Archivo para Demian Bichir

LA MONJA (The nun)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on septiembre 6, 2018 by Gonzalo Contreras

TERROR EN LA ABADÍA

El primer tercio de LA MONJA, spin off de la franquicia Warren sobre los orígenes de Valak, el ya icónico demonio protagonista de la magistral El caso Enfield, supone en en sí mismo toda una declaración de intenciones de lo que veremos en los próximos minutos de metraje: como si se tratara del mismísimo comienzo de la sensacional Drácula de Bram Stoker, los tres protagonistas (una novicia a punto de tomar sus votos, un sacerdote experto en temas sobrenaturales y un campesino residente en la región) se adentran en la profundidad de los bosques de Rumanía en busca de una abadía que, según cuentan las leyendas locales, está habitada por entes malignos. A través de planos cenitales, encuadres desgastados y tomas que harían las delicias de Terence Fisher, contemplamos la inmensidad del terreno desde una óptica claramente gótica, prestando especial atención a la estructura enrevesada y laberíntica del viejo caserón (más próximo al castillo clásico de cuento de fantasmas que a un monasterio de clausura) y su correspondiente camposanto y a la atmósfera decrépita, sombría e irreal que rodea a la morada. Más que preocuparse por una trama, aceptémoslo sin aspavientos, facturada desde la simpleza más absoluta, el director Corin Hardy antepone la escenografía plástica a cualquier otro apartado del film rindiendo un continuo y respetuoso tributo a la estética y ornamentación característica de la productora Hammer Films, reina indiscutible del género durante la mitad del siglo XX.

Y lo solventa con energía y, sobre todo, efectividad. Obviando las, por otra parte, desternillantes idas de olla de la historia (la sangre de Cristo como repelente antidemoníaco, el personaje francés convertido en el Brendan Fraser de La momia), los maniqueísmos propios de la temática y los consabidos golpes de efecto impuestos para contar con la aprobación de las nuevas legiones de seguidores del horror cinematográfico, Hardy apuesta por explorar terrenos desconocidos en la simbología del universo Warren, aportando, además de las connotaciones de la Vieja Escuela, referencias cinéfilas de carácter mefistofélico (las imágenes cristianas con la cabeza cercenada, propias de la fascinante e incomprendida El exorcista III) y virtual (las figuras estáticas de las religiosas al más puro estilo Silent Hill) y alguna que otra estampa de gran potencial (el prólogo o las apariciones del personaje de la abadesa, más aterradoras, por sutileza y misterio, que el reclamo principal de la cinta).

La película, bastante superior a su hermanastra Annabelle, resulta digna y se deja ver sin dificultad, seguramente porque el cineasta James Wan, buque insignia de esta corriente, ha supervisado la realización dirigiendo, incluso, algunas de sus secuencias más aterradoras. ¿Que no deja de ser una vil explotación de la millonaria saga? Desde luego, pero al menos proporciona, de manera efervescente y muy alocada, una hora y cuarenta minutos de escalofríos, entretenimiento y diversión.

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ALIEN COVENANT

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 10, 2017 by Gonzalo Contreras

SIN RASTRO DEL OCTAVO PASAJERO

Recuerdo, con especial nitidez, la primera vez que vi Alien, el octavo pasajero. Era una gélida madrugada de Nochevieja y yo, con apenas 8 años (siempre fui muy precoz en los menesteres del terror) me moría de curiosidad por descubrir qué se escondía en una película que había conseguido, para mi asombro, la máxima puntuación en la sección televisiva del periódico dominical, algo impensable en un género vapuleado desde siempre por la crítica especializada. Prometía gritos, noches en vela, incesantes momentos de angustia y congoja. A caballo entre la actualización del cine de monstruos de los años cincuenta y la reformulación de los viejos seriales basados en la temática de caserón con espeluznante inquilino trasladado al espacio exterior, la corpulencia de su puesta en escena, así con la asfixiante verosimilitud de sus imágenes, dejaron clavado en el sofá a aquel niño de mente inquieta pero demasiado inocente como para soportar las carnicerías perpetradas por tan emblemático xenomorfo. Su habilidad para introducirse en nuestros miedos, sugiriendo más que mostrando el germen del horror, crearon en mí un estado de desasosiego desconocido hasta entonces. Y, por supuesto, de abrumadora fascinación.

Revisionada hasta la extenuación (siendo capaz de agilizar algunos de sus diálogos en mi memoria), la cinta, a día de hoy, no ha perdido un ápice de su esencia, de su abrasadora fuerza. Al contrario, la gran cantidad de productos alternativos originados de su éxito (es, junto con Psicosis y El exorcista, el largometraje más mancillado del género), la magnífica dosificación del suspense y la dirección de un Ridley Scott en plena forma, palpable en sus innumerables hallazgos visuales, han otorgado mayor poder si cabe a esta aterradora fábrica de pesadillas nocturnas. Desgraciadamente, ni sus secuelas (a excepción de la primera, la muy divertida Aliens) ni su spin off, la fallida (aunque digna) Prometheus, han estado a la altura de un relato, siendo justos, difícilmente superable.

En principio, ALIEN COVENANT, nuevo capítulo de la saga, nace con el propósito de subsanar los errores acaecidos en pasadas entregas, demandado una vuelta a las raíces y a los terrores que habitaban en los pasillos de la inolvidable nave Nostromo. Al menos, así nos lo habían vendido. No obstante, y contra todo pronóstico, Scott traiciona el espíritu de la original (las monster movies de Serie B ya mencionadas) en favor de la ampulosidad y los derroteros filosóficos y pseudoexistencialistas marcados en la anterior precuela. Un tremendo error que se acentúa por el descontrol de temas y la falta de identidad que el director proyecta sobre la pantalla: por un lado, con sus pícaras referencias a la película madre, sustituyendo su atmósfera gótica y malsana por coletazos del gore más digitalizado y menos impactante; por otro, con la aproximación que efectúa, en forma de falso homenaje, a la aventura de James Cameron, aportando una nueva y decepcionante heroína al aquelarre alienígena. Las dudas sobrepasan a las respuestas, las que menos interesan (al realizador, no a los curiosos espectadores) se olvidan en la sala de montaje (muy propio en el cine de Scott) y, al final, este batiburrillo de géneros, sin un núcleo sólido al que aferrarse, acaba jugando en tierra de nadie. Queda, eso sí, un empaquetado visual deslumbrante, pero completamente hueco. Los gritos en el espacio, nuevamente, tendrán que esperar.

LOS ODIOSOS OCHO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on enero 14, 2016 by Gonzalo Contreras

EL JUEGO DE LA SOSPECHA

OCHO ODIOSOS

Me encantaría saber qué derroteros hubiera adoptado el cine de Quentin Tarantino de haber triunfado su obra menos celebrada, tarantiana y, paradójicamente, madura y atrevida: la estupenda Jackie Brown. Lo que podría haber sido un punto de inflexión en su carrera, así como una reformulación de los intereses y pilares de su cine, acabó en agua de borrajas como consecuencia del desconcierto que produjo en un público que no estaba preparado para un cambio tan drástico en su filmografía. Suposiciones aparte, el fracaso coincidió con una vuelta a la desmesura, a la grandilocuencia y, con ello, y como suele ocurrir, a una definición como cineasta que trajo consigo una división extrema de opiniones entre los que le consideran todo un mesías cinematográfico (incluso antes de catar una nueva obra) y aquellos que sólo ven arrogancia y necedades. Algo parecido a lo que pasa, en los tiempos que corren, con realizadores del tipo Christopher Nolan: o los amas hasta el orgasmo o los detestas sin reservas.

Ocho odiososNi una cosa ni la otra. Porque, aunque no sea la tónica habitual, también existen aquellos que vemos en su cine momentos de gran genialidad pero también equívocos propios de un megalómano, como ocurre en LOS ODIOSOS OCHO. Su último trabajo, qué duda cabe, es un producto digno, sobre todo cuando juega al gato y al ratón, en una segunda parte que (por planificación escénica) bien podría encontrarse entre lo mejor que ha rodado en su vida, pero también contiene algunos de sus defectos más notorios: una verborrea incansable, tomando como excusa el choque de bandos durante la Guerra de Secesión; una duración totalmente desmesurada en relación a la historia contada, y unos personajes con una esencia tan tarantiana que podrían intercambiarse perfectamente con otros de sus últimas cintas sin que ésta cambiara ni un ápice. Sí, aunque duela reconocerlo, el señor Tarantino también repite (y mucho) la fórmula millonaria. Aún así, el modelo que toma de referencia es tan bueno (Agatha Christie es mucha Agatha Christie) y el marco histórico/escénico tan provechoso que sería injusto despreciar los momentos de lucidez presentes. Escuchar el escalofriante monólogo de Samuel L. Jackson (haciendo de Samuel L. Jackson) mientras un famoso y melancólico villancico inunda el caserón es una buena muestra de la brillantez que puede llegar a alcanzar el director estadounidense.

Lo que está claro es que, al final, Los odiosos ocho es Tarantino al cuadrado. Y como tal, los fans aplaudirán todo detalle, toda salpicadura sanguinolenta; los menos entusiastas, que no detractores, veremos una estimulante e irregular cinta dirigida por un auténtico enamorado del cine.

DOM HEMINGWAY

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , on mayo 23, 2014 by Gonzalo Contreras

MACACOS

dom

Dom Hemingway es Jude Law. O mejor dicho, Jude Law es Don Hemingway. Porque si hay algo que destaca en el irreverente y malsonante film de Richard Shepard (director del emotivo documental Descubriendo a John Cazale) es la interpretación, absolutamente histriónica, del actor británico.

El intérprete de Cold Mountain, con varios kilos de más por exigencias de guión, se mueve como pez en el agua bajo la piel de este desaliñado a la par que “elegante” ladrón de punta en blanco. Tras pasar doce años entre rejas, vuelve a las calles de Londres dispuesto a cobrar el dinero que sus superiores le deben por mantener la boca cerrada. Una serie de infortunios (a cada cual más surrealista) hará que retome una vida de éxtasis y desenfreno, poniendo en peligro la relación que tiene con su hija, ya de por si deteriorada.

domTodo el metraje, de escasos (y agradecidos) noventa minutos, gira en torno al personaje principal, bordado a la medida exacta del actor. Descarado, cínico, provocador. Lo que se dice un vividor nato, amante de las mujeres, el alcohol y las juergas intempestivas. Tan burdo como carismático, un antihéroe de inconfundible atractivo de cara a la cámara.

La película destaca en los momentos de mayor blasfemia e incluso en otros más sugerentes, como la reunión de “macacos” con sus rostros expuestos en las paredes. Lástima que la mezcla de géneros y de historias no acabe de compenetrarse en su justa medida, difuminándose la gracia prometida en los primeros minutos. Un elemento visible en el último tramo, bastante inofensivo y con un desenlace acomodado a la comedia inglesa más comercial y aséptica.