Archivo para Alden Ehrenreich

LA EXCEPCIÓN A LA REGLA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on abril 24, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS AÑOS DORADOS DE HOLLYWOOD

Más recordado por sus interpretaciones en algunas de las grandes películas de la década de los sesenta (las insuperables Bonnie & Clyde y Esplendor en la hierba) y por su fama de sex symbol atemporal (se llegó a decir en los mentideros que Shirley McLane, su hermana mayor, fue la única estrella del momento en no caer rendida a sus encantos) que por su oficio de realizador, lo cierto es que, con tan solo cinco películas, el prolífico actor Warren Beatty ha sabido demostrar un talento incuestionable detrás de las cámaras. Su ópera prima, la encantadora El cielo puede esperar, remake de El difunto protesta, se vio recompensada con un éxito abrumador de público; Rojos, su mejor trabajo, le otorgó el beneplácito de la crítica mundial; la envejecidísima Dick Tracy le supuso un nuevo idilio con la taquilla, y Bulworth, quizá su cinta más incomprendida, con la comedia más ácida e inteligente. Como Gibson, Eastwood o Costner, es de los pocos actores en poseer un Oscar, curiosamente, a mejor director. Y, como ellos, se esfuerza por recuperar la llama perdida del clasicismo cinematográfico, demandando una narrativa acorde con las exigencias y los gustos de los cinéfilos más arraigados.

Álter ego de Howard Hughes, a quien rinde tributo en un largometraje superior, en todos los sentidos, a la inefable El aviador de Martin Scorsese, Beatty ha engendrado, con LA EXCEPCIÓN A LA REGLA, su particular película maldita, insólita comedia a medio camino entre el retrato evocador de la meca del cine en sus años dorados y la screwball norteamericana con pinceladas del más embriagador romanticismo. Eso sí, como buena película maldita que se precie, resulta curioso que, pese a su irregularidad, falta de magnetismo y montaje disonante (acorde, eso sí, con la personalidad inestable del propio Hughes), la cinta desprenda momentos de extrañísima belleza, implícita en las líneas de un magnífico guion que no encuentra cobijo en su traslación a la gran pantalla.

La cinta acierta en su primera hora, describiendo brillantemente “la fábrica de los sueños” y la corrupción moral a la que se ven sometidas las jóvenes promesas, de virginales y nobles intenciones, en tan poco puritano entorno. Sin embargo, cuando el personaje de Beatty y sus irritantes extravagancias asumen el control, aparece ante los ojos del espectador una película completamente nueva. Más atípica, más visceral, pero menos apasionante. La sintonía entre ambos tomos apenas se sostiene en el recuerdo, pero es de justicia señalar la valentía de un film que, asumiendo un corte manifiestamente clásico, se atreve a transgredir las reglas estipuladas en la actual industria hollywodiense.

¡AVE, CÉSAR!

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , , on febrero 19, 2016 by Gonzalo Contreras

LOS QUE VAN A ACTUAR TE SALUDAN

ave cesar 2

La afilada e incisiva pluma de los hermanos Coen no deja títere con cabeza. Después de recorrer los senderos de la derrota a través del cantante de folk Llewyn Davis, le toca el turno al Hollywood de la época dorada en ¡AVE, CÉSAR!, su última película. Monumento al star system actual, es, a veces, una divertida sátira de los entresijos de los Estudios; otras, un sorprendente y muy apreciable homenaje al cine clásico. Independientemente, ambas vertientes tienen alma, peso, están dirigidas con gusto y con la genialidad propia de sus directores. El problema aparece cuando las dos partes se amoldan formando un todo. Extrañamente, el film no acaba de encontrar un equilibrio narrativo entre crítica y evocación, resultando mucho más apreciable como sucesión de sketchs que como largometraje en sí.

ave cesarNo obstante, no nos pongamos quisquillosos: si bien podríamos considerarla una película fallida, la cantidad de momentos gloriosos que nos regala gracias a su mala baba y comicidad hacen de ella un entretenimiento de lo más gozoso. De hecho, se me ocurren varias razones por las cuales tenerla muy en cuenta: la primera, convertir la figura del productor cinematográfico en un samaritano protector de sus estrellas y buscador del karma que devuelva, a golpe de talón, la paz a la Fábrica de sueños; la segunda, la increíble vis cómica del guión (el episodio del vaquero a lo “John Wayne” metido a galán de etiqueta es antológico, así como el de los guionistas comunistas con ínfulas capitalistas); y, por último, la postal coral tan brillante que hace de aquellos años. Las referencias a personalidades del medio, sin nombres registrados pero reconocibles, es alargada: Gene Kelly, Robert Taylor versión Quo Vadis?, una perversa Esther Williams e incluso la malévola columnista Hedda Hopper, toda una eminencia de la época, son algunas de las glamourosas estrellas que se pasean delante de cámara. Poner nombre a tanto rostro, eso sí, será un placer limitado a los espectadores más cinéfilos.