Archivo para Alberto Rodríguez

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on septiembre 22, 2016 by Gonzalo Contreras

HISTORIA DE UNA MENTIRA

Hombre

Espía a la antigua usanza, de gabardina impoluta, gafas de sol perennes y cigarrillo en los labios, por pose o vicio, Francisco Paesa pasará a los anales por robar a Luis Roldán el protagonismo, en todos los sentidos, de su infame historia. Pieza clave de los servicios secretos españoles allá por finales de los ochenta, resentido con un Gobierno que le había echado a patadas en sus horas más bajas, encontró en la figura del ex director de la guardia civil un inesperado balón de oxigeno que aliviaría sus dos ambiciones más inmediatas: volver a acumular la fortuna de antaño y ejecutar una venganza contra el sistema que le había traicionado (ríete tú de los desvaríos confabuladores de John le Carré). La crónica de sus hazañas adopta el formato de celuloide gracias a EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS, soberbia aproximación a la figura de este mago de la manipulación y la apariencia. Dirige Alberto Rodríguez, sinónimo desde hace ya varios años de solvencia y calidad.

Hombre mil carasDespués de descubrirnos la cara oscura que se escondía tras los cánticos y rebujitos de la Expo del 92 en Grupo 7 y la insólita América profunda que habitaba a orillas de las marismas del Guadalquivir en esa obra maestra titulada La isla mínima, Rodríguez, empeñado en escarbar en los cimientos desgastados de nuestra democracia, cierra con este largometraje su particular trilogía sobre la historia negra de España. La actual, criada supuestamente bajo los estandartes de la libertad y la honradez. Y lo hace, nuevamente, con una personalidad desbordante, ingenio y credibilidad. Añadiendo buenas dosis de farsa a la opereta, el director juega a su antojo con los sucesos descritos haciendo que estos brillen en pantalla, apoyándose en un, como siempre, magistral elenco interpretativo (desde Eduard Fernández, portentoso y metódico, pasando por un excepcional Carlos Santos, capaz de humanizar a un pieza como El Algarrobo) y en un estilo narrativo y visual que recuerda, y mucho, al mejor thriller argentino coetáneo (la picaresca tiene acento español).

Anuncios

8 APELLIDOS CATALANES

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on noviembre 19, 2015 by Gonzalo Contreras

EXPLOTANDO LA FÓRMULA MILLONARIA

Ocho apellidos

Cuando una secuela nace con el simple pretexto de aprovechar el tirón comercial de su antecesora, mal camino llevamos. Ejemplos de ello, lamentablemente, se cuentan por doquier. De hecho, esta iniciativa universal para muchas productoras tiene gran parte de responsabilidad en el famoso dicho, no siempre cumplido, de “segundas partes nunca fueron buenas”; ante el festín económico, qué mejor que explotar la gallina de los huevos de oro, y más si todas las papeletas parecen “cantar” un éxito asegurado.

NOcho apellidos 2i dos años han pasado desde que las salas de cine españolas se llenaran masivamente de gente deseosa de divertirse con las andanzas del señorito andaluz perdido por amor en tierras vascas en la exitosa Ocho apellidos vascos. Este dato, muy a tener en cuenta, ya nos da una pista de las prisas y la desgana que encierra el proyecto que nos ocupa. Podría decirse, incluso, que el director Emilio Martínez-Lázaro se ha marcado un nuevo “dos lados de la cama” (segunda y terrible parte de la gozosa El otro lado de la cama, ambas dirigidas por él) pero a un nivel aún más crítico. Como ya ocurriera en esta secuela, todas las virtudes de la primera parte, limitadas pero dignas, se han quedado en el libreto original: en 8 APELLIDOS CATALANES la naturalidad y la frescura, base del modelo madre, desaparecen por completo así como el determinante factor sorpresa; las gracias resultan huecas y demasiado forzadas; la crítica canalla al costumbrismo y los tópicos regionales se confunde con el cachondeo hacia la cultura contemporánea y roles sociales (véase el papel de Berto Romero y su condición de hipster) y los clichés, los temidos clichés, se adueñan por completo de esta farsa, más que televisada, televisiva.

LA ISLA MÍNIMA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on septiembre 23, 2014 by Gonzalo Contreras

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO

LA ISLA MINIMA 2

A veces, por caprichos del destino, la mala suerte se ceba con algunas películas coincidentes en el tiempo y de temática o propósitos bien parecidos, siendo casi siempre una la vencedora moral de estos infortunios percibidos como ridículas batallas. Ya le pasó hace unos años a Pablo Berger y su Blancanieves, obra destinada a recuperar el cine silente perjudicada por la aparición, un año antes, de la francesa The artist. Incluso, de forma más precisa, todavía algunos malpensados se imaginan en la mente el disgusto de Amenábar al visionar el final de cierto film de M. Night Shyamalan poco antes de estrenar Los otros. En este caso le ha tocado el turno a Alberto Rodríguez y su isla mínima. Su oscura premisa, desarrollo y atmósfera corrompida como parte esencial de la trama nos recuerda a la magnífica y demasiado reciente serie de la HBO True detective. Pero hay queda todo.

LA ISLA MINIMAAlgunos pensarán que ese “todo” es mucho. Tendrán sus razones, pero ninguna de ellas atesora el suficiente peso como para dejar escapar esta monumental obra, un puzzle de piezas perfectamente encajadas con personalidad propia, retrato devastador de las llagas que todavía supuraban en España allá por comienzos de los ochenta. Rodríguez se sirve de una trama policial (magníficamente construida) para bucear en el fango de una sociedad enferma anclada en el pasado, corrupta y analfabeta, oprimida por caciques depravados (al más puro estilo John Huston en Chinatown) y refugio de auténticas hienas humanas. Unas gentes destinadas a vivir y morir de forma anónima, con hijos dispuestos a sacrificar su alma virginal a cambio de salir de esa tierra podrida, muerta, y que no dudan en instaurar una conspiración de silencio ante cualquier amenaza que pueda sacar a flote sus más sombríos secretos. Gutiérrez y Arévalo, sensacionales (el primero, en un sorprendente cambio de registro; el segundo, confirmando ser el mejor actor español de su generación), serán los encargados de desenterrar las miserias que pueblan el lugar. Y cuanto más se adentran en la verdad, mayor es el hedor a putrefacción. Sólo los planos cenitales aéreos, a modo de transiciones, nos hacen ver la complejidad del caso; un terreno laberíntico plagado de trampas, infestado de moscas e invadido por un asfixiante bochorno.

Una película extraordinaria. Rodríguez ha encontrado, en las mismísimas marismas del Guadalquivir, nuestra particular América profunda. La España más negra, sucia e inhóspita, testigo de una época que respira, salvando las distancias, ese aire desolador y malsano característico de obras como La caza o Furtivos. Hasta comparten la cacería como núcleo común: en la de Saura, como divertimento; en la de Borau, como forma de subsistencia; y aquí, como forma de restaurar el orden cívico. Pero todas esconden odio. Y rencor. Producto de unas heridas, todavía hoy, difíciles de cerrar.