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DÉJAME SALIR (Get Out)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on mayo 17, 2017 by Gonzalo Contreras

ADIVINA QUIÉN VIENE ESTE FIN DE SEMANA

Pocos autores literarios han captado, con tanta maestría, la maldad y el doble rasero del ser humano como el norteamericano Ira Levin. Sus ambientes idílicos descritos, rebosantes de flores en agua, vecinos edulcorados y barrios color pastel, eran, en realidad, la tapadera perfecta en la que se ocultaban auténticos monstruos de fachada cándida e inteligencia diabólica. Visionario y crítico con los nuevos estilos de vida burgueses, ofrecía un tipo de suspense, adecuado en la cotidianidad, tremendamente innovador en la América de finales de los sesenta, corrompiendo (para disgusto de los sectores más retrógrados) el reverenciado sueño americano e instaurando, de rebote y por medio de Roman Polanski (suya es la novela que daría germen a la obra magna del director, La semilla del diablo), los cauces que empezaban a descubrirse en la cinematografía de terror de la época.

Variante de uno de sus libros más representativos, The Stepford wives, la sugerente DÉJAME SALIR se deja empapar, en sus mejores momentos, de la esencia paranoica y de apariencias visualizada por el genial escritor, jugando sus bazas en dos temáticas muy concretas: el horror y la comedia. En una de ellas obtiene resultados óptimos; en la otra, bastante discutibles.

Como relato de género, la película, reverso tenebroso de Adivina quien viene esta noche, la magistral obra que protagonizaran unos otoñales Spencer Tracy y Katherine Hepburn (y cuyas intenciones eran, divertidamente, opuestas a las aquí narradas), destaca por la ejecución de las escenas de tensión, en verdad brillantes, y su capacidad de crear desasosiego haciendo uso de los mínimos elementos. Es inquietante, angustiosa y realmente perversa si se lo propone, detalles que se agudizan gracias a la lúcida descripción que realiza de la sociedad norteamericana post-Obama y su hipocresía en cuestiones de índole racial (sin duda, lo mejor del film). En cambio, cuando juega en el terreno de la sátira y olvida (intencionadamente o no) los patrones marcados por autores como Levin, la firmeza de la propuesta desaparece en favor una comicidad incompatible con los escalofríos dibujados hasta entonces. Un humor estereotipado, en ocasiones zafio, propio de la black comedy estadounidense. Lo que para muchos será el contrapunto ideal para una historia que, ya en su clímax final, se torna delirante y exagerada (su otro talón de Aquiles), para otros, entre los que se encuentra el que esto suscribe, se convierte en un lastre que impide al largometraje apuntar hacía cotas más elevadas. Y, desde luego, revolucionarias.