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DISOBEDIENCE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on mayo 23, 2018 by Gonzalo Contreras

ÁNGELES Y DEMONIOS

El prólogo de DISOBEDIENCE, última parte de esa especie de trilogía dedicada a la mujer perpetrada por el director Sebastian Lelio (tras la estupenda Gloria y la menos conseguida, aunque loable, Una mujer fantástica), nos da ciertas pistas de las intenciones de esta sugerente y espléndida película, aunque tal vez la magnitud de tan excitante premisa no se vislumbre hasta bien acabada la historia: un viejo rabino, de esos que aparentan tanta sabiduría como aptitudes anacrónicas, divinidad para su rebaño de fieles, recita un sermón de la vieja escuela en donde se dan cita ángeles, bestias y seres humanos como creación última del Dios Supremo. Cada uno con unas características bien definidas, cada uno con una función que desempeñar a lo largo de los siglos. Tras la oratoria, el maestro cae fulminado ante la estupefacción de los presentes. Un infarto. Lo que viene a partir de ese momento es una alteración del orden establecido por la comunidad, de sus leyes y sus códigos preservados desde tiempos inmemorables y fundamentados en la culpa y el remordimiento, de los compromisos entonados por el maestro a sus queridos súbditos. Larga vida al rey.

Como en la descripción del discurso de presentación, y con ciertas similitudes compartidas a gusto de la imaginación del espectador, tres son los personajes que conforman esta sentida historia de amor: por un lado, el matrimonio formado por Dovid, sucesor del anciano y fiel servidor de la Palabra, amamantado bajo la caducidad de los dictámenes ortodoxos, y Esti, una mujer atrapada en el fanatismo religioso que sobrevuela su existencia desde niña; por el otro, y como manzana de la discordia, aparece en escena Ronit, hija del fallecido rabí, una mujer de ideas liberales contraria a la enseñanzas de su padre y antigua amiga (con derecho a roce) de Esti. Tradición, obediencia y tentación codo con codo.

Lo curioso del caso es que, lejos de escoger una estética transgresora acorde con las notas de su propuesta y un tono marcado por la estridencia y los desvaríos trágicos de última hora, Lelio opta por imprimir una narrativa abiertamente clásica dominada por la sutileza visual. Menos académica que la vista en la extraordinaria Carol, pero lo suficientemente equilibrada como para hacer las delicias del cinéfilo más exigente. Incluso, este valiente relato sobre la libertad de elección, lúcido en sus diálogos de calado feminista (“las mujeres cambian de nombre. Adoptan el de su marido y olvidan su historia”), plausible en el espectacular trabajo de sus protagonistas (Weisz, una vez más, supone todo un ejemplo de dramatismo y contención) y en sus temeridades simbólicas (los juegos de pelucas que ocultan la identidad sexual no declarada), se atreve a mirar de reojo al suspense setentero y desdoblado del mejor Brian De Palma. Y con resultados óptimos.

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