Archivo para Álex de la Iglesia

PERFECTOS DESCONOCIDOS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on noviembre 27, 2017 by Gonzalo Contreras

EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESÍA

En los últimos años, el director Álex de la Iglesia ha encontrado un verdadero filón cinematográfico encerrando a sus personajes en claustrofóbicos espacios para, una vez ahí, y sin renunciar a sus consabidas dosis de mala uva, conducirles a un viaje directo a la locura y el desparrame. Quien tengas dudas que revise Mi gran noche, la demencial (en el buen sentido de la palabra) opereta protagonizada por un pletórico Raphael, en donde un grupo de infelices revivía la última noche del año en una desquiciada grabación televisiva mientras, fuera del plató, el mundo se derrumbaba víctima de un Apocalipsis sindical. Y este mismo año, con la divertidísima El bar, su mejor trabajo desde Balada triste de trompeta, volvía a encarcelar a una serie de mundanos en una tasca de Madrid, de esas que respiran el hedor a refrito en cada esquina, y los abocaba a una autodestrucción en las mismísimas cloacas de la capital. Ambas, cómo no, salpicadas de comicidad, histéricas resoluciones (apunte también recurrente del realizador) y, sobre todo, de una crítica implícita al egoísmo y la hipocresía de la sociedad del nuevo milenio.

Como tercera parte de esta especie de trilogía ficticia, marcada también por el confinamiento de sus protagonistas, nos llega PERFECTOS DESCONOCIDOS, remake de uno de esos films italianos laureados dentro de sus fronteras y totalmente desconocidos fuera de ellas. La premisa del mismo es bien sencilla: un grupo de amigos, la mayoría de nivel adquisitivo considerable, queda a cenar en casa de uno de ellos. En el refrigerio, a alguien se le ocurre un feliz juego: poner los móviles sobre la mesa y leer en voz alta los mensajes que lleguen durante la velada. Como ya habrán deducido, solo es cuestión de minutos que la fiesta, hasta ese momento guiada por la afabilidad, el buen rollo y camaradería, estalle por los aires.

Sin esconder cierto acabado teatral, pero alejándose con astucia de la compresión que otorga dicha escenografía, De la Iglesia aprovecha extraordinariamente la originalidad del planteamiento componiendo una película vibrante, áspera a la par que refinada, libre de los excesos finales que le caracterizan y punzante en sus corrosivos y desternillantes diálogos. Magnífica en la planificación de sus escenas, dirigidas con el habitual brío del cineasta, gran parte de la culpa de este triunfo, no obstante, la tiene la elección de sus intérpretes, brillantes en cada uno de sus roles, desde Eduardo Noriega (tronchante como fiel rompecorazones) pasando por Belén Rueda, Pepón Nieto o el inconmensurable Eduard Fernández. Y como no podía ser de otra manera, en este Carnage! (o Ángel exterminador, si lo prefieren), posiblemente la mejor comedia de la temporada, persiste una brutal parábola sobre la miseria humana y la dependencia actual hacia las nuevas tecnologías. Llevada al límite, sí, pero narrada con pasmosa e hilarante credibilidad.

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EL BAR

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on marzo 22, 2017 by Gonzalo Contreras

LAS CLOACAS DEL PAÍS

Guste más o menos, se disfrute de sus excesos o se repudie su forma de entender el cine, es innegable que Álex de la Iglesia ha sabido imprimir su sello personal en todas y cada una de sus películas. De hecho, si extrajéramos una secuencia, incluso un único plano, de alguno de sus largometrajes y lo mostráramos a la vista de todos, aquellos que hemos disfrutado de sus trabajos sabríamos, al instante, que se trata de un fragmento del director bilbaíno.

Creador, pues, de un estilo inconfundible, y de algunas de las mejores cintas del cine español contemporáneo, llámense El día de la bestia o La habitación del niño (TV), su obsesión por desgranar las miserias, la codicia y putrefacción de este nuestro país se ha convertido en el eje central de sus relatos. Lo era en la magistral La Comunidad, en donde un grupo de canallas combatían como cucarachas por un pastel millonario; también, en la no menos sobresaliente (e incomprendida) Balada triste de trompeta, quizá el cuadro circense más lúcido de las dos Españas que se haya rodado nunca. Y ahora, nuevamente, en la estupenda y divertidísima EL BAR.

Y qué mejor que retratar su tema fetiche encerrando, de forma forzosa (al más puro estilo de Antonio Mercero en La Cabina, o en su defecto al Stephen King de La niebla), a un grupo de personas en una mugrienta tasca del centro de Madrid, de esas en las que el sonido de las máquinas tragaperras reverbera hasta el agotamiento, el hedor a refrito inunda cada rincón del local y cuyos aseos deberían estar precintados por los servicios sanitarios. Ejecutivos agresivos, pijas yé-yé, hipsters, vagabundos con inclinaciones proféticas y demás fauna ibérica se dan cita en un vodevil que hará las delicias no sólo de los seguidores más acérrimos del realizador, sino de aquellos que le fueron infieles por sus comentadas (y a veces, geniales) desmesuras.

Magníficamente interpretada por todo el reparto, desde la imponente Terele Pávez a los siempre geniales Secun de la Rosa y Jaime Ordóñez, y trufada del salvajismo, el esperpento y la mala leche que caracteriza cada una de sus producciones, El bar es un feliz reencuentro con los orígenes del cineasta. Y con su mejor cine.

MI GRAN NOCHE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , on octubre 19, 2015 by Gonzalo Contreras

ESCANDALOSO COTILLÓN

mi gran noche

La Nochevieja es sinónimo de desenfreno, de pura desinhibición. Atrás quedaron las penas y las melancólicas despedidas al son de Auld Lang Syne; a día de hoy, lo que reina en la noche más larga del año es una buena juerga, salpicada de litros y litros de champagne, serpentina, matasuegras y acondicionada con música discotequera lo más variopinta posible, desde eléctricos éxitos contemporáneos hasta, ya entrada la madrugada (y alguna que otra copa de más), los grandes clásicos atemporales.

Sigmi gran noche 2uiendo la estela de Muertos de Risa, y como ya hiciera con las dos Españas en la extraordinaria (e incomprendida) Balada triste de trompeta y con el sexo opuesto en Las brujas de Zugarramurdi, el cineasta Álex de la Iglesia lleva al límite el mandamiento que rige la primera noche del año: santificarás la fiesta hasta que el cuerpo reviente. MI GRAN NOCHE, su último y desternillante trabajo, se empapa del descontrol y del cachondeo propios del evento navideño más querido por el productor José Luis Moreno, no sin antes lanzar unos cuantos (y acertadísimos) dardos envenenados al mundo televisivo, en plena decadencia circense, y a los consabidos y denunciables recortes laborales.

Pero no se preocupen, aquí lo que prima es el despelote escénico, la histeria colectiva, los números musicales imposibles (¡si hay que ser bombero!) y el vodevil más frenético, caótico y exacerbado. Puro Álex de la Iglesia. El cotillón, ya les aviso, es de los que hacen época. Y si el anfitrión es nada más y nada menos que Raphael, con ínfulas de Darth Vader y estética a lo Willy Wonka, la noche deja de ser grande. Se convierte en apoteósica.