Archivo para Anthony Hopkins

THOR: RAGNAROK

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on octubre 26, 2017 by Gonzalo Contreras

NUEVO ENVOLTORIO PARA LA HISTORIA DE SIEMPRE

Del cine de superhéroes hemos hablado y discutido largo y tendido en la última década. En esta página, en foros de toda índole posible o con los amigos tomando unas cervezas, divididos, como si fueran las dos Españas, entre los defensores de la sombría DC Comics y los de la colorista Marvel Studios. El entusiasmo de los fans más acérrimos, vengan del bando que vengan, contrasta con la sensación de que todo el optimismo que acompaña a cada nuevo proyecto, precedido de unas desorbitadas críticas favorables al otro lado del charco, pocas veces adquiere resultados visibles en el producto final. De hecho, ha llegado un momento que para saborear las (supuestamente) brillantes cualidades de estas películas, todas pertenecientes a un mismo universo iniciado, en este caso, con la primera parte de la muy correcta Los vengadores, es indispensable hacer un cursillo intensivo para entender cada chiste, cada frase evocadora de un film anterior, cada escena aderezada con toneladas de emotividad por su relación directa con otra secuencia mítica de la saga. O lo que es lo mismo, rever con lupa la colección de cintas desde sus orígenes, incluyendo los despropósitos que, en más de una ocasión, nos ofrece esta temática indudablemente desgastada por obra y gracia de la industria hollywoodiense (y de las legiones que hacen cola en los cines).

THOR: RAGNAROK, tercera parte de uno de los mayores traspiés engendrados por la compañía, ofrece lo de siempre en este tipo de espectáculos: fuegos artificiales por doquier, escenas interminables de peleas entre héroes y villanos, torsos musculados, féminas guerreras y destellos fosforescentes marca de la casa. Eso sí, con dos alicientes ausentes en las anteriores entregas, los cuales la convierten, al instante, en la mejor aventura de la (flojísima) trilogía del dios nórdico: por un lado, la resurrección del espíritu camp, cutre y desfasado que pusiera de moda la envejecidísima (desde el momento de su estreno) Flash Gordon, la Barbarella de los años ochenta, potenciada por un brillante juego audiovisual en el que se entremezclan colores psicodélicos con una electrizante banda sonora con acordes de la actual y exitosa Wonder Woman; por otro, la participación de los siempre espléndidos Jeff Goldblum y Cate (todoterreno) Blanchett, diabólicamente traviesos en sus roles de pérfidos antagonistas.

No obstante, y como viene siendo habitual, detrás de su rollo discotequero, de sus imponentes efectos visuales y su vena canalla, heredera de la muy superior Guardianes de la galaxia, poco más puede aportar un largometraje condicionado, hasta extremos preocupantes, por el esquema básico agenciado por la factoría marvelita (conflicto estelar a modo de presentación – aparición del villano – caída en desgracia del héroe – resurgimiento y batalla final entre el bien y mal) y por el archiconocido dulzor que impregna sus propuestas, capaz de teñir cualquier tragedia, cualquier catástrofe apocalíptica, de un insufrible color rosa. Tan liviana y amena como intrascendente, Thor: Ragnarok no deja de ser la constatación de que, por mucho que la gallina de los huevos de oro siga dando sus frutos monetarios, es necesario una reinvención (o un descanso hibernal, que tampoco estaría de más) de los estandartes y estereotipos que definen a este género. Y de forma urgente.

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HANNIBAL

Posted in Críticas with tags , , , on mayo 9, 2013 by Gonzalo Contreras

DELICATESSEN

hannibal 4Recuerdo perfectamente la primera vez que vi Hannibal, segunda parte de la trilogía protagonizada por el no siempre valorado Anthony Hopkins en el papel del doctor Lecter. Y lo recuerdo tan bien porque, haciendo memoria, era de uno de los estrenos más esperados y ansiados por quien suscribe estas líneas. ¿La razón? Se trataba nada más y nada menos que de la secuela de la que todavía hoy considero una de las mejores películas de la Historia del Cine, la mítica “El Silencio de los Corderos”. Vamos, la misma razón que provocó gigantescas colas en cines de todo el mundo.

hannibal 7Cabe destacar que, a pesar de contar con la friolera de trece años, no era ajeno a la dudosa calidad de las secuelas cinematográficas, más pendientes de explotar económicamente la gallina de los huevos de oro que de ofrecer cine de calidad. Pero en ésta tenía ciertas esperanzas. Pensaba que, si bien no iba a alcanzar las cotas de genialidad de la primera parte, al menos quedaría como una buena película, respetuosa con la original y que incluso potenciaría aspectos sugeridos de aquélla.

Una vez finalizó la proyección, mi sensación fue de desconcierto. Y sí, también de decepción. Mientras avanzaban los títulos de crédito, intentaba recomponer en mi mente lo visto las dos horas anteriores. Dos horas de lujoso y soporífero visionado, con una primera hora aburrida y hueca y una segunda lastrada por un gore tan desmesurado como innecesario. Una cinta pretenciosa y en ocasiones grotesca hasta límites paródicos.

hannibal 2No obstante, todavía sentado en aquella butaca del malogrado Palacio de la Música, y puede que fruto de la sugestión (o tal vez del autoconvencimiento), sentí que algo me había atrapado. Una luz de buen cine que, ni mucho menos, ocultó mi malestar ante la que prometía ser uno de las películas más elogiables del año, sensación manifiesta en un público en general desencantado ante el giro tomado en esta segunda parte.

Con el paso de los años no son pocas las veces que he vuelto a visionar “Hannibal” con el fin de tener una valoración más definida de la película. Y a día de hoy, si bien sigo sin considerarla una gran película, al menos me parece un film cuanto menos estimable. Porque detrás de los enormes fallos evidentes del film (flojo guión, pobres diálogos, y más comparándolos con la brillantez de la primera parte) también podemos apreciar varios aciertos. Y entre ellos destaca, por encima de todo, la hannibal10deslumbrante y barroca puesta en escena en donde su director, el a veces fascinante Ridley Scott (Alien, Blade Runner), supo captar de manera asombrosa el mundo de ensueño que Hopkins demandaba en el interior de la celda del psiquiátrico de Baltimore. Un mundo de libertad, con Florencia como telón de fondo y reflejo de su paraíso perfecto, en donde Lecter es amo y controlador de cuanto le rodea. Un monstruo en las sombras, agazapado y en cuarentena, esperando despertar de su letargo.

Y es precisamente en la descripción de ese mundo idílico de Hannibal donde la imagen adquiere vida propia. Poco importa la historia que cuenta; las bellísimas (y en ocasiones demasiado forzadas) imágenes acaban controlando la función, disimulando en gran medida la anodina historia así como su insípido guión, en verdad el gran fallo de la película. Scott se deja llevar fielmente por la irrisoria novela homónima de Thomas Harris (también autor de “El Silencio de los Corderos”) reproduciendo en pantalla grande los desvaríos y altibajos de una obra de por sí mediocre. Sin embargo, su habilidad como director, con detalles como el impresionante entorno creado, la fotografía, la escalofriante partitura de Hans Zimmer y el buen hacer de Anthony Hopkins (en su salsa, aunque lejos de su hipnótica interpretación en la primera parte) y de la siempre acertada Julianne Moore consiguen reflotar un proyecto que en otras manos hubiera hecho aguas.

hannibal 6

Con todo esto, no reivindico la calidad de Hannibal. Adjetivos como pretenciosa y excesiva sigo manteniéndolos pero no es, ni mucho menos, el desastre que se aseguró en el momento de su estreno. Una obra en donde conviven grandes aciertos con los más terribles errores; un espectáculo visual inquietante, irregular, a años luz de la obra original. Pero digno.