Archivo para David O.Russell

JOY

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on enero 10, 2016 by Gonzalo Contreras

LA CHICA DE LA TELE

JOY

Amado y odiado a partes iguales, últimamente más lo segundo que lo primero, el cine de David O. Russell es pura contradicción en sí mismo. Para los que no divisamos (por mucho esfuerzo que pongamos) sus aciertos, nos cuesta entender su presencia, ya inamovible, en las ceremonias de premios más representativos del marco cinematográfico, así como la expectación que suscita en algunos de los círculos de críticos americanos más selectos, convencidos del poderío visual, estético y argumental (recordemos que es el guionista de sus films, aspecto también reconocido en las mencionadas galas) del director neoyorkino.

JOY 2JOY comparte muchos de los rasgos definitorios de su cine que tanta veneración producen. Es decir, los mismos que a mí me dejan perplejo: estética indie abrazada a la comercialidad más desvergonzada; secundarios definidos únicamente por algún histérico y estrafalario matiz; una ruptura constante del tono y la forma (pasamos, como quien no quiere la cosa, del drama más lacrimógeno a la screwball más pizpireta) y un marcado carácter televisivo, reforzado por el mundo folletinesco que arrastra el personaje de una irreconocible Virginia Madsen, álter ego de las musas orondas que invadían las producciones de John Waters. No obstante, y a pesar de sus deficiencias como realizador, el ojo clínico que posee O. Russell es incuestionable: ya sea por su disfraz de feel-good movie, por la sólida actuación de Jennifer Lawrence, musa del cineasta, o por tener una sencillez y una pretensiones más desenfadadas de las que soportaban otras de sus cintas, tales como The fighter o (en todos los sentidos) La gran estafa, esta historia sobre el sueño americano con ínfulas de cuento de hadas tiene cualidades suficientes como para dejar un buen sabor de boca en el público mayoritario. Y eso, a veces, es más que suficiente.

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LA GRAN ESTAFA AMERICANA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , on febrero 2, 2014 by Gonzalo Contreras

SÍ, LA GRAN ESTAFA

Estafa

Mucho se está hablando de la última propuesta de David O. Russell, realizador de la exitosa El lado bueno de las cosas y nuevo diamante en bruto de Hollywood. Ser la clara vencedora en los Globos de Oro y una de las firmes candidatas al Oscar (incluyendo pleno de nominaciones para el reparto) avalan la historia de Irving Rosenfeld y Sidney Prosser (Christian Bale y Amy Adams), dos peculiares estafadores cazados que se verán obligados a colaborar con el agente del FBI Richi Dimaso (Bradley Cooper).

estafa 2Por desgracia, pura fachada comercial. Parafraseando el título español es muy posible que estemos ante la gran decepción americana del año, pretenciosa cinta falsamente original, de lujoso envoltorio forrado con lupa para arrasar en la prestigiosa ceremonia cinematográfica.

El director trata desesperadamente de estampar la esencia de Scorsese e incluso del mejor Thomas Anderson dejándose por el camino la maestría implícita en sus obras. Del primero, rescata la narración y enfoque. Del segundo, el retrato de la época dorada del pop americano, de los saraos nocturnos, peinados imposibles y camisas abiertas de pelo en pecho.

Testafa 3odo presentado de manera estrafalaria, impersonal, en donde nada resulta creíble, consiguiendo un desconcertante efecto; reírnos en los momentos más dramáticos y originar silencios en los presuntamente cómicos. Ni los actores (baza indispensable en el cine de Russell), sobreactuados y caricaturescos, ayudan a levantar una cinta convencida hasta extremos irritantes de ser el último gran clásico estadounidense.

En un año de esclavitud, viajes a Nebraska, Wall Street e incluso al mismísimo espacio resulta inimaginable que esta película dé la campanada en los comentados premios. Opciones, desde luego, tiene, y más constatando que la temática de este año huele a corrupción.
Pero no se engañen. La estafa, la GRAN estafa del año no llega a galope de chillidos y excentricidades setenteras. Viene en forma de inconfundibles aullidos.