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LA FAVORITA (The favourite)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on enero 16, 2019 by Gonzalo Contreras

LA NIÑA DE SUS OJOS

Desde su celebradísima Canino, su particular puesta de largo en los círculos cinematográficos más selectos y para muchos el mejor de sus filmes, el realizador Yorgos Lanthimos ha sabido tejer, con tan solo cuatro películas posteriores, un universo propio marcado por la repulsión que genera, en el mejor sentido de la palabra, sus atrevidísimos y siempre turbadores argumentos de base. El desasosiego, el sexo violento y enfermizo, el delirio tácito de sus personajes, la negrura progresivamente cómica y absurda de sus acciones o el descenso a los infiernos como respuesta última a preguntas planteadas a lo largo del metraje suelen ser objeto de estudio en todos sus trabajos, marca de identidad de un autor fácilmente reconocible, perverso en las formas y sí, fascinante siempre en la impresionante coreografía escénica, rica en detalles y juegos de luz kubrickianos, que habita en cada de sus tomas.

Posiblemente LA FAVORITA sea, por razones evidentes, la película más comercial del cineasta griego hasta la fecha. O dicho de otro modo, la más abierta y accesible a todo tipo de espectadores, ya sea el formado por sus más fervientes enemigos o por aquellos que, inocentemente, desconocen la maliciosa prosa (o poesía, según se mire) reinante en sus escritos. ¿Eso se traduce en una traición a sus, reconozcámoslo, sadomasoquistas incondicionales? Ni mucho menos. Más bien, supone toda una celebración, plástica y narrativa, de las obsesiones que dominan la transgresora imaginería del director.

Y es que este drama de época, retrato del triángulo pseudoamoroso entre la reina Anne de Inglaterra (una inconmensurable Olivia Colman), monarca desdichada, debilitada por su carácter consentido y sus continuos ataques de gota, y sus dos ambiciosas consejeras reales, interpretadas con brío por Emma Stone y Rachel Weisz, eleva su sello distintivo a un nuevo nivel cinematográfico.

Hay más medios y presupuesto, mayor vanidad en sus pretensiones y, tal vez, cierta pérdida del factor sorpresa presente en sus orígenes. Pero, a cambio, renace un entendimiento más cristalino del universo perverso, surrealista y retorcido del realizador gracias, principalmente, a su portentoso acabado estético, utilizando un juego óptico de grandes angulares y ojo de pez acorde con la decadencia de sus protagonistas, y a la eclosión de unas influencias cinematográficas que acentúan de forma radiante su clasicismo menos declarado: estructuralmente, guiñando el ojo a Eva al desnudo; visualmente, a Kubrick y su Barry Lyndon; artística y argumentalmente (en cuanto a intrigas palaciegas se refiere), a la no menos espléndida Las amistades peligrosas.

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