LA MOMIA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on junio 9, 2017 by Gonzalo Contreras

NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS

Acuñado bajo unas señas de autor claramente identificables (castillos edificados sobre tétricas colinas, relámpagos que aventuraban peligros inimaginables, criaturas de la noche cuyos maléficos rostros se descubrían nada más aparecer la luna llena en el firmamento) y disfrazado de una deliciosa teatralidad que ocultaba las carencias materiales propias de la época, el universo que creara, allá por los años treinta, la productora Universal a partir de los relatos de monstruos más celebrados de la literatura fantástica constituye, inequívocamente, los cimientos sobre los que se asientan los orígenes del mejor cine de terror. Inadaptable en nuestros días, principalmente por su estética evidentemente trasnochada y una libertad creativa incomprensible en la industria actual, su inolvidable colección de películas (con el díptico de Frankenstein de James Whale a la cabeza) se ha convertido en la última víctima de la enfermiza moda hollywoodiense de actualizar, o más bien explotar, cualquier producto de antaño respaldado por el gran público. Eso sí, como era de suponer, y a pesar de venir presentada por un trailer en el que se recogen, a modo de collage, escenas míticas de sus mejores propuestas, cualquier parecido de esta nueva hornada de films con los clásicos originales es, y será, fruto de la pura casualidad.

LA MOMIA (primera entrega de este dudoso repertorio) nada tiene que ver con las evocadoras fantasías perpetradas por la compañía décadas atrás más allá de su protagonista de ultratumba, asemejándose más al cine espectáculo de acción y, por ende, a la aventuras familiares influidas por la imaginería spielbergiana que dirigiera Stephen Sommers a principios de milenio (las muy divertidas The Mummy y Van Helsing). El problema, además de la decepción ocasionada por tan engañosa publicidad y la falta de respeto hacia su hipotético modelo de base, es que patina de forma estrepitosa en los tres frentes en los que, supuestamente, debería destacar: la pésima ejecución de sus escenas trepidantes, redondeadas, cómo no, por cantidades desorbitadas de CGI; un humor que produce auténtica vergüenza ajena (visible en los chascarrillos y alusiones sobrenaturales a la genial Un hombre lobo americano en Londres); y, sobre todo, su infame intento de llevar las mencionadas monster movies a una dimensión próxima al celuloide de superhéroes facturado por Marvel y compañía, una decisión que sólo se puede entender desde una vertiente puramente económica y que, seguro, provocará urticaria entre los seguidores más devotos de este subgénero.

Plagada de tópicos y situaciones mil veces manoseadas, sólo el narcisismo que procesa un exultante Tom Cruise, rey declarado de la función y contagiado por la euforia del Síndrome de Peter Pan, evita que la producción caiga en el mayor de los desastres.

AMERICAN PASTORAL

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on junio 9, 2017 by Gonzalo Contreras

ADIÓS, QUERIDA AMÉRICA

Su traducción en países latinoamericanos no deja margen de duda: AMERICAN PASTORAL, primer trabajo como director de Ewan McGregor es, efectivamente, una crónica más sobre el fin del sueño americano. El American way of life, tan endiosado en los añorados años cincuenta, queda reducido a cenizas en un film que juega a enaltecer, de forma astuta y nauseabunda, los ideales y ambiciones propios de este concepto, presentándonos a una pareja bendecida, cual reyes del baile de graduación, con los mejores dones (él, brillante hombre de negocios y héroe por su pasado deportivo; ella, flamante y envidiada belleza local) y cuyo paraíso de verdes parajes y tardes de campo se derrumba por el talante problemático de su única hija aquejada, además, de un severo Complejo de Edipo.

A pesar de la falta de riesgo habitual en una ópera prima, McGregor imprime carácter y un contundente pulso narrativo sorteando hábilmente los tintes sórdidos de una cinta que, en otras manos, podría haber derivado en un melodrama de amplias desviaciones folletinescas. Su enorme dureza psicológica, la sutileza (perturba más por lo que da a entender que por lo que muestra) y el buen trabajo de su elenco, principalmente de una irresistiblemente desquiciada Jennifer Connelly, componen un producto final imperfecto, sí, pero poseedor de los aciertos suficientes como para rasgar conciencias y nuestros ideales más personales.

Su mayor lastre reside en la comparación con la obra literaria, firmada por la sugestiva y afilada pluma de Phillip Roth. Más esclarecedora y determinante en la unión de la tragedia familiar con su contexto histórico, potencia, hasta extremos sublimes, el gran acierto de su adaptación: la devastadora desmitificación social y moral de los convulsos años sesenta. Representados casi siempre bajo una aureola de felicidad y aires libertarios, el relato no duda en mostrar, en carne viva y sin tiritas, las heridas psicológicas de aquella época a través de los llamados hijos del baby boom, niñatos malcriados, egocéntricos y con aspiraciones de andar por casa seducidos por sectas pseudopacifistas origen, con el tiempo, de la consumación final de la América de los sueños y oportunidades acariciada por sus progenitores.

CAPITÁN CALZONCILLOS: SU PRIMER PELICULÓN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on junio 5, 2017 by Gonzalo Contreras

EL VALOR DE LA AMISTAD

En una cinematografía animada en alza, vitoreada en la actualidad por la critica especializada y dominada por los subtextos narrativos de Pixar y la complejidad del imprescindible Studio Ghibli, se echa en falta producciones que piensen, exclusivamente, en los más pequeños de la casa. En este sentido, la cada vez más efervescente Dreamworks reina por encima de cualquier otra productora. Sus aventuras por ordenador, la mayoría parodias caricaturescas carentes de cualquier tipo de pretensión y embrollos intelectuales (véanse Madagascar, la reciente El bebé jefazo o la superior Shrek), han sabido solventar la ligereza de sus historietas (al menos desde una perspectiva madura) por toneladas de artillería cómica y visual, gracias a la búsqueda de una diversión descifrable únicamente desde los códigos del público infantil.

Fiel adaptación de los libros homónimos escritos por Dav Pilkey, distribuidos en España de la mano de la editorial Barco de Vapor, CAPITÁN CALZONCILLOS: SU PRIMER PELICULÓN sigue, punto por punto, la estela de las últimas producciones de la compañía ofreciendo un producto vacío de contenido (no deja de ser una sucesión de sketches sin hilo argumental definido) pero irresistible en su contagioso optimismo. Y, por supuesto, en su reivindicación de una animación puramente clásica, propia de la inventiva de Charles M. Schultz, formada por amigos inseparables, profesores malévolos, barrios donde el verano parece residir de forma perpetua y tardes de juerga en envidiables casas construidas en los árboles.

Poniéndonos en la piel de nuestros vástagos, esta producción, brillante en el colorido y muy divertida en su afán escatológico, funciona a las mil maravillas: es tierna, amena y fomenta incansablemente los valores de la imaginación y la amistad (tan desgastados en nuestros días). Y cuando guiña el ojo al público adulto, obtiene resultados igual de plausibles, principalmente por sus ocurrencias metacinematográficas (las puyas a las webs de opinión de cine) y en su sutil pero afilada crítica a la deficiente situación del sistema educativo.

PIRATAS DEL CARIBE: LA VENGANZA DE SALAZAR

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , on mayo 22, 2017 by Gonzalo Contreras

EN AGUAS INESTABLES

Contra todo pronóstico, una epopeya de piratas y bucaneros, cuyo origen argumental nacía (agárrense) de una barraca de feria de Disneyworld, se convirtió, por derecho propio, en el gran éxito estival de 2003. Se titulaba Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra. La brillante conexión de elementos narrativos, fusionando el homenaje al cine clásico de aventuras más familiar (algo que intentó atrapar, sin éxito, Roman Polanski en su fallida Piratas) con aspectos de rango sobrenatural, su frenético ritmo, marca del director Gore Verbinski, y un Johnny Depp en su salsa (fue, justamente, nominado al Oscar por su caracterización de Jack Sparrow) obraron el milagro y transformaron esta historia ridícula sobre papel en un espectáculo extraordinario, directo al corazón de nuestro niño interior, tanto que marcó a toda una generación de chavales e impulsó, cómo no, la pertinente sucesión de innecesarias secuelas.

Las dos primeras, prolongación de la trama original, de irrecordables sobrenombres y excelsa duración, incidían en la vertiente mastodóntica y circense de la original con sus correspondientes pros (montaje trepidante, carisma de personajes ya reconocibles por el público) y contras (falta total de lógica interna). La ya penúltima, en cambio, supuso uno de los despropósitos más sangrantes que se recuerdan en la industria actual, tan terriblemente mal resuelta que parecía que, con ella, habría llegado el punto final de la saga. Pero sus cifras en taquilla eran demasiado golosas como para dar carpetazo a tan apreciado manjar.

Una de las cosas más positivas que se puede decir de PIRATAS DEL CARIBE: LA VENGANZA DE SALAZAR es que sí, para regocijo de los fans, esta quinta entrega de la multimillonaria fórmula es más potable que la funesta e inconexa aventura coprotagonizada por Penélope Cruz. De hecho, y aquí radica su acierto más visible, retoma no sólo la trama de la trilogía inicial, sino también su espíritu fanfarrón, veraniego y declaradamente nostálgico y bonachón. Eso sí, también posee las deficiencias propias de un esquema vilmente explotado. Redundante en su esquema, con momentos y diálogos capaces de sonrojar al espectador menos exigente (el cameo de Paul McCartney, la inenarrable escena de la boda, la necesidad de atribuir aventuras irrisorias a célebres personajes históricos), la película, ausente de cualquier sugestiva sorpresa, parece como si se hubiera ido inventando sobre la marcha. Pero si hay algo que resulta asombroso, y no precisamente en el buen sentido, es comprobar cómo lo mejor de la primera parte es, aquí, el detalle más irritante. Me refiero a la insufrible interpretación del mismísimo Depp, en otros tiempos actor capaz de dotar a sus personajes de una inquietante y cautivadora personalidad, hoy fiel reflejo en pantalla de los excesos (internos y extracinematográficos) y el encasillamiento interpretativo.

DÉJAME SALIR (Get Out)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on mayo 17, 2017 by Gonzalo Contreras

ADIVINA QUIÉN VIENE ESTE FIN DE SEMANA

Pocos autores literarios han captado, con tanta maestría, la maldad y el doble rasero del ser humano como el norteamericano Ira Levin. Sus ambientes idílicos descritos, rebosantes de flores en agua, vecinos edulcorados y barrios color pastel, eran, en realidad, la tapadera perfecta en la que se ocultaban auténticos monstruos de fachada cándida e inteligencia diabólica. Visionario y crítico con los nuevos estilos de vida burgueses, ofrecía un tipo de suspense, adecuado en la cotidianidad, tremendamente innovador en la América de finales de los sesenta, corrompiendo (para disgusto de los sectores más retrógrados) el reverenciado sueño americano e instaurando, de rebote y por medio de Roman Polanski (suya es la novela que daría germen a la obra magna del director, La semilla del diablo), los cauces que empezaban a descubrirse en la cinematografía de terror de la época.

Variante de uno de sus libros más representativos, The Stepford wives, la sugerente DÉJAME SALIR se deja empapar, en sus mejores momentos, de la esencia paranoica y de apariencias visualizada por el genial escritor, jugando sus bazas en dos temáticas muy concretas: el horror y la comedia. En una de ellas obtiene resultados óptimos; en la otra, bastante discutibles.

Como relato de género, la película, reverso tenebroso de Adivina quien viene esta noche, la magistral obra que protagonizaran unos otoñales Spencer Tracy y Katherine Hepburn (y cuyas intenciones eran, divertidamente, opuestas a las aquí narradas), destaca por la ejecución de las escenas de tensión, en verdad brillantes, y su capacidad de crear desasosiego haciendo uso de los mínimos elementos. Es inquietante, angustiosa y realmente perversa si se lo propone, detalles que se agudizan gracias a la lúcida descripción que realiza de la sociedad norteamericana post-Obama y su hipocresía en cuestiones de índole racial (sin duda, lo mejor del film). En cambio, cuando juega en el terreno de la sátira y olvida (intencionadamente o no) los patrones marcados por autores como Levin, la firmeza de la propuesta desaparece en favor una comicidad incompatible con los escalofríos dibujados hasta entonces. Un humor estereotipado, en ocasiones zafio, propio de la black comedy estadounidense. Lo que para muchos será el contrapunto ideal para una historia que, ya en su clímax final, se torna delirante y exagerada (su otro talón de Aquiles), para otros, entre los que se encuentra el que esto suscribe, se convierte en un lastre que impide al largometraje apuntar hacía cotas más elevadas. Y, desde luego, revolucionarias.

ALIEN COVENANT

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 10, 2017 by Gonzalo Contreras

SIN RASTRO DEL OCTAVO PASAJERO

Recuerdo, con especial nitidez, la primera vez que vi Alien, el octavo pasajero. Era una gélida madrugada de Nochevieja y yo, con apenas 8 años (siempre fui muy precoz en los menesteres del terror) me moría de curiosidad por descubrir qué se escondía en una película que había conseguido, para mi asombro, la máxima puntuación en la sección televisiva del periódico dominical, algo impensable en un género vapuleado desde siempre por la crítica especializada. Prometía gritos, noches en vela, incesantes momentos de angustia y congoja. A caballo entre la actualización del cine de monstruos de los años cincuenta y la reformulación de los viejos seriales basados en la temática de caserón con espeluznante inquilino trasladado al espacio exterior, la corpulencia de su puesta en escena, así con la asfixiante verosimilitud de sus imágenes, dejaron clavado en el sofá a aquel niño de mente inquieta pero demasiado inocente como para soportar las carnicerías perpetradas por tan emblemático xenomorfo. Su habilidad para introducirse en nuestros miedos, sugiriendo más que mostrando el germen del horror, crearon en mí un estado de desasosiego desconocido hasta entonces. Y, por supuesto, de abrumadora fascinación.

Revisionada hasta la extenuación (siendo capaz de agilizar algunos de sus diálogos en mi memoria), la cinta, a día de hoy, no ha perdido un ápice de su esencia, de su abrasadora fuerza. Al contrario, la gran cantidad de productos alternativos originados de su éxito (es, junto con Psicosis y El exorcista, el largometraje más mancillado del género), la magnífica dosificación del suspense y la dirección de un Ridley Scott en plena forma, palpable en sus innumerables hallazgos visuales, han otorgado mayor poder si cabe a esta aterradora fábrica de pesadillas nocturnas. Desgraciadamente, ni sus secuelas (a excepción de la primera, la muy divertida Aliens) ni su spin off, la fallida (aunque digna) Prometheus, han estado a la altura de un relato, siendo justos, difícilmente superable.

En principio, ALIEN COVENANT, nuevo capítulo de la saga, nace con el propósito de subsanar los errores acaecidos en pasadas entregas, demandado una vuelta a las raíces y a los terrores que habitaban en los pasillos de la inolvidable nave Nostromo. Al menos, así nos lo habían vendido. No obstante, y contra todo pronóstico, Scott traiciona el espíritu de la original (las monster movies de Serie B ya mencionadas) en favor de la ampulosidad y los derroteros filosóficos y pseudoexistencialistas marcados en la anterior precuela. Un tremendo error que se acentúa por el descontrol de temas y la falta de identidad que el director proyecta sobre la pantalla: por un lado, con sus pícaras referencias a la película madre, sustituyendo su atmósfera gótica y malsana por coletazos del gore más digitalizado y menos impactante; por otro, con la aproximación que efectúa, en forma de falso homenaje, a la aventura de James Cameron, aportando una nueva y decepcionante heroína al aquelarre alienígena. Las dudas sobrepasan a las respuestas, las que menos interesan (al realizador, no a los curiosos espectadores) se olvidan en la sala de montaje (muy propio en el cine de Scott) y, al final, este batiburrillo de géneros, sin un núcleo sólido al que aferrarse, acaba jugando en tierra de nadie. Queda, eso sí, un empaquetado visual deslumbrante, pero completamente hueco. Los gritos en el espacio, nuevamente, tendrán que esperar.

EL CÍRCULO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 5, 2017 by Gonzalo Contreras

LA CARA OCULTA DE INTERNET

¿Se acuerdan de El show de Truman, la fábula de Peter Weir antesala cinematográfica del inefable y archiconocido Gran hermano? Estrenada en 1997, supuso una revolución por motivos que sobrepasaban los parámetros marcados por el celuloide: con enorme inventiva, y apoyada en un espectacular guion del, en otros tiempos, intuitivo Andrew Niccol, proponía un escenario demoledor en el que un individuo cualquiera, elegido por las manos del azar, podía convertirse en una mera atracción de feria televisiva por obra y gracia de los todopoderosos índices de audiencia. A pesar de que la calidad artística de la película sigue siendo incuestionable, con la hegemonía de internet, principalmente de las estructuras sociales, muchas de sus espeluznantes conclusiones se han difuminado por una causa más aterradora si cabe: gran parte de sus profecías, surrealistas entonces, son un hecho visible y constatable en la desvirtualizada sociedad actual.

Dos décadas después (y ya curados de espanto), EL CÍRCULO propone un ejercicio complementario al planteado por Weir en su excelente distopía, añadiendo los ingredientes informáticos propios de la era digital; ¿qué ocurriría si, en pos de la trasparencia, y de forma totalmente voluntaria, abriéramos la ventana de nuestra vida las 24 horas del día? ¿Las nuevas tecnologías podrían originar, definitivamente, la muerte de la privacidad individual y una transmutación de los sistemas dictatoriales?, son algunas de las preguntas que plantea un film de premisa tentadora, pero de resultados poco consistentes por términos puramente cinematográficos. La falta de personalidad de la cinta (adaptación del típico y mediocre best-seller del momento), su dudosa realización, más pendiente de rascar los triunfos conseguidos por la visionaria Black Mirror que de otorgar coherencia al conjunto, y el pésimo trabajo de su protagonista absoluta, la siempre sobrevalorada Emma Watson, entorpecen las brillantes ideas que, muy en la lejanía, se dejan percibir. No obstante, las reflexiones morales que presenta, todas relacionadas con los peligros que conllevan las redes sociales, de trasfondo perturbador y más creíbles de lo que su estética sensacionalista puede hacer creer, generan un debate tan interesante y efectivo que subsanan, en gran medida, su condición de mero entretenimiento ocasional.