Archivo para Edward Norton

LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on octubre 6, 2016 by Gonzalo Contreras

FESTÍN CÁRNICOFiesta salchichas

Símbolo de la irreverencia fílmica y el humor más sarcástico e inteligente, La vida de Brian culminaba con una antológica secuencia musical en la que Eric Idle invitaba al protagonista, y por ende al gran público, a mirar siempre el lado brillante de la existencia: “Si te parece que la vida apesta, hay algo que se te olvidó: reír, sonreír, bailar y cantar. Cuando te sientas deprimido, sólo presiona los labios y silba. Ese es el truco”. Con el mismo tono blasfemo y malhablado, crítico con el fanatismo religioso y la existencia de falsos dioses, y pese a las evidentes diferencias que las separa, LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS lleva al límite el mandamiento último de la genial parodia de los Monty Python: la vida pasa en un suspiro, así que diviértete, goza, prueba; disfruta del hoy y olvídate del mañana.

SalchichasDe los artífices de Juerga hasta el fin, aquel despiadado monumento a mayor gloria de la egolatría de sus estrellas protagonistas, la cinta, tan irregular como efectiva, patina cuando el abuso de frases malsonantes (al mas puro estilo South Park) y el citado narcisismo de Seth Rogen y compañía, aquí también presente (los últimos cinco minutos son para desecharlos), invaden la gran pantalla. No obstante, también regala momentos geniales. Y cuanto más malévolos y salvajes, más desternillantes. La llegada de los alimentos al supuesto Paraíso (destripado por obra y gracia del spoileriano trailer) y algunos cameos de ilustres personalidades, astrofísico de renombre incluido, proporcionan algunas de las carcajadas más sabrosas de la temporada. Pero para diversión, la cara de pez que se les quedará a los padres despistados que lleven felizmente a sus hijos a ver semejante animalada (no lo duden, ocurrirá).

Anuncios

BIRDMAN o (la inesperada virtud de la ignorancia)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on enero 11, 2015 by Gonzalo Contreras

EL ALMA DE LA PERFECCIÓN

birdman

“Teatro, la vida es puro teatro”. Así lo muestra Alejandro González Iñárritu en su última película, la mejor de todas cuantas ha filmado y, desde ya, clásico instantáneo y pieza cinematográfica fundamental del nuevo milenio. En un sorprendente cambio de registro, necesario ante una filmografía cargada de un tremendismo en ocasiones sobrevalorado y casi siempre insoportable, el director mexicano firma en letras mayúsculas una especie de oda a la interpretación escénica, catártica en el sentido más amplio del término y, a su vez, una de las estampas más diabólicamente afiladas (y divertidas) de los entresijos que se esconden detrás del telón.

birdman 2Para que nos entendamos: BIRDMAN podría definirse como la versión dramática de ¡Qué ruina de función! del genial Bogdanovich sin por ello dejar de ser, agárrense, la variante cómica del Cisne Negro de Aronofsky. Pura contradicción, puro (recordemos) teatro. Y al igual que en esta última, dentro de la enorme amalgama de subtramas que se esconden en ella una parece brillar con más intensidad que el resto: la búsqueda de la perfección interpretativa, con las secuelas que supone alcanzar dicho anhelo. Lo vemos reflejado en cada uno de sus personajes: en Edward Norton, un hombre que ha convertido su propia existencia en un monólogo continuo y que se siente indefenso lejos del ruido del palco; en Naomi Watts, actriz venida a menos, con mucho físico y poco talento, dispuesta a triunfar a toda costa en el Circuito de Broadway; y, sobre todo, en el incomensurable Michael Keaton (en una de las mejores interpretaciones masculinas vistas en los últimos años), actor de serie B anclado en un superhéroe de antaño, admirado por el público pero vapuleado por la crítica y deseoso de conseguir un prestigio que tarda demasiado en llegar. Y no, no estamos hablando del propio Keaton. ¿O tal vez sí?

Más allá de su virtuosismo técnico, de la experiencia que supone su amañado (y fascinante) plano secuencia, de su comentada e inabarcable temática y, por ende, sus desmesuradas intenciones, el film de Iñárritu vuela hasta cimas pocas veces exploradas, una obra maestra alucinógena dispuesta a romper con las reglas narrativas estipuladas y de llevar hasta consecuencias casi oníricas el esplendor que impregna toda la función. Lo dicho, puro teatro.

EL GRAN HOTEL BUDAPEST

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on marzo 20, 2014 by Gonzalo Contreras

GRAND HOTEL

BUDAPEST 3

En un momento concreto de la maravillosa e incomprendida Días de Radio de Woody Allen, varios de los personajes claves del film subían a la azotea de un antiguo edificio para festejar el año nuevo. Almas en el olvido, algunas desprestigiadas, otras corrompidas, se reunían como espectros en la noche rememorando sus vidas pasadas, marcadas por los días de vino y rosas.

BUDAPEST 2Con muy diferente estilo y forma, pero con una misma intención claramente evocadora, Wes Anderson recrea en esta particular e imaginativa cinta una nostálgica estampa de un tiempo perdido en el propio tiempo, formado por singulares personajes partícipes de una última y memorable aventura antes de que los totalitarismos destruyan su idílico mundo, construido a golpe de saber estar, gusto y distinción. Todo bajo la personalísima batuta del director, cuyo estilo se perfila y consolida en esta obra, de impresionante factura técnica. Probablemente, la más abierta y directa al público mayoritario.

BUDAPEST 5Admiradores y detractores aparte, no cabe duda de que Anderson es un verdadero creador. Ha sabido desarrollar un universo propio, inconfundible, en donde melancolía y comedia se estrechan fuertemente la mano. Todas sus constantes se dan cita en el enigmático Budapest: relatos episódicos entrelazados, perfectos encuadres, ritmo endiablado, zooms y frenéticos travellings. No obstante, ninguno de estos elementos destacaría si no fuera por la capacidad de fabulación del cineasta estadounidense. Inculca, como no lo había conseguido hasta ahora, un certero equilibrio entre lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. Rescata hábilmente la esencia del cartoon y del cine clásico mudo, principalmente cuando los equívocos hacen acto de presencia, y dota de especial carisma a la hilera de inquilinos que habitan el hotel, empezando por un Ralph Fiennes en estado de gracia, brillante como conserje de profesión y amante en horas festivas.
De esta forma, consigue su obra más firme y rompedora.  El Gran Hotel se define como una alegoría de la Belle Époque y los fantasmas que la poblaban, un pequeño refugio que se resiste a desaparecer ante la decadencia visible de los nuevos tiempos.