Archivo para Caleb Landry Jones

THE FLORIDA PROJECT

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on febrero 5, 2018 by Gonzalo Contreras

LAS CIÉNAGAS DEL REINO ENCANTADO

Ocurre todos los años. En mitad de la vorágine de los festivales de cine, llámense Toronto, Cannes o nuestro celebrado San Sebastián, y como si de un contagio masivo entre los espectadores se tratara, una película, casi siempre de apariencia humilde, se transforma en un fenómeno cinematográfico bendecido únicamente por criticas positivas. Los aplausos se extienden más allá del minuto de rigor; las redes sociales, con Twitter a la cabeza, se llenan de comentarios alabando la magnitud de la propuesta, la innumerable cantidad de valores que inundan cada fotograma, su patente y fulminante originalidad. Lo nunca visto y oído en una sala de proyección. Y aunque conoces los entresijos de estos eventos, en donde el cansancio y la necesidad de descubrir una obra magna se embarullan con unas emociones mal canalizadas, uno no puede evitar empaparse del entusiasmo generalizado por tanta cinefilia concentrada. Los prejuicios desaparecen, la apetencia de conocer el objeto de deseo entra en juego. Desgraciadamente, ya conocen el dicho: la curiosidad mató al gato.

Esta temporada, el origen de tanta efusividad se titula THE FLORIDA PROJECT. Enésima revisión de los resquicios de la América profunda vista a través de los ojos de los más indefensos, la película transcurre en un pequeño motel de carretera cercano al emblemático parque de Disneyworld. A escasos metros del país de los sueños, los reinos encantados, las hadas y los fuegos artificiales, de la cuna del capitalismo y el consumismo más atroz, familias sin recursos económicos, la mayoría desestructuradas y con hijos pequeños ajenos a su desoladora situación, malviven en un entorno dominado por las drogas, los malos hábitos y la marginación social. Riqueza y pobreza conviviendo puerta con puerta.

El problema de esta sobrevaloradísima cinta, de evidentes y plausibles connotaciones reivindicativas, se halla en la repetición sintomática de su estructura narrativa. Durante la primera hora y cuarto de metraje, fragmentada a modo de secuencias episódicas, compartimos las vivencias de los críos protagonistas (espejo de la actitud chulesca y camorrista de sus progenitoras) sin que en ningún momento brote un conflicto de mayor trascendencia y envergadura. Para colmo, su director, el no menos sobreestimado Sean Baker, busca constantemente la empatía del espectador desgranando las gamberradas ejecutadas por los chavales (algunas deleznables) desde una perspectiva cómplice y festiva. En otras palabras, lo que para algunos puede resultar adorable en pantalla grande, para otros, entre los que se encuentra un servidor, supone una experiencia difícilmente soportable.

Solo William Dafoe, guardián del reino de fantasía idealizado por los niños y testigo, en primera persona, del patetismo y la miseria que rodea a sus inquilinos, y algunos capítulos del relato (el incidente con el pedófilo, repugnante por lo que da a suponer más que por lo que muestra), versos sueltos en un todo inconsistente, consiguen visibilizar el buen material de partida que yacía sobre papel. Y es que, a pesar de sus propósitos, The Florida Project apenas se aleja de los típicos productos facturados para triunfar en certámenes como Sundance y revestidos con los últimos dobladillos del cine independiente norteamericano que tanta aceptación tienen en el momento de su gestación y cuyo halo divino se diluye como un azucarillo meses después de su estreno. ¿Se acuerdan de un film titulado Moonlight? Pues eso. La supuesta belleza de lo efímero.

Anuncios

TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on enero 9, 2018 by Gonzalo Contreras

SIN PERDÓN

Con tan solo dos películas en su haber, las muy aceptables Escondidos en Brujas y Siete psicópatas, el director Martin McDonagh ha dejado patente que la previsibilidad y los estereotipos son unas características inviables en las historias que plasma en pantalla. Dotado de un talento innato para atraer la atención del espectador a través de relatos que van in crescendo a medida que los minutos avanzan en el reloj, su habilidad de mezclar géneros y aunar en un mismo largometraje humor negro, ramilletes del suspense más visceral (y, si se quiere, crepuscular) y la violencia más explícita y juguetona, propia de la herencia otorgada por Tarantino, quedaba expuesta en unos libretos cargados de una originalidad que, si bien no alcanzaban cotas de grandeza, sí atestiguaban que, en no mucho tiempo, engendraría una obra capaz de reflejar, en todo su esplendor, su probado dominio del lenguaje audiovisual.

Y aquí la tenemos. Efectivamente, podríamos pasar a desglosar la cantidad de aciertos, intrínsecos y externos, que posee su nuevo trabajo, la sensacional TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS, pero hay uno que sobrepasa todos los esquemas estipulados: un guion que roza la perfección narrativa. Empapándose de los grandes clásicos del western, del estilo bravío de Ford, de la majestuosidad de las líneas expositivas de Hawks, McDonagh nos sitúa en uno de esos pueblos estadounidenses aislados del mundo moderno en donde nunca pasa nada y, cuando pasa, nadie sabe cómo resolver el problema. En semejante lugar, dominado por el racismo encubierto de los conciudadanos y la propia ley, una mujer cuya hija ha sido salvajemente asesinada clamará justicia y venganza ante el sheriff del condado, un hombre de buen corazón pero de estrategias metodológicas bastante cuestionables, sacando a relucir la putrefacción y las viejas rencillas que habitan en el sistema local.

Tanto Frances McDormand, espléndida como madre devastada por la tragedia, sola ante el peligro en un territorio controlado por la rudeza de los hombres, como Sam Rockwell, despreciable compañero de fatigas del jefe de policía con opciones de redención, aprovechan al máximo este fascinante viaje por los recovecos y el analfabetismo latente de la América profunda, deudor de la vena cínica, macabra y desternillante del mejor cine de los hermanos Coen y marcado por unas secuencias y diálogos (el monólogo de McDormand ante el párroco del pueblo, la escena en la comisaría en la que destapa su coraza y estalla la humanidad que todavía habita en ella) que serán estudiados, en pocos años, en las mejores escuelas cinematográficas.

DÉJAME SALIR (Get Out)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on mayo 17, 2017 by Gonzalo Contreras

ADIVINA QUIÉN VIENE ESTE FIN DE SEMANA

Pocos autores literarios han captado, con tanta maestría, la maldad y el doble rasero del ser humano como el norteamericano Ira Levin. Sus ambientes idílicos descritos, rebosantes de flores en agua, vecinos edulcorados y barrios color pastel, eran, en realidad, la tapadera perfecta en la que se ocultaban auténticos monstruos de fachada cándida e inteligencia diabólica. Visionario y crítico con los nuevos estilos de vida burgueses, ofrecía un tipo de suspense, adecuado en la cotidianidad, tremendamente innovador en la América de finales de los sesenta, corrompiendo (para disgusto de los sectores más retrógrados) el reverenciado sueño americano e instaurando, de rebote y por medio de Roman Polanski (suya es la novela que daría germen a la obra magna del director, La semilla del diablo), los cauces que empezaban a descubrirse en la cinematografía de terror de la época.

Variante de uno de sus libros más representativos, The Stepford wives, la sugerente DÉJAME SALIR se deja empapar, en sus mejores momentos, de la esencia paranoica y de apariencias visualizada por el genial escritor, jugando sus bazas en dos temáticas muy concretas: el horror y la comedia. En una de ellas obtiene resultados óptimos; en la otra, bastante discutibles.

Como relato de género, la película, reverso tenebroso de Adivina quien viene esta noche, la magistral obra que protagonizaran unos otoñales Spencer Tracy y Katherine Hepburn (y cuyas intenciones eran, divertidamente, opuestas a las aquí narradas), destaca por la ejecución de las escenas de tensión, en verdad brillantes, y su capacidad de crear desasosiego haciendo uso de los mínimos elementos. Es inquietante, angustiosa y realmente perversa si se lo propone, detalles que se agudizan gracias a la lúcida descripción que realiza de la sociedad norteamericana post-Obama y su hipocresía en cuestiones de índole racial (sin duda, lo mejor del film). En cambio, cuando juega en el terreno de la sátira y olvida (intencionadamente o no) los patrones marcados por autores como Levin, la firmeza de la propuesta desaparece en favor una comicidad incompatible con los escalofríos dibujados hasta entonces. Un humor estereotipado, en ocasiones zafio, propio de la black comedy estadounidense. Lo que para muchos será el contrapunto ideal para una historia que, ya en su clímax final, se torna delirante y exagerada (su otro talón de Aquiles), para otros, entre los que se encuentra el que esto suscribe, se convierte en un lastre que impide al largometraje apuntar hacía cotas más elevadas. Y, desde luego, revolucionarias.