Archivo para Antonio de la Torre

EL REINO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 25, 2018 by Gonzalo Contreras

LA SOMBRA DE LA CORRUPCIÓN

Con tan solo dos películas en su haber, la inmensa Stockholm y la aún más valorada Que Dios nos perdone, Rodrigo Sorogoyen se ha convertido, por derecho propio, en uno directores españoles más admirados del panorama actual. Y razones no le faltan. Eso sí, lejos de encandilar a crítica y público con películas triviales, condescendientes con los intereses del espectador, el cineasta ha conseguido semejante hazaña a través de relatos marcados por el derrotismo, la decepción y el desencanto. Relatos ásperos plagados de capas internas, de una amargura (en el buen sentido) difícilmente digerible y, sobre todo, envueltos en un apartado artístico sobresaliente.

Como era de prever, técnicamente no se le puede reprochar nada a su última producción. EL REINO, retrato de la España actual construida a golpe de sobornos, dinero negro y codicia, es una cinta realizada con clase, elegante en los matices y en su exaltada banda sonora, escurridiza en los clichés y poseedora de algunos planos-secuencia, como suele ser habitual en su artífice, resueltos con astucia y brío.

También es digno de alabar su atrevimiento a la hora de cuestionar la proximidad de los medios de comunicación a los altos rangos del país y la brillante ejecución de algunos de los episodios de la trama, la mayoría claramente identificables para todo espectador que haya estado al corriente de los trapicheos efectuados por la casta política en los últimos años. El comienzo, salpicado por delicias culinarias del mar en donde vemos a los corruptos devorar carabineros como si no hubiera un mañana, ahogados en alcohol y riéndose a carcajada limpia (entre ellos y de los contribuyentes) ante la mirada atónita de los comensales, y todas las intervenciones de una espléndida Ana Wagener, reconvertida en la presidenta andaluza Susana Díaz, tics y oratoria incluida (“Lo importante es el partido”), son momentos perpetrados con una brillantez pasmosa, a la altura del mejor cine del realizador. Pero no es oro todo lo que reluce.

Precisamente, en ese hedor a ya visto y oído es donde el largometraje encuentra un sorprendente e inesperado enemigo: es tal la fidelidad de la historia a innumerables casos de corrupción acaecidos en el territorio que, terroríficamente, impacta menos de lo que su demoledor y ambicioso punto de partida sugería sobre papel. La historia, de enorme calado y trasfondo social, resulta (demasiado) instructiva y creíble, pero pocas veces apasionante a nivel cinematográfico. Se echa en falta más riesgo, mayor capacidad de conmoción. Y cuando opta por la sátira, visible en sus últimos minutos con la aparición de la extraordinaria Bárbara Lennie (álter ego, en este caso, de la periodista Ana Pastor), emerge una inesperada sesión de moralina cortante con las formas expuestas hasta entonces. Lícita, por supuesto, pero consumada con desigual fortuna.

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EL AUTOR

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on noviembre 17, 2017 by Gonzalo Contreras

EL QUIMÉRICO INQUILINO

Más allá de sus dilemas y su punzante análisis sobre el poder de la creación intelectual, EL AUTOR, el último y magistral trabajo de Manuel Martín Cuenca, cineasta consagrado gracias a la elaboración de un celuloide que escapa de las vanguardias establecidas, es un retrato demoledor sobre la incapacidad de algunos individuos, mediocres de sangre, para alcanzar el éxito y la plenitud artística. Si naces perdedor, mueres siendo perdedor. Los hay con suerte, como el personaje de María León, mujer de nuestro protagonista y estrella emergente en la prosa contemporánea gracias a continuos golpes de fortuna. Y luego está Álvaro, su infeliz esposo, notario de profesión y escritor por vocación, en perpetuo estado de frustración debido a la fama efímera de su cónyuge y enclaustrado, para su desgracia, en un minúsculo despacho con la única compañía de su insoportable compañero de trabajo (fracasado, como él) y de un ruidoso ventilador. Vive en su particular zona de confort, sintiéndose incapaz de dar el salto literario porque, en el fondo, conoce la aterradora verdad: ni el talento ni la imaginación forman parte de su ser.

El actor Javier Gutiérrez, enorme como siempre, compone un complejísimo personaje que hubiera hecho las delicias del director Roman Polanski. En su odisea por escribir el relato perfecto, y siguiendo los dudosos consejos de su profesor (fracasado, por supuesto, pero con la inteligencia suficiente como para aparentar distinción donde solo hay zafiedad), este quimérico inquilino decide encontrar la inspiración, la esencia de su universo dramático, en su propia comunidad de vecinos. Como buen voyeur, no duda en camelarse a la folclórica portera, espejo del chismorreo reinante en España, y en cotillear los entresijos, amorosos y laborales, de la pareja de inmigrantes con la que comparte patio interior. Todos ellos, ya lo habrán adivinado, marcados por el infortunio y la desdicha y manipulados por el autor siempre y cuando sea necesario realzar los detalles más suculentos. Todo sea por su obra magna.

Tan mordaz como satírica, tan desasosegante como perversa, la película funciona como un reloj suizo en cada una de sus vertientes cinematográficas: la dirección rezuma elegancia y predilección por los pequeños detalles; los actores están colosales (al mencionado Gutiérrez se le unen el excelente Antonio de la Torre y Adelfa Calvo, inconmensurable en su álter ego de Shelley Winters) y el guion aprovecha brillantemente los espacios cerrados en los que se desenvuelve la historia. Y como remate, el magnífico compositor José Luis Perales, experto en los asuntos del alma, engalana el esperpento con una melodía prodigiosa y extrañamente cálida que no hace más que incentivar el carácter malsano de la función. En este año que está a punto de finalizar, solo recuerdo dos propuestas españolas que me hayan convencido tanto como la cinta que nos ocupa. La primera es una impecable muestra de terror con nombre de mujer: Verónica; la segunda, la magnética y envolvente Handia. Con El autor tenemos un inmejorable trío de ases. Cine con mayúsculas, atípico, plagado de múltiples y sugerentes lecturas.

ABRACADABRA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on julio 30, 2017 by Gonzalo Contreras

LA RESURRECCIÓN DEL ESPERPENTO

Sorteando la censura de la época, siempre pendiente de dinamitar cualquier idea creativa capaz de rasgar los estandartes dictatoriales del régimen, el tándem Luis García Berlanga y Rafael Azcona, director y guionista respectivamente, capturaron, en formato celuloide y desde unas raíces puramente satíricas, las costumbres, farsas e ideales morales de la España del franquismo con un talento equiparable al de otra pareja imborrable, la formada por Billy Wilder y su inseparable I. A. Diamond. Eran películas rebosantes de ingenio, inteligentemente inspiradas en la estética del neorrealismo italiano, que utilizaban enredos cómicos de una simpleza casi minimalista para explorar, con infinita mala uva, las vergüenzas de un país anclado, desde tiempos inmemoriales, en vicios infectos como la envidia, la hipocresía y la codicia.

Treinta años después de su última colaboración, y con pocos directores que hayan sabido atrapar la magia de tan honrosa filmografía (quizás, por su apego a unas circunstancias políticas muy concretas de nuestra historia), el cineasta Pablo Berger se empapa de la visionaria inventiva de los artífices de Plácido y El verdugo con una jugada similar a la emprendida por estos dos maestros en sus narraciones: partiendo de un relato nimio, casi anecdótico (la hipnosis efectuada a un macarra de barrio con las manos demasiado largas), se engendra un complejísimo y magnético juego de espejos en el que se ponen al descubierto algunas de nuestras más sangrantes realidades sociales (la lacra del maltrato de género) subrayando, con perversos y deliberados propósitos, el contexto social sobre el que se asienta el corazón de la historia (la España más cañi y retrógrada, con sus princesas de barrio y sus modelos imposibles, machos alfa y restaurantes de carretera con cegadores rótulos de neón).

Revelador en su alegato feminista, protagonizado por una Maribel Verdú titánica en su histrionismo gesticular (atención a su baile en la discoteca, todo un ejemplo de planificación escénica), y con el aroma de extrarradio tan característico del Almodóvar primerizo (especialmente de su exitosa “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, con la que comparte muchos aspectos), Berger inyecta el espíritu grotesco del esperpento consiguiendo que, en una misma escena, el espectador sienta en sus entrañas una explosión de sensaciones de toda índole posible: terror, angustia, romanticismo, humor, desconcierto. Y, sobre todo, fascinación. Como en los mejores y más lúcidos libretos de Azcona y Berlanga.

TARDE PARA LA IRA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on septiembre 7, 2016 by Gonzalo Contreras

UN DÍA DE FURIA

tarde ira

Durante los últimos coletazos del franquismo, un nutrido grupo de cineastas, la mayoría hijos adoptivos del neorrealismo italiano (siendo Carlos Saura y Jose Luis Borau sus más reconocidos representantes), tuvo la osadía de retratar en carne viva las vestiduras de una época agónica y abocada irremediablemente a la extinción, desmitificando con ello la imagen idílica y turística que nuestra cinematográfica, controlada por los sectores más conservadores, vendía fuera y dentro de nuestras fronteras (en un claro intento de legitimar la valía del régimen). Fieles cronistas de su tiempo, y sirviéndose de un simbolismo que sorteaba hábilmente los dictámenes de la censura, se acercaron a las madrigueras de un país desconocido para el gran público, bucólico, hiriente y descarnado, raspado por su contradictoria climatología, a veces abrasadora (La caza), otras gélida como el hielo (Furtivos), convertido en un trágico escenario en donde sobrevivir se convertía en la máxima prioridad de sus individuos.

tardeLa España más profunda encontró su mejor cristalización cinematográfica en estos años. Tiempo después, con variantes semánticas y partiendo ya de sucesos propios del semanario El caso, Pedro Costa y algunas genialidades de la mítica La huella del crimen, Vicente Aranda y sus Amantes y, más recientemente, Alberto Rodríguez con la magistral La isla mínima, se empaparon en gran medida del olor a putrefacción reinante en aquellas magistrales obras. Ahora, el otrora actor Raúl Arévalo coge el testigo en la impecable TARDE PARA LA IRA, debut cinematográfico fraguado durante ocho largos años de una contundencia formal tan sublime y enérgica que cuesta creer que estemos hablando de una ópera prima.

Todo, absolutamente todo, funciona como un reloj suizo en este relato de venganza, justicia y redención cocinado a fuego lento, de una sordidez irrespirable, interpretado brillantemente por un reparto en estado de gracia (al trío de ases, comandado por un Antonio de la Torre en el mejor papel de su carrera, se suma un Manolo Soto que devora la pantalla con su breve aparición) y deudor, además, del western bravío de Sam Peckinpah, la rabia visceral de Samuel Fuller y, en su vertiente melódica, los compases presentes en la también implacable Los santos inocentes. Escenas de una ejecución asombrosa (la secuencia inicial) y momentos casi imperceptibles de macabra comicidad (la pareja escuchando “Por ella” en su travesía por carretera) rematan una obra modélica avalada por el sello del gran cine, de las que remueven entrañas, tan inmensa y compleja que su recuerdo se acrecenta días después del visionado.

FELICES 140

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on abril 9, 2015 by Gonzalo Contreras

REENCUENTRO

felices 140

Una preciosa villa próxima al mar, los mejores manjares para el paladar y una selección de los vinos más señoriales. Con estos ingredientes, desde luego apetecibles, y aprovechando su recién inaugurada cuarentena, Elia (Maribel Verdú) tiene pensado disfrutar un fin de semana con sus amigos más allegados. Una cálida música durante los créditos iniciales nos hace percibir que serán unos días inolvidables de reencuentros, anécdotas y confidencias; un tiempo, si todo sale según lo planeado, para recuperar incluso amores de antaño, de esos que marcaron toda una vida.

felices 140FELICES 140 rescata, en estos primeros minutos, la nostalgia y la devastadora sensación del paso de los años que desprendían obras como la extraordinaria Reencuentro de Lawrence Kasdan, y todavía más cuando la infelicidad del grupo empieza a manifestarse, dejando al raso el “gran escalofrío” (título original del film de Kasdan) que recorre los cuerpos de cada uno de los personajes ante las deudas, desencantos y frustraciones resultado de decisiones equivocadas. Pero su directora, Gracia Querejeta, prefiere dar un paso más allá. No se conforma con pintar al óleo el típico mural sobre segundas oportunidades y causas perdidas; reserva, para el segundo tercio, el verdadero sentido de su maquiavélica (y excitante) propuesta, tejiendo un cambio de rumbo mucho más original y atrayente. La evocación que marcaba los pasos del film y la compasión despertada por los participantes de esta historia desaparecen; en su lugar, la codicia, el egoísmo y la envidia se convierten en los nuevos protagonistas. Un factor sorpresa tan abrupto como arriesgado, brillantemente rematado y adosado al primer tramo de película.

La realizadora de la excelente El último viaje de Robert Rylands vuelve a sacar el máximo jugo a su elenco interpretativo, demostrando, una vez más, ser una de las cineastas que mejor comprende y dirige a sus actores. Con grandes dosis de cinismo y humor negro, marca de la casa, ha compuesto una cinta elogiable, cruda y crispante; una ácida reflexión sobre la mezquindad presente en el terreno más insospechado, de esas que se saborean aún más con el paso de los días.

LA ISLA MÍNIMA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on septiembre 23, 2014 by Gonzalo Contreras

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO

LA ISLA MINIMA 2

A veces, por caprichos del destino, la mala suerte se ceba con algunas películas coincidentes en el tiempo y de temática o propósitos bien parecidos, siendo casi siempre una la vencedora moral de estos infortunios percibidos como ridículas batallas. Ya le pasó hace unos años a Pablo Berger y su Blancanieves, obra destinada a recuperar el cine silente perjudicada por la aparición, un año antes, de la francesa The artist. Incluso, de forma más precisa, todavía algunos malpensados se imaginan en la mente el disgusto de Amenábar al visionar el final de cierto film de M. Night Shyamalan poco antes de estrenar Los otros. En este caso le ha tocado el turno a Alberto Rodríguez y su isla mínima. Su oscura premisa, desarrollo y atmósfera corrompida como parte esencial de la trama nos recuerda a la magnífica y demasiado reciente serie de la HBO True detective. Pero hay queda todo.

LA ISLA MINIMAAlgunos pensarán que ese “todo” es mucho. Tendrán sus razones, pero ninguna de ellas atesora el suficiente peso como para dejar escapar esta monumental obra, un puzzle de piezas perfectamente encajadas con personalidad propia, retrato devastador de las llagas que todavía supuraban en España allá por comienzos de los ochenta. Rodríguez se sirve de una trama policial (magníficamente construida) para bucear en el fango de una sociedad enferma anclada en el pasado, corrupta y analfabeta, oprimida por caciques depravados (al más puro estilo John Huston en Chinatown) y refugio de auténticas hienas humanas. Unas gentes destinadas a vivir y morir de forma anónima, con hijos dispuestos a sacrificar su alma virginal a cambio de salir de esa tierra podrida, muerta, y que no dudan en instaurar una conspiración de silencio ante cualquier amenaza que pueda sacar a flote sus más sombríos secretos. Gutiérrez y Arévalo, sensacionales (el primero, en un sorprendente cambio de registro; el segundo, confirmando ser el mejor actor español de su generación), serán los encargados de desenterrar las miserias que pueblan el lugar. Y cuanto más se adentran en la verdad, mayor es el hedor a putrefacción. Sólo los planos cenitales aéreos, a modo de transiciones, nos hacen ver la complejidad del caso; un terreno laberíntico plagado de trampas, infestado de moscas e invadido por un asfixiante bochorno.

Una película extraordinaria. Rodríguez ha encontrado, en las mismísimas marismas del Guadalquivir, nuestra particular América profunda. La España más negra, sucia e inhóspita, testigo de una época que respira, salvando las distancias, ese aire desolador y malsano característico de obras como La caza o Furtivos. Hasta comparten la cacería como núcleo común: en la de Saura, como divertimento; en la de Borau, como forma de subsistencia; y aquí, como forma de restaurar el orden cívico. Pero todas esconden odio. Y rencor. Producto de unas heridas, todavía hoy, difíciles de cerrar.

CANÍBAL

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , on octubre 12, 2013 by Gonzalo Contreras

CARNE CRUDA

canibal

Tras su paso por el Festival de San Sebastián y precedida de buenas críticas llega a nuestras pantallas el último proyecto cinematográfico del director de la exitosa La flaqueza del bolchevique, Manuel Martín Cuenca.

canibal 2Con ciertos ecos del cine rural característico de Borau y Saura e incluso del carnicero de Chabrol (desde una perspectiva totalmente inversa), se trata de una obra atípica y curiosa, excesivamente pausada, con una tensión seca que no acaba de aflorar y con un uso desproporcionado del fundido a negro.
No obstante, está dirigida con suma elegancia y cuenta con una magnífica fotografía a cargo de Pau Esteve Birba, fascinante principalmente en los extraordinarios y gélidos planos de Sierra Nevada.

De la Torre no defrauda, componiendo un personaje complejo, de naturaleza muerta; un ser permanentemente en las sombras, inteligente, oculto en medio del folklore católico que inunda la comarca.
No obstante, quien se lleva la palma es su desconocida compañera de trabajo, una enorme Olimpia Melinte en un doble papel que le permite alzarse como auténtica promesa del actual cine español. Su caracterización (principalmente como Nina) es espléndida. Rebosa inocencia y sinceridad, impecable contrapunto al oscuro personaje principal.