Archivos para Billy Crudup

ALIEN COVENANT

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 10, 2017 by Gonzalo Contreras

SIN RASTRO DEL OCTAVO PASAJERO

Recuerdo, con especial nitidez, la primera vez que vi Alien, el octavo pasajero. Era una gélida madrugada de Nochevieja y yo, con apenas 8 años (siempre fui muy precoz en los menesteres del terror) me moría de curiosidad por descubrir qué se escondía en una película que había conseguido, para mi asombro, la máxima puntuación en la sección televisiva del periódico dominical, algo impensable en un género vapuleado desde siempre por la crítica especializada. Prometía gritos, noches en vela, incesantes momentos de angustia y congoja. A caballo entre la actualización del cine de monstruos de los años cincuenta y la reformulación de los viejos seriales basados en la temática de caserón con espeluznante inquilino trasladado al espacio exterior, la corpulencia de su puesta en escena, así con la asfixiante verosimilitud de sus imágenes, dejaron clavado en el sofá a aquel niño de mente inquieta pero demasiado inocente como para soportar las carnicerías perpetradas por tan emblemático xenomorfo. Su habilidad para introducirse en nuestros miedos, sugiriendo más que mostrando el germen del horror, crearon en mí un estado de desasosiego desconocido hasta entonces. Y, por supuesto, de abrumadora fascinación.

Revisionada hasta la extenuación (siendo capaz de agilizar algunos de sus diálogos en mi memoria), la cinta, a día de hoy, no ha perdido un ápice de su esencia, de su abrasadora fuerza. Al contrario, la gran cantidad de productos alternativos originados de su éxito (es, junto con Psicosis y El exorcista, el largometraje más mancillado del género), la magnífica dosificación del suspense y la dirección de un Ridley Scott en plena forma, palpable en sus innumerables hallazgos visuales, han otorgado mayor poder si cabe a esta aterradora fábrica de pesadillas nocturnas. Desgraciadamente, ni sus secuelas (a excepción de la primera, la muy divertida Aliens) ni su spin off, la fallida (aunque digna) Prometheus, han estado a la altura de un relato, siendo justos, difícilmente superable.

En principio, ALIEN COVENANT, nuevo capítulo de la saga, nace con el propósito de subsanar los errores acaecidos en pasadas entregas, demandado una vuelta a las raíces y a los terrores que habitaban en los pasillos de la inolvidable nave Nostromo. Al menos, así nos lo habían vendido. No obstante, y contra todo pronóstico, Scott traiciona el espíritu de la original (las monster movies de Serie B ya mencionadas) en favor de la ampulosidad y los derroteros filosóficos y pseudoexistencialistas marcados en la anterior precuela. Un tremendo error que se acentúa por el descontrol de temas y la falta de identidad que el director proyecta sobre la pantalla: por un lado, con sus pícaras referencias a la película madre, sustituyendo su atmósfera gótica y malsana por coletazos del gore más digitalizado y menos impactante; por otro, con la aproximación que efectúa, en forma de falso homenaje, a la aventura de James Cameron, aportando una nueva y decepcionante heroína al aquelarre alienígena. Las dudas sobrepasan a las respuestas, las que menos interesan (al realizador, no a los curiosos espectadores) se olvidan en la sala de montaje (muy propio en el cine de Scott) y, al final, este batiburrillo de géneros, sin un núcleo sólido al que aferrarse, acaba jugando en tierra de nadie. Queda, eso sí, un empaquetado visual deslumbrante, pero completamente hueco. Los gritos en el espacio, nuevamente, tendrán que esperar.

JACKIE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , on febrero 15, 2017 by Gonzalo Contreras

LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE LA PRIMERA DAMA

Jackie

En un momento de la película que nos ocupa, Jackie Kennedy, alias Natalie Portman, rota de dolor por el asesinato de su marido, deambula como ánima en pena por diferentes estancias de la Casa Blanca. Aquellos aposentos que un día acogieron a altos mandatarios y fueron testigos de las más refinadas fiestas de etiqueta presencian la decadencia de la que fuera mujer del mandatario más poderoso de norteamérica. Muerto el rey, solo queda llorar a su amada reina. Aturdida por los efectos del alcohol y alguna pastilla de más y vestida con un impecable vestido de corte recto, la ex primera dama se sienta en la silla del Despacho Oval, trono del emperador caído. Posiblemente, por última vez. Desde la misma posición que tomara su difunto esposo para dirigir el país y con la voz de Richard Burton entonando el acto final del musical Camelot, tributo a los años dorados de la leyenda artúrica, asume, temblorosa y ausente, que el cuento de hadas ha llegado irremediablemente a su fin.

JackiePablo Larraín ejemplifica, en esta magistral secuencia, el espíritu trágico y melancólico de su mejor, más complejo y personal trabajo hasta la fecha. Efectivamente, JACKIE es la historia de un tiempo que pudo ser y no fue. De esperanzas y sueños desvanecidos, de hazañas esplendorosas y retos por cumplir. Y, sobre todo, de una mujer que ha perdido su sitio en el mundo.

Con la misma precisión y respeto que mostrara Stephen Frears en La Reina, y apoyándose en una prodigiosa interpretación de Natalie Portman, el cineasta compone un extraordinario, creíble y delicado retrato de una las figuras más icónicas del siglo XX, desde sus inicios en la Casa Blanca, a través de unas grabaciones en blanco y negro en las que representaba a la impecable anfitriona y los éxitos del american way of life, hasta convertirse, ya a todo color, en la también impecable viuda de América, inmortalizada con su vestido rosa Chanel salpicado de sangre y entregada contra viento y marea a preservar el legado Kennedy. “Jack -diminutivo de John- no era perfecto, pero era perfecto para el país” – Así lo recordaba Jackie, y así quería que lo recordara su pueblo. “Que nadie olvide que una vez hubo un lugar, por un luminoso y breve momento, conocido con el nombre de Camelot”.

SPOTLIGHT

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on enero 26, 2016 by Gonzalo Contreras

PERIODISTAS DE RAZA

spotlight 2

Pocas películas reflejan la tensión y el trabajo incansable que se respira en la redacción de un periódico como Todos los hombres del presidente. Minuciosa radiografía de la investigación que destapó el caso Watergate, su fascinante recreación se apoyaba en un respeto casi escrupuloso a la figura del informador, así como en la verosimilitud que presentaba un brillantísimo guión firmado por el gran William Goldman. La película, lógicamente, creo escuela, tanta que pronto se convirtió en toda una referencia cinéfila para maestros del sector.

spotlightPosiblemente, ninguna cinta posterior ha capturado la pasión, perseverancia y el buen hacer del periodismo como lo ha conseguido la reciente SPOTLIGHT. Centrándose en los escándalos de pederastia cometidos por curas en el estado de Massachusetts y destapados por el Boston Globe, un periódico local inexperto en un caso de semejantes proporciones, el director Thomas McCarthy describe el intenso trabajo perpetrado durante meses por el equipo de investigación del diario, sujeto a las sombras pero poseedor de una inconmensurable vocación. La maestría de este extraordinario film se muestra en el momento en que focaliza la atención en el asunto en cuestión, sin trampas emocionales ni cuestiones sentimentales que entorpezcan la trama, recuperando el bolígrafo y el cuaderno de notas como objetos imprescindibles del periodista de raza.

Sin caer jamás en el morbo ni en gratuitos flashbacks, Spotlight indaga en el proceso y en los obstáculos que encontraron en la ciudadanía como consecuencia de la devoción procesada a través de los testimonios de los implicados. A pesar de no hacernos testigos directos de los hechos, sí consigue contagiarnos el ambiente de putrefacción que invadía el condado por medio de los espeluznantes datos, percibiendo en nuestras carnes el poder de estos malnacidos y su facilidad para aprovecharse de familias desestructuradas, de la ignorancia de las mismas y de unos chavales con un sentimiento de culpa tan grande que garantizaba el silencio más sepulcral. Un robo, como bien dice uno de las víctimas, que iba más allá de lo físico y trascendía lo espiritual. Y si en el largometraje de Alan J. Pakula la Casa Blanca aparecía sutilmente en escena como un ente más, en letargo, siempre vigilante ante los pasos dados por los intrépidos Bob Woodward y Carl Bernstein, aquí es la propia institución eclesiástica la que hace acto de presencia como mano que mece la cuna. Un recurso tan eficaz como asombrosamente inquietante.

Interpretada de forma sobresaliente por todo el reparto, el film se confirma como un revelador testimonio del compromiso y la libertad de prensa, frío sin dejar de ser emocionante, dueño del don que hizo grande a la joya del periodismo por excelencia: transmite, por encima de todo, un amor incondicional hacia la profesión. Y, por supuesto, auténtica veracidad.