetrados por la mirada de John Hughes. De hecho, la propia película es un homenaje a sus novatadas cinematográficas, a la exaltación de la escuela como lugar de conflictos, pero también como refugio último de los perdedores.

No obstante, el film, de una duración desproporcionada (nada menos que dos horas y diez minutos), adolece de los problemas de fábrica presentes en el subgénero reciente. Enseguida aparecen en escena el esquema arquetípico de estas producciones, los villanos de latón y sus tramas criminales descafeinadas y la irremediable y peligrosa sensación de déjà vu, efecto resultante de la saturación marvelita sufrida en los últimos años. Por suerte, el buen hacer de su realizador y de los intérpretes, pletóricos en participar en este juego de niños, unido al mencionado y siempre agradecido regusto ochentero, consiguen transformar esta nueva resurrección en un espectáculo limpio, simpático y de contagiosa vitalidad.

DIARIO DE GREG: CARRETERA Y MANTA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on julio 25, 2017 by Gonzalo Contreras

GREG EL TRAVIESO

Con una impresionante trayectoria de ventas en medio mundo, la colección de libros de El diario de Greg (fusión de texto y viñetas nacido de la mente “peterpaniana” del escritor Jeff Kinney) se ha convertido en una referencia vital para dos tipos de público bien ligados: los más peques de la casa, devoradores de cualquier historia repleta de aventuras y comicidad; y aquellos chavales que, en pleno paso a la adolescencia, buscan en las páginas literarias personajes que los acompañen en la aventura del crecer. Las razones de este éxito son fácilmente identificables: en contraposición con los lugares fantásticos y los enrevesados trucos de magia de autores contemporáneos como la multipremiada J.K. Rowling, el núcleo argumentativo de sus historias radica en la descripción, con sus virtudes y defectos (sobre todo defectos) de la típica (y tópica) familia norteamericana, desarrollando una serie de catastróficas desdichas en donde se subrayan, con maquiavélicas intenciones, la incompetencia de los adultos, los castigos incumplidos y, cómo no, las tecnologías como origen actual de todo conflicto paterno-filial.

DIARIO DE GREG: CARRETERA Y MANTA, noveno libro de la serie y cuarta adaptación cinematográfica de la misma, adapta al pie de la letra las andanzas del travieso personaje añadiendo, con gran picardía, toneladas de irreverencia y varios apuntes escatológicos, jugosos señuelos para que nuestros pequeños infantes quieran acercarse a las salas cinematográficas. Divertida en su crítica de las costumbres hogareñas (por momentos, parece la versión aniñada y desbocada de Pequeña Miss Sunshine), en su estereotipada visión de la influencia de las redes sociales en los jóvenes y en sus guiños hitchcockianos, más apática en sus excesos formales (toda la parte final), la película hará las delicias de sus lectores más fieles y entusiastas. Los resignados padres, acompañantes arrastrados a este evento dirigido exclusivamente a sus vástagos, disfrutarán, como premio, de las reflexiones últimas del film: el triunfo de los pilares familiares frente a cualquier adversidad. Al menos, hasta la siguiente aventura.

SIETE DESEOS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on julio 21, 2017 by Gonzalo Contreras

DESEOS SIN (IN)GENIO

Durante la década de los noventa, y en paralelo a su exitosa saga de Scream, el cineasta Wes Craven produjo una hornada de filmes de serie B (algunos incluso con reminiscencias a la productora Troma) que rescataba, con mayor y menor fortuna, el espíritu camp de afamadas series como la inquietante Historias de la cripta. La mayoría de ellas desterradas de la mente del espectador medio, sazonadas con una comicidad próxima al Freddy Krueger más desfasado y precursoras, a su vez, de una calamitosa colección de secuelas estrenadas directamente en formato doméstico, la humildad, económica y de ideas, de dichas propuestas encontró el apoyo moral de no pocos devotos del horror sobrenatural, quienes no tardaron en encumbrarlas como imprescindibles piezas kitsch de las infalibles madrugadas televisivas.

Como si hubiera sido recuperada del baúl de los recuerdos, utilizando a la descacharrante Wishmaster de columna vertebral (de hecho, posee unas conclusiones idénticas en su afán de desmentir lo visto en los minutos anteriores), SIETE DESEOS repite la jugada seriéfila de aquellos años cumpliendo, en gran medida, con las características que comparten este tipo de producciones: director de género con futuro incierto (John R. Leonetti, autor de la anodina Annabelle), actuaciones mediocres de actores semidesconocidos para el público (eso sí, con la correspondiente resurrección de viejas promesas, a ser posible del gremio del horror) y una historia con ínfulas de leyenda urbana (en este caso, la existencia de una caja de deseos con oscuros secretos) plagada de todos los clichés propios de la temática. Actualizada con los últimos aportes del cine de terror contemporáneo (la muy notable Destino final) y remarcada con ese aire a lo Gossip Girl que tanto encandila a los jóvenes norteamericanos (por algo está enfocada taquilleramente a ellos), la película no deja de ser un efectista batiburrillo carente del menor estilo. No obstante, si se mira con los ojos empapados en la dichosa nostalgia, tal vez sea gozada por aquellos que, tiempo atrás, se pasaban las horas buceando en las polvorientas estanterías de los ya inexistentes videoclubes con el propósito de encontrar el VHS con la carátula más bizarra, espeluznante y deliberadamente hortera del establecimiento.

DUNKERQUE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on julio 19, 2017 by Gonzalo Contreras

EL ÚLTIMO MAGO DE HOLLYWOOD

Una imagen puede expresar mucho más que la palabra más reveladora. Stanley Kubrick lo sabía muy bien. Siempre a la vanguardia de los últimos avances tecnológicos, desde sus primeros ensayos en blanco y negro hasta sus celebrados títulos a pleno color, demostró cómo el poder visual podía dibujar, por sí solo, el relato más embriagador y atrayente. Así, los planos simétricos, los travellings imposibles, con el uso de la Steadycam como colofón final, y el brillante uso de la paleta de colores como representación externa de los fantasmas que habitaban en sus personajes, unidos casi siempre a una portentosa sinfonía de fondo, se convirtieron en los verdaderos artífices narrativos de sus películas. Su modernismo gráfico, ahora clasicismo para algunos, rompió tantos muros en la mentalidad conservadora de la época que, lógicamente, sus detractores no tardaron en salir de sus cavernas. Megalómano, egocéntrico y sensacionalista fueron algunos de los adjetivos que, todavía hoy, resuenan alrededor de su leyenda. Calificativos, no por casualidad, atribuidos al promotor del largometraje que nos ocupa y, para algunos, digno heredero del cineasta británico: el ya imprescindible Christopher Nolan.

El realizador de Memento es, posiblemente, el último gran mago de la industria hollywodiense. Amado y odiado hasta extremos impensables, creador de un universo propio poblado por hombres murciélago, parábolas interestelares y submundos más allá del campo de los sueños, su capacidad de fabulación le ha permitido aunar, en un mismo envase, cine de autor y espectáculo con una maestría difícil de encontrar en el panorama actual. Y, como Kubrick (con el que comparte no pocos aspectos citados en el primer párrafo), es capaz de imprimir los tres pilares fundamentales que transforman las historias banales en épicas extraordinarias: innovación, riesgo y emoción. Términos presentes en la fascinante DUNKERQUE, crónica del rescate a contrarreloj de miles de soldados ingleses durante la Segunda Guerra Mundial y espejo, una vez más, de sus consabidas y (casi siempre) geniales inquietudes. Brillante incluso en sus pequeñas imperfecciones, pulida en sus chascarrillos más enjuiciados (queda claro lo que muchos sosteníamos: cuanto menos explica, más sobrecogimiento transmite), su nuevo proyecto significa un punto y aparte en la carrera del cineasta, así como su trabajo más maduro hasta la fecha y, con toda probabilidad, el que marcará los nuevos parámetros creativos de su filmografía. Y todo ello sin renegar de los grandes artesanos clásicos.

En Dunkerque no importa el qué, sino el cómo. De esta manera, las kilométricas playas francesas de la contienda son visualizadas como una especie de limbo detenido en los límites del espacio y tiempo en donde el enemigo nazi (y he aquí la gran proeza del film) se refleja como un destructor invisible, oculto entre las tiras de celuloide, alegoría final de esa presencia maligna que va devorando las páginas de Casa Tomada de Cortázar. Con escenas destinadas a clavarse de por vida en la retina, el visionario director ha engendrado un mastodonte de tan solo 104 minutos de duración en el que la milimétrica composición de los encuadres y planos, vibrantes de un inspirador patriotismo administrado en sus justas dosis y acompañados por una claustrofóbica partitura de Hans Zimmer, altera los nervios del público hasta el punto de mantener la sangre en un perpetuo estado de ebullición. Una odisea bélica difícil de describir, pero inmensamente placentera de experimentar.