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VERÓNICA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on agosto 23, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS ECOS SOBRENATURALES DE LA INFANCIA

Años antes de que Iker Jiménez y su ya imprescindible nave del misterio aterrizaran en nuestros hogares, míticos periodistas del mundo de lo paranormal (entre ellos el añorado Fernando Jiménez del Oso), precursores de una temática masacrada por los más puristas, dieron a conocer a los españoles auténticos y sorprendentes Expedientes X acontecidos en nuestros inhóspitos parajes. Uno de ellos era El caso Vallecas. Su aterradora historia poco o nada tenía que envidiar a las mejores crónicas sobre casas encantadas, llámense Amityville o Bailey: entes que reptaban hasta la cama de unos niños, fotografías que ardían en el interior del marco, jóvenes fallecidas días después de jugar a la ouija y un informe policial, el único del país, en el que agentes del orden público aseguraban haber presenciado hechos de procedencia inexplicable. Terrorífico por la sutileza, la verosimilitud y la ambigüedad que respiraban los testimonios de la época, los que vivimos ese relato de críos todavía sentimos un sudor frío por nuestra espalda al recordar los detalles. Y, por supuesto, la aparentemente incompatible fascinación que producía en nuestras carnes las fantasmagóricas recreaciones que proyectábamos en nuestra mente virginal.

En VERÓNICA, el cineasta Paco Plaza se aproxima a la historia original de la manera más inteligente posible: como ya hiciera James Wan en sus inolvidables Expedientes Warren, asume su punto de partida, así como las descripciones más escalofriantes, para manipular a su antojo los hechos constatados e imprimir, además, su amplio y gozoso conocimiento de los tejemanejes y resortes característicos del cine fantástico. Para ello, no duda en empaparse de la imaginería de los grandes artesanos y de los promotores de la venerada vieja escuela setentera, homenajeando brillantemente los últimos coletazos de la corriente satánica de la época (impagables las referencias a la maravillosa e infravalorada La Centinela) y, de forma más implícita, nuestro propio universo de pesadillas, representados por el ingenio del insustituible Chicho Ibáñez Serrador.

Precisamente, en la influencia de Serrador (a quien se alude con la emisión de su obra maestra “¿Quién puede matar un niño?”) se encuentra, quizá, la jugada maestra del film: transformar lo cotidiano, lo puramente ibérico, en el escalofrío más sepulcral. Situándonos en el distrito madrileño de Vallecas de principios de los noventa, Plaza reproduce una amalgama de fotografías totalmente identificables para el espectador patrio: los inicios de la generación “llavero”, las travesías vespertinas recorridas por la heroína y los estupefacientes, uniformes que impedían a las jóvenes transpirar las hormonas propias de la edad, clases presididas por efigies religiosas de aspecto perturbador (estos dos últimos aspectos ya exportados en otro largometraje de horror reciente, la espeluznante Camino)… Y ¿cuál es su inquietante (y fabulosa) finalidad? Enfatizar los claroscuros de la nostalgia para, posteriormente, teñir de sangre nuestra más tierna infancia. El esfuerzo de tan inteligente proyecto, como no podía ser de otra manera, tiene su recompensa. Plagada de secuencias que pasarán por derecho propio a la antología sobrenatural, Verónica es, con diferencia, la mejor película española de género desde Los Otros y el trabajo más sólido, personal y memorable de Paco Plaza hasta la fecha. Un absoluto triunfo.

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